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30 años de basura a cielo abierto a 30 kilómetros de Madrid

El vertedero de Alcalá de Henares está a punto de colmatarse después de más de tres décadas recibiendo residuos urbanos sin tratar que se han ido cubriendo de tierras

Una excavadora trabaja sobre la basura del vertedero.

Para una nariz no entrenada, simplemente apesta. Sin embargo, hoy huele a basura fresca en el vertedero de Alcalá de Henares, lo cual es bastante distinto del aroma que desprenden los desechos pasados unos días, explican los técnicos de la planta. Aquí, los camiones de residuos sólidos urbanos procedentes de los 31 municipios que forman la Mancomunidad del Este van volcando su contenido en montones que luego, sin recibir tratamiento alguno, se extienden y compactan. Y, al final del día, se cubren con tierra.

El vertedero alcalaíno, inaugurado en 1984, lleva meses en el centro de la polémica porque está a punto de colmatarse, con lo que la mancomunidad necesita alternativa para llevar las basuras generadas por más de 700.000 habitantes. Y una parte importante de los vecinos de Loeches —el lugar elegido para construir una nueva planta que separará y tratará los residuos en un espacio cerrado antes de enterrarlos— la rechaza frontalmente. Pero, con independencia de la futura ubicación y de las alternativas propuestas, lo que muy pocos cuestionan es la necesidad de superar un sistema de vertidos directos de residuos mezclados, sin tratamientos de ningún tipo.

En el Depósito Controlado de Residuos Sólidos Urbanos de Alcalá de Henares (ese es su nombre oficial), los camiones de recogida municipal son pesados a la entrada y se toman todos sus datos. También se mira el contenido, para ver que efectivamente son residuos urbanos y no otra cosa (en cuyo caso no se le dejaría entrar), pero lo cierto es que resulta casi imposible identificar muchos elementos prohibidos entre las bolsas, así que baterías de coche o pinturas pueden acabar entre los vertidos.

En todo caso, los grandes agujeros (llamados vasos) sobre los que depositan los residuos están impermeabilizados para evitar contaminaciones. Cuando llegan a cierta altura, los huecos se cierran; en Alcalá ya han llenado cuatro y el quinto está a punto de alcanzar la altura máxima autorizada. Entre todos, se han sepultado allí desde 1984 más de 6,7 millones de toneladas de basura. Unos sistemas de tuberías sirven para extraer los lixiviados (líquidos potencialmente peligrosos que dejan los residuos) y los gases generados en la descomposición (una parte de ellos se usa para generar electricidad en una pequeña central).

Otro de los problemas de verter al aire libre sin tratar es que los elementos más ligeros se desperdigan y se generan fuertes olores que pueden llegar no solo al cementerio que está al lado, sino a las viviendas situadas a un kilómetro de distancia. El hedor se trata de mitigar con un sistema de aspersión de una especie de perfume que se extiende por el lateral más cercano a la ciudad. También para evitar olores —además de la proliferación de insectos y reducir la presencia de animales como las aves que rodean a cientos el vertedero— cada día se cubren con tierra las capas de basura. Antes, los residuos han sido extendidos, desgarrados, trituraros y compactados con maquinaria pesada.

Cuando se llene del todo —aproximadamente a finales de 2018, según cálculos del Ayuntamiento de Alcalá— y se selle definitivamente, la mancomunidad deberá realizar una vigilancia ecológica del lugar durante 30 años.

Los objetivos ambientales y los pasos intermedios

El vertedero de Alcalá de Henares, la semana pasada.
El vertedero de Alcalá de Henares, la semana pasada.

Tanto el Gobierno central como el de la Comunidad de Madrid se han marcado como objetivo “no depositar en vertederos residuos municipales sin tratar”. Sin embargo, en la región esto todavía ocurre con toda la basura que llega mezclada al vertedero de Alcalá de Henares, además de al de Colmenar Viejo, que da servicio a 670.000 habitantes de 77 municipios del noroeste de la región.

En los complejos de Pinto (que atiende a más de 1,8 millones de habitantes de 71 pueblos del sur) y de Valdemingómez en Madrid (con 3,2 millones de habitantes) tienen plantas en las que separan y someten a distintos procesos los residuos del contenedor verde. Sin embargo, una parte también acaba tirada sin tratamiento: el 22% en Valdemingómez y mucho más en Pinto, según el especialista de Ecologistas en Acción Jesús Pérez.

La Comisión Europea ha señalado a Madrid, en un informe que saca los colores a España por los resultados de su política de residuos, como una de las regiones que menos recicla: por debajo del 20%. Así, mientras sigue preparando la Estrategia Regional de Residuos 2017-2024, el Gobierno de la Comunidad de Madrid ha prometido 300 millones de euros hasta 2024 para cofinanciar nuevas infraestructuras con las mancomunidades, entre otras, una planta de tratamiento para el vertedero de Colmenar y el nuevo complejo que sustituirá en Loeches al vertedero de Alcalá.

Pérez asegura que las plantas que tratan los residuos mezclados apenas mejoran los problemas y propone impulsar más separación en origen —antes de que los residuos salgan de las casas— y nuevos sistemas de compostaje y retorno de envases. Alternativas que defienden muchos vecinos de Loeches y alrededores en lugar de la nueva planta.

“Compartimos el objetivo final de residuo cero”, dice el alcalde de Alcalá de Henares, Javier Rodríguez Palacios. Pero, “entre un vertedero con sistemas de los años ochenta y ese objetivo hay caminos intermedios, que son esas plantas que nos permitirán alcanzar un equilibrio entre lo que queremos y lo que podemos hacer, mejorar las cosas y cumplir la legislación europea”, añade.