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El feliz febrero de Feliu Formosa

La recuperación de su dietario ‘El present vulnerable’ encabeza la aparición de cuatro títulos del dramaturgo, poeta y traductor

Feliu Formosa, en una imagen de 2005, cuando sus segundos diarios.
Feliu Formosa, en una imagen de 2005, cuando sus segundos diarios.

A veces, la vida, tozuda en dar vuelcos inopinados a la trayectoria de uno, es coherente, tiene un hilo, un sentido. Una muestra: la aparición (feliz y azarosa) de cuatro libros este febrero de y sobre Feliu Formosa. Cuatro efes, pues. Son su celebrado dietario El present que m’acull (Biblioteca del Núvol); su traducción de El meu piano blau, de la poetisa alemana Else Lasker-Schüler (Adesiara); Papallona de l’ombra, selección de sus mejores poemas, realizada por él mismo (Pagès Editors), y un monográfico de la revista El procés, 240 páginas de análisis de su vida y obra, regalado con algún que otro inédito.

Es la tercera vez que el presente acoge el dietario de Formosa (Sabadell, 1934). O cuarta, porque nació parcialmente como una plaquette de 24 páginas, prologadas por el poeta Joan Oliver, en Sabadell; en 1979, ya completo, lo publicaría Laia y 18 años después lo haría La Magrana. Ahora han sido 21 los que han tenido que pasar para recuperar uno de los mejores dietarios de las letras catalanas junto a El quadern gris, de Josep Pla, Meditacions en el desert, de Agustí Calvet, Gaziel, y El vel de Maia, de Marià Manent. “Empieza en 1973: un año antes había dejado mi militancia en el PSUC tras casi 26 y empezado a escribir poesía para pasar al teatro en realidad son tres libros: el diario del caos, de quien no entiende la muerte, en mi caso de Mari, mi primera mujer, en 1974; después, el diario de las dudas y la angustia; y un tercero, entre 1976 y 1978, más de experiencias de relaciones humanas”, define el propio autor. “Está todo escrito desde una inseguridad y una sinceridad inhabituales”, recalca el editor, Bernat Puigtobella.

Sale a menudo en ese dietario Bertolt Brecht, que Formosa ha traducido gernerosamente (volverá hacerlo en breve para Adeasiara: “La traducción es la base de toda mi obra”, admite hoy el escritor). En uno de sus diarios, de 1921, el autor alemán explica que acudió a una lectura de su compatriota Else Lasker-Schüler (1869-1945): “Es una vieja decrépita y antipática [en realidad, apenas tenía 52 años] y sus poemas no me han gustado mucho, pero me han fascinado”, recuerda Formosa que dice de forma chocante de una de las grandes poetas de la vanguardia alemana, de vida accidentada por su origen judío (los nazis le quitaron la nacionalidad en 1938), y de la que el traductor destaca su “canto a la vida y una vez un miedo incontenible”. Todo ello puede apreciarse en la versión que ofrece para Adesiara, en una edición con el original encarado y una cronología final, todo con la exquisita marca de la casa para la que es la primera traducción al catalán de la poetisa.

Exigente como pocos, Formosa hace casi 11 años que ha abandonado la poesía: “Me cuesta encontrar su camino, no hallo más cosas en ella y dedicarme a hacer tankas lo encuentro demasiado fácil; también es cierto que, amén de las experiencias vitales, hago más o menos poemas según los autores que leo… pero aun así, nunca descarto volver a la poesía”. Por eso gana interés Papallona de l’ombra, selección personal de las composiciones más significativas de entre sus 45 años de producción. “De cada uno de los 12 libros he ido cogiendo los textos que me han parecido los más logrados y actuales”, dice tras sus gafas quien afirma que, en lo lírico, “ya lo tengo todo en el recopilatorio Darrera el vidre y en Centre de gravetat”.

Joan Vinyoli fue una de sus grandes influencias, como queda demostrado en el número nueve de El procés, con algún inédito de su correspondencia con él, así como la que mantuvo con su vecino Agustí Bartra, o con Salvador Espriu o con Oliver. Son parte del contenido de las 240 páginas que conforman la revista, que “no pretende ser un ensayo crítico sino descubrir quién es Formosa”, dice su director Joaquim Armengol. Son unos 40 artículos, algunos firmados por gente como Hermann Bonin o Joan Casas, que desvelan al poeta, al traductor, al dramaturgo y a la persona. Armengol destaca también fragmentos de la correspondencia con Josep Maria Benet i Jornet.

Hay en la revista, asimismo, retazos del nuevo dietario que Formosa tiene ahora entre manos porque “escribo aún cada día, poco, pero cada día”, igual que ahora trabaja para traducir los diarios de Kafka al catalán. “El diario responde a los años 2015 y 2016… este es más de recuerdos y de pérdidas que el de 1973 y el de 2005: salen mis amigos Josep Termes, Sergio Besser, Francesc Vallverdú o Montserrat Roig, a quien conocía de l’Escola d’Art Dramàtic Adrià Gual y de haber trabajado en la primera Enciclopèdia Catalana… Parecía que no tenía tanta cosa que decir y en cambio…”, deja ir quien, a diferencia de en sus años mozos, acepta hoy, a sus 83, escribir más prólogos y textos: “Hoy aún estoy vivo, faig la viu-viu y no sé lo que duraré… Voy a lugares y es como si me despidiera de ellos y de la gente porque no sé si los volveré a ver”.

Tampoco imaginaba estar viviendo la actual situación sociopolítica que atraviesa Cataluña con el procés. “Con el franquismo sabías dónde estabas y lo que te podía pasar; ¿hasta dónde llegarán? Hoy, la situación es angustiante; hay censura… Es inimaginable algo así para gente de mi edad…”. Aquello de los vuelcos inopinados de la vida.