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Barcelona tendrá recogida de basuras puerta a puerta

El Ayuntamiento saca a concurso hasta 2027 un servicio que se lleva más del 10% del presupuesto

No es el contrato más glamuroso de un ayuntamiento, pero sí el más caro. En Barcelona, se lleva más del 10% del presupuesto anual (275 millones en las cuentas de 2018). El Gobierno de la alcaldesa Ada Colau ya ha perfilado los principales aspectos de la contrata de limpieza y recogida de basura que sacará a concurso para el periodo 2019-2027. La contrata prevé incorporar, de forma progresiva, la recogida de basura puerta a puerta. También incorporará contenedores que permitan identificar a los usuarios mediante un chip en las bolsas.

La actual contrata vence en noviembre del año que viene y la que el equipo de Colau prepara es para ocho años ampliables a dos más, con la idea de adjudicarlo antes de las elecciones de mayo de 2019. El coste aumentará y será de 307 millones al año. El nuevo plan introducirá más flexibilidad en la recogida para incorporar el puerta a puerta. Con la actual contrata en vigor, este mes está previsto comenzar la primera prueba piloto en el núcleo antiguo del barrio de Sarrià. La nueva contrata que prepara el Ayuntamiento identifica zonas según la complejidad de introducir este sistema y valorará las ofertas en las que tenga un menor coste.

La nueva contrata también buscará mejorar el reciclaje de basura, desde hace años estancado en el 36% del que tiran los vecinos. El pliego de condiciones se fija en la necesidad de aumentar la separación de la basura orgánica y busca corresponsabilizar a los ciudadanos. Así, prevé introducir contenedores que puedan identificar a los usuarios (con un chip en las bolsas, como ya se distribuyen en Sarrià) “que permitan contabilizar las aportaciones individuales y trabajar propuestas de incentivos”, según el resumen de la contrata al que ha accedido EL PAÍS. El documento no alude a la posibilidad de introducir sanciones con este sistema.

Con la idea de simplificar y aumentar la recogida selectiva, el contenedor amarillo admitirá todo tipo de materiales reciclables de plástico y metal (ahora teóricamente solo admite los vinculados a Ecoembes). En conjunto, la contrata no prevé sacar a la calle más contenedores —“la ciudad no admite más”, dice el resumen—, sino reducir su cantidad o su tamaño, sobre todo en calles peatonales o cascos antiguos.

La futura contrata amplía a cuatro las zonas de la ciudad. Mirando el mapa de Barcelona de izquierda a derecha, agruparán los distritos de la zona oeste (Sarrià-Sant Gervasi, Les Corts y Sants-Montjuïc); la zona centro (Gràcia, el Eixample y Ciutat Vella); norte (Horta Guinardó y Nou Barris); y oeste (Sant Andreu y Sant Martí). Además, prevé incorporar zonas verdes y parques de la ciudad. Ahora los servicios de limpieza solo actúan en los parques los fines de semana; de lunes a viernes se encarga Parques y Jardines.

Respecto al reciclaje, mantiene las actuales cinco fracciones: resto, orgánica, papel, plástico y vidrio. Y para reducir el ruido nocturno mantiene la recogida del resto y orgánica de noche y las otras fracciones en horario de día. También contempla que los contenedores estén adaptados a personas con movilidad reducida y mejora la frecuencia de la limpieza, tanto del exterior como del interior de los contenedores.

Además, refuerza la recogida en barrios con trama de núcleo histórico, con dos y tres pasadas al día. Esta doble recogida se contempla también en zonas de la ciudad donde en el futuro habrá menos contenedores por la creciente peatonalización de calles, la creación de supermanzanas de tráfico pacificado o la proliferación de carriles bici.

La contrata contempla aspectos ambientales: las emisiones de la flota de vehículos serán un parámetro de valoración de las ofertas (menos emisiones, más puntos), como lo será el nivel de ruido (menos ruido, más puntos).

La nueva contrata prevé cambios en el sistema de pago de los servicios de recogida de los futuros contratistas, también con la idea de ir aumentando la recogida selectiva. La orgánica, por ejemplo, se pagará a un tanto por tonelada, que aumentará cuando se supere una determinado peso, para incentivarla. En conjunto, facilitará la adaptación a las necesidades concretas de cada territorio y las especificidades de cada época del año. Así, debido a los efectos del cambio climático alarga la temporada alta de servicios de mayo a octubre (actualmente va de junio a septiembre).