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De cómo la física ayudó a extraer el fuel del ‘Prestige’

Un congreso aborda en Valencia los avances y aplicaciones de la reología, que estudia la consistencia de la materia, a la medicina y la alimentación

De izquierda a derecha, Críspulo Gallegos, María Jesús Hernández y Ezequiel Martí.
De izquierda a derecha, Críspulo Gallegos, María Jesús Hernández y Ezequiel Martí.

Todo fluye es la máxima de la reología, parte de la física que estudia la plasticidad y elasticidad de los materiales. De este campo relativamente desconocido, dependen cosas tan cotidianas como la consistencia de cremas cosméticas o dentríficos, o de alimentos como el yogur y las salsas. También el diseño de alimentos y fármacos diseñados para las personas con disfagia -dificultades para tragar-. Uno de los grandes hitos de la reología fue en 2003 la extracción de miles de toneladas de fuel atrapadas en el buque Prestige tras su hundimiento frente a las costas gallegas.

La Fundación Universidad-Empresa de la Universitat de València, Adeit, reúne desde ayer miércoles hasta el viernes a decenas de especialistas en el Congreso internacional sobre Reología IBEREO 2017. Un encuentro centrado en los "indispensable" que es esta parte de la física para la industria, tanto en la gestión de calidad, como en el procesado en la fábrica, y en la formulación de nuevos productos, explica María Jesús Hernández, profesora de Física de la Universitat de València y organizadora de esta edición de IBEREO en Valencia junto con Teresa Sanz y Ana Salvador, investigadoras del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos del CSIC.

Según Hernández, se trata de dar a conocer las aplicaciones de la reología en la industria alimentaria y farmacéutica, a la vez que se aborda cómo se pueden aplicar éstos en el desarrollo de nuevos productos. Es el sexto simposio de una serie que se hace cada dos años y al que asisten no solo especialistas de España y Portugal sino también de Rusia, Francia, Reino Unido, México o Estados Unidos.

La profesora de Física ha destacado que muchas de las ponencias del congreso tratan sobre la reología aplicada a la industria y su influencia en el desarrollo de productos como yogures, leches, snacks, botellas recicladas, o impresión 3D".

"Queremos un alimento light, al que le quitamos el azúcar y la grasa y eso hace que sea menos viscoso, pero luego queremos que sea de la misma consistencia que el producto original; ahí entran los reólgos", ha subrayado la física.

Críspulo Gallegos, catedrático de Ingeniería Química y director de I+D de Complex Formulations of Fresenius Kabi Deutschland GmbH (Alemania), inauguró el congreso con los últimos avances de esta disciplina en el tratamiento de la disfagia, una alteración de la deglución -producida por envejecimiento, enfermedades neuronales o cáncer de garganta- que afecta en España a un millón de personas.

Ezequiel Martí, jefe clínico de la Unidad de Nutrición del Servicio de Farmacia del Hospital General, asegura que en la disfagia ha habido un punto de encuentro entre la reología y la clínica; ambos son los protagonistas". Los tres perfiles más propensos a sufrirla son los enfermos neurológicos, los pacientes con cáncer y los enfermos con esclerosis lateral amiotrófica, añade Martí.

“Los reólogos españoles son muy aplicados, casi siempre están en contacto con la industria o con los problemas reales; es una técnica de apoyo para solucionar un problema”, apostilla Gallegos.

El hito del ‘Prestige’

El fuel del Prestige se resolvió gracias a los análisis y pruebas de los reólogos. Hubo un derrame de bastante fuel pero quedaron toneladas en el pecio, hundido a unos 4.000 metros y con una presión de 400 atmósferas. Cuando el Gobierno se planteó si se cubría y se dejaba allí o se extraía, encargó a Repsol los estudios oportunos. Crispulo Gallegos participó en aquellos ensayos. “Trabajamos con ese fluido a pesar de que en aquel momento no había ninguna máquina ni equipo que midiese la presión a la que estaba sometido el fuel. El objetivo era sacarlo y nosotros nos encargamos de ver si tecnológicamente era viable. Lo hicimos y al final se extrajo el fluido del fondo del mar”, relata Gallegos.

El proceso de extracción fue por gravedad pero era imprescindible conocer antes el comportamiento de ese fuel sometido a una pesión de 400 atmósferas. El problema se solucionó y los reólogos estuvieron allí.

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