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Forcadell, un árbitro de parte

PP, PSC, Ciudadanos y Sí que es Pot cargan contra la actuación de la presidenta del Parlament

La presidenta del Parlament, Carme Forcadell, exhibió ayer sin tapujos su perfil más independentista en la caótica sesión que aprobó la ley que pretende dar un marco al referéndum ilegal del 1 de octubre, entre las críticas de una oposición que ha cuestionado su labor, claramente de parte, desde el inicio de la legislatura. Forcadell (Xerta, Tarragona, 1956) aparcó la imparcialidad de su cargo institucional, el segundo de Cataluña, y se alineó con los intereses y la estrategia de la mayoría secesionista, como en su época de mayor activismo, cuando, al frente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), se convirtió en uno de los rostros clave del soberanismo.

Carme Forcadell, en la sesión de este miércoles.

Carme Forcadell demostró que tiene una sola misión en la Cámara catalana. La independencia. Aun a costa de la vulneración de los derechos de los diputados, como coincidió en señalar toda la oposición. Aun haciendo una lectura sesgada del reglamento del Parlament, como le afearon cuatro de los seis grupos; aun omitiendo los trámites parlamentarios establecidos en el reglamento, como criticaron los no independentistas. Y aun en contra de la opinión del secretario general del Parlament, Xavier Muro, y del letrado mayor, Antoni Bayona, quienes alertaron a Forcadell por escrito de las consecuencias de su actuación ante las reiteradas advertencias que lleva meses haciendo el Tribunal Constitucional y que le han costado a la presidenta la apertura de un proceso penal en el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña.

La presidenta de la Cámara catalana hizo caso omiso de todas las críticas y advertencias, incluso de lo que dijo el Consejo de Garantías Estatutarias, que se pronunció a favor de la oposición y de su derecho a exigir un dictamen sobre la ley del referéndum. Forcadell no dio su brazo a torcer. Exhibió toda la dureza de su carácter dejando atrás la imagen de tieta entrañable que el propio movimiento independentista le había atribuido cuando saltó a la primera línea política hace poco más de cinco años.

Lo que fue la llamada “revuelta de las sonrisas” del independentismo que lideró Forcadell al frente de la ANC derivó ayer en un rictus de nerviosismo, improvisación y cambio de criterio ante su evidente desconocimiento del reglamento de la Cámara. La actuación de la presidenta provocó por parte de la oposición los descalificativos más graves oídos desde el inicio de la legislatura, con palabras como “cacicada” y recordándole que ya no presidía la ANC, sino que hoy es la segunda autoridad de Cataluña en rango, por detrás del presidente de la Generalitat.

Forcadell fue periodista antes que activista del independentismo y presidenta del Parlament y después de licenciarse en Filología Catalana trabajó tres años en el centro territorial de TVE en Cataluña, antes de dedicarse a la docencia como catedrática de enseñanza secundaria. Ayer, no disimuló su parcialidad durante el pleno ni durante las reuniones de la junta de portavoces y de la Mesa del Parlament que se celebraron a puerta cerrada a lo largo de la mañana y en las que la presidenta actuó igualmente con mano de hierro. Así ocurrió cuando un portavoz parlamentario le reclamó que se oyera a los letrados de la Cámara sobre los motivos por los que se oponían a admitir a tramite de la ley del referéndum. La respuesta de Forcadell fue que los abogados del Parlament solo hablaban cuando lo decía ella.

Nerviosismo visible

En otro momento, el secretario general de la Cámara presente en la reunión confesó que él había dado la orden de no publicar la ley del referéndum en el Boletín Oficial del Parlamento. Un diputado preguntó entonces que quién lo había decidido y Forcadell replicó que la decisión correspondía a cuatro diputados de Junts pel Sí, con ella al frente, que tienen mayoría en la Mesa, aunque el reglamento de la Cámara no les atribuye esta competencia.

Las críticas a Forcadell empezaron bien temprano, nada más iniciarse el pleno, al saberse que se iba a modificar el orden del día para incluir el debate de la ley del referéndum y cuando anunció que se suprimirían la mayoría de los trámites parlamentarios. El pleno se suspendió en tres ocasiones a lo largo de la mañana, con una Forcadell a la que no le quedó más remedio que rectificar a petición de la oposición. Finalmente, hizo oídos sordos a las críticas y casi cuatro horas después de iniciarse la sesión ordenó, visiblemente nerviosa, que empezaba la votación para cambiar el orden del día del pleno.

Fuentes de Junts pel Sí admiten que Forcadell no estuvo ayer afortunada y lamentaron la marcha de Lluís Corominas como vicepresidente primero de la Mesa, ahora presidente de ese grupo parlamentario. Corominas es abogado de profesión, con más de diez años de experiencia como diputado y conocedor de los vericuetos del reglamento de la Cámara, nada que ver con el perfil de su sucesor, Lluís Guinó, que es quien se sienta ahora a la derecha de Forcadell.

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