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Una ‘Yerma’ colectivizada

Marc Chornet y su joven compañía ponen en escena una atractiva adaptación con arañazos de la obra de Lorca en el Akadèmia

Entrar en el teatro de García Lorca es abrir la puerta de un jardín, cerrar la cancela y tirar la llave. Un jardín encantador, laberíntico y peligroso. Colores vibrantes, aromas embriagadores. Y también veneno acechando a sus víctimas en pétalos, hojas y néctares para hacer perder la razón, y espinas que abren heridas y dejan la ropa hecha jirones, y fangos inesperados que hacen del ensoñador paseo una expedición pesarosa. En este jardín se ha metido Marc Chornet con su joven compañía para poner en escena su adaptación de Yerma, una tragedia sobre la maternidad insatisfecha, o sobre la insatisfacción a secas. Una propuesta sobre la aridez existencial de una relación sin deseo que invade el escenario con la simbología directa de la arena.

Aunque no emerge indemne de la visita al laberinto, la función que ocupa el Teatre Akadèmia es una mirada viva sobre la obra de Lorca, sobre todo por la naturalidad con la que Chornet construye las escenas que incitan a la complicidad entre los personajes. La comunicación física que crea entre las mujeres es franca, con un lenguaje corporal que conecta con una femineidad que evita los lugares comunes y los clichés lorquianos. Más aliadas que amigas cuando toca compartir una posición en la vida en la que parten con desventaja. El único círculo donde romper silencios e intercambiar desencantos, con el sexo como fracaso común. Una Yerma colectivizada —con un macho que se vislumbra sexualmente incompetente en las entrelíneas de este montaje—, aunque siempre quedan los momentos de frustración íntima y solitaria, excelentemente interiorizados por Alba José, que en esas frases de secreto desconsuelo se desprende de extraños acentos rurales para confesarse sin liarse en la estranguladora enredadera de la lírica lorquiana.

Yerma

YERMA

De Federico García Lorca. Dirección: Marc Chornet. Intérpretes: Alba José, Martí Salvat, Xavier Torra, Ariadna Fígols, Isabel Soriano, Roser Tàpias, Cristina López. Teatre Akadèmia, Barcelona.

Por pánico a no caer en la trampa asfixiante del esteticismo de un poema teatralizado se han producido precisamente los mayores arañazos de esta atractiva propuesta escénica. Una incomprensible huida para caer en brazos de un impostado neorrealismo atemporal con los acentos arraigados en una tierra de tópicos. Entonces hablan raro, con la dicción de un paisaje marchito entre Aragón y Extremadura, de boina lavada de Martínez Soria. Una melodía agreste tan artificial como las “yermas” que parecen sacadas de un cuadro de Romero de Torres, con esa piel de impoluto bronce manierista. Es un adorno además innecesario que Chornet hace desaparecer de sus actores y actrices cuando los sentimientos y los pensamientos se vuelven serios y profundos. Entonces todo suena claro y verdadero, en sintonía con el discurso expresado con los cuerpos, especialmente por el elenco femenino, reivindicando plaza del oprimido de las mujeres del mejor cine italiano, desde Arroz Amargo a Bellísima.