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Mercenario de la pintura

Los retratos realistas de empresarios, políticos y familias burguesas de Gonzalo Goytisolo toman el Espai Volart

Carmen Balcells, 1994, de Gonzalo Goytisolo.
Carmen Balcells, 1994, de Gonzalo Goytisolo.

“Soy un mercenario del arte y como cualquier mercenario me la juego. En el mundo de la creación contemporánea donde prima la noción de renovación constante, me dedico al género más carca que existe, el retrato por encargo”. Lo afirma Gonzalo Goytisolo (Barcelona, 1966) de su exposición Personas pintadas,que le dedica el Espai Volart de la Fundación Vila Casas. La muestra, que reúne unos 80 retratos familiares e institucionales, individuales y de grupo, se abre con la representación del pequeño perro del autor, un guiño a las contradicciones inherentes al género más antiguo y inmortal de la historia del arte. El perrito, sin embargo es tan sólo un apunte en un conjunto de personajes, muchos de ellos verdaderas celebridades, que demuestran la vigencia del anhelo de inmortalidad, que según Goytisolo tanto el pintor como el modelo persiguen al realizar la obra.

La tríada que abre la muestra, formada por Juan Marsé y Juan Goytisolo, junto a la agente Carmen Balcells, da paso a una larga serie de rostros conocidos de políticos como José Montilla, Celestino Corbacho o Jorge Fernández Díaz con su familia y su Miró colgado detrás del sofá. También hay varios empresarios como José Vilarasau (con un retrato familiar y otro institucional), Ricard Fornesa o Ernesto Ventos, intelectuales como Vargas Llosa y muchas familias burguesas con niños risueños. “El retrato institucional es más complejo y por tanto más caro, porque no se trata sólo de representar la persona sino también la institución”, explica Goytisolo, que debido a los ritmos de la vida moderna trabaja casi siempre a partir de un gran numero de fotografías, que va ensamblando en un collage.

Juan Marse, con Trini, de 2009.
Juan Marse, con Trini, de 2009.

“La pintura surge de todas estas imágenes. Antes realizaba un collage, lo fotografiaba y proyectaba sobre la tela, pero ahora realizo un boceto digital con Photoshop. Un retrato es una ficción que surge de un procedimiento, no de un truco, no hay alteraciones, ningún cambio de la fisionomía”, indica el artista, que también ha trabajado otros géneros como la vista de Barcelona, que forma parte de la colección Vila Casas expuesta en Can Framis. Cada obra le requiere de uno a tres meses de trabajo, excluyendo casos especiales como el retrato de Juan Marsé que tardó tres años en terminar. “Para que el resultado sea satisfactorio es imprescindible que el modelo te proporcione información y parámetros concretos”, asegura.

Como contrapunto al realismo de Goytisolo, el Espai Volart 2 acoge las pinturas abstractas de gran formato de Sergi Barnils (Guinea Ecuatorial, 1954), artista que convierte sus reflexiones espirituales en conjuntos de formas y manchas de color, que representan la eterna lucha entre la luz y las tinieblas, el bien y el mal. “Todo esto es fruto de una conversión que experimenté hace 20 años a partir de la lectura de la Biblia”, explicaba Barnils. El conjunto se completa con la primera exposición post mortem de Francesc Todó (Tortosa, 1922 – Les Borges, 2016), comisariada por el poeta Alex Susanna, que recorre toda la trayectoria del artista, conocido sobretodo por sus bodegones, utensilios, máquinas y artefactos de futurista memoria.