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El Rey elude la cuestión catalana ante un Puigdemont reivindicativo

El presidente de la Generalitat denuncia la "negligencia" del Gobierno central con Cataluña

Desde la izquierda: el presidente de Foment del Treball, Gay de Montellà, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, el Rey Felipe VI, Carles Puigdemont y la delegada de Gobierno, María de los Llanos de Luna.
Desde la izquierda: el presidente de Foment del Treball, Gay de Montellà, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, el Rey Felipe VI, Carles Puigdemont y la delegada de Gobierno, María de los Llanos de Luna.

El primer discurso de Felipe VI en Barcelona después del compromiso de Carles Puigdemont de convocar un referéndum de independencia en 2017 acabó sin una sola palabra sobre la cuestión catalana. A la espera de que el Gobierno central intente reconstruir puentes con la Generalitat, el Rey obvió este jueves el tema y prefirió hacer una llamada a las empresas para que inviertan en innovación e internacionalización. Instantes antes, el presidente catalán, Carles Puigdemont, cargó un reivindicativo discurso en el que denunció al Estado por haber sido “negligente” en sus deberes con Cataluña.

Si la presencia del monarca en la ceremonia de los premios que Fomento del Trabajo entrega cada año había generado expectativas, estas cayeron en saco roto. Era el primer acto en el que coincidían Puigdemont y la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría desde que esta tomó el encargo de Rajoy de asumir la carpeta catalana y reconducir las relaciones Estado-Generalitat. Y el Rey optó por obviar el tema a la espera de que las dos administraciones intenten reconducir las relaciones, casi rotas desde hace dos años. Por la mañana, durante la solemne apertura de las XII Legislatura, en el Congreso, ya había demandado diálogo.

El discurso del monarca fue la excepción. Ninguno de quienes le precedieron evitaron la denominada carpeta catalana. Puigdemont, que mostró cordialidad con Felipe VI con algunas sonrisas compartidas durante la entrega de premios, se enzarzó en un discurso reivindicativo en el que destacó el liderazgo de Cataluña pese a los supuestos agravios practicados por el Estado. Se quejó del sistema de financiación, de la falta de inversiones, de la judicialización de la política —en referencia a los cargos electos— y de “no hacer caso de la voz” de los catalanes.

Pero el Rey, con un discurso ya preparado, no tenía previsto entrar en el tema. Ni en el planteado por el presidente catalán ni en el más conciliador presentado primero por el presidente de Fomento del Trabajo, Joaquim Gay de Montellà, ni después por el de CEOE, Juan Rosell. El primero afirmó que la nueva legislatura empieza “con dos grandes cuestiones: ajustar el déficit con más crecimiento y recuperar Cataluña con más diálogo”. Y el segundo reclamando “audacia” y “pragmatismo” para resolver la falta de entendimiento entre los Gobiernos del Estado y de Cataluña, que aseguró vivir “con mucha preocupación”.

Entrar en ese debate no entraba en los planes del monarca, quien prefirió destacar la relevancia de que el “progreso y el bienestar de la sociedad” pasan por la mejora de la actividad económica y empresarial y que, a la vez, según su diagnóstico, se requiere de innovación e internacionalización. Sin más señales para el presidente catalán.