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OPINIÓN

La República catalana y el ideal federal

Hay que aprovechar la movilización social para romper con los esquemas de la democracia representativa y dar más poder a la ciudadanía

El martes terminó un ciclo de cinco debates, iniciado el 23 de febrero, sobre La República catalana y el ideal federal, organizado por la fundación l’Alternativa, vinculada a Esquerra Unida i Alternativa, y por la fundación Josep Irla, de Esquerra Republicana de Catalunya. El objetivo de los debates era reflexionar sobre los valores del republicanismo y del federalismo, sobre sus bases legitimadoras y sobre su vigencia ante los actuales retos políticos. En el ciclo de debates participaron una treintena de personas procedentes de los ámbitos de la política, del sindicalismo, del activismo social y de la academia. Las organizaciones que participaron a través de alguno de sus miembros fueron, entre otras, ERC, EUiA, ICV, CUP, Avancem, Barcelona En Comú, CC OO, UGT, CGT, Òmnium Cultural y la ANC. Una lista inquietante para la derecha ideológica y para los que pretenden identificar el pluralismo de la izquierda con el desconcierto de su ideario. Todos los debates fueron moderados por personas vinculadas a universidades públicas catalanas.

Los temas a debate permitieron dar una perspectiva poliédrica de los vínculos entre el ideal republicano y el federal. Se realizaron análisis históricos, económicos, sociales, políticos e incluso semánticos, que enriquecieron una discusión marcada por la voluntad de construir puentes desde las distintas sensibilidades de la izquierda ideológica. De todos ellos surgieron muchas reflexiones y propuestas para ser compartidas ante una nueva etapa de transformación social y política.

Una primera reflexión transversal fue la necesidad de aprovechar la movilización social de los últimos años para romper con los viejos esquemas de la democracia representativa y dar más poder de decisión a la ciudadanía. Hay que modificar el actual modelo basado en reducir el ejercicio de la soberanía popular a la mera elección, a través de sistemas electorales deficientes, de unos representantes con exceso de autoestima y déficit de receptividad. Hay que generar nuevos vínculos de confianza entre políticos y ciudadanos, aumentar los mecanismos de control de los cargos públicos, repensar el monopolio partidista de la representación política, cambiar las obsoletas estructuras institucionales y, en definitiva, avanzar en autogobierno para mejorar la calidad de nuestra democracia.

También hubo acuerdo al señalar que para aumentar el poder popular es necesario evitar que muchas de las decisiones que nos afectan cotidianamente se tomen lejos de nosotros y en instituciones, como las europeas, descontroladas y democráticamente muy deficitarias. La crisis económica de los últimos años ha evidenciado la incapacidad de los gobiernos de preverla, evitarla y resolverla, así como de preservar las bases del Estado de bienestar y de reducir las desigualdades sociales, que se han incrementado y han ocasionado muchas situaciones personales miserables. Ello también ha alimentado el descrédito de los políticos y una ideología liberal basada en el sálvese quien pueda, en maximizar el beneficio personal y en despreciar la dimensión social de la persona.

Las cinco ponencias destacaron el derecho a decidir y el ejercicio de la soberanía como pilares para un nuevo contexto político y como puntos de encuentro entre el federalismo y el independentismo. Se trata de conceptos amplios y ambiguos, pero que contienen una demanda muy clara: autodeterminación para mejorar socialmente. El federalismo y el independentismo son instrumentos de cambio, respuestas a la pasividad del Estado y reacciones a un poder político distante y arrogante que desprecia la movilización social. Según el último barómetro del CEO, los federalistas y los independentistas (en los últimos tiempos los segundos han crecido a costa de los primeros) son mayoritariamente de izquierdas (el 64 y el 67%, respectivamente).

El derecho a decidir y el independentismo han movilizado a centenares de miles de ciudadanos en Cataluña. Los ponentes de los debates subrayaron la importancia del activismo ciudadano, de la movilización popular y del radicalismo democrático como plataformas para reivindicar y fortalecer los valores del federalismo y del republicanismo. Afirmaron que dotar de mayor soberanía al pueblo y promover una cultura política más cívica es fundamental para mejorar la salud de nuestra democracia. Exigieron comportamientos éticos, actitudes solidarias y una ciudadanía más comprometida con los asuntos públicos. Reclamaron un cambio de mentalidad, una nueva manera de hacer política y un nuevo escenario de transformación social. Concluyeron que la izquierda debe unirse para liderar la regeneración y el ennoblecimiento de la política, y las fundaciones Irla y l’Alternativa lo hicieron con el objetivo de estimular la reflexión para construir los valores de una nueva República catalana.

Jordi Matas Dalmases es catedrático de Ciencia Política de la UB.