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El bloqueo de la investidura de Mas impulsa a Neus Munté como sucesora

El presidente catalán y su partido quieren evitar a toda costa la repetición de las elecciones

El presidente de la Generalitat en funciones, Artur Mas.
El presidente de la Generalitat en funciones, Artur Mas.

Artur Mas se enfrenta este lunes a su tercer debate de investidura como presidente de la Generalitat sin tener la mayoría necesaria para lograrlo y con su figura cuestionada por una parte importante del independentismo. El president no conseguirá ser investido en las dos primeras votaciones, con lo que se abre un periodo de dos meses para negociar con la CUP que parte de sus diputados se abstengan y lograr así la mayoría simple. Ante la situación de bloqueo político, Mas y su partido quiere evitar a toda costa la repetición de las elecciones. Pese a que en este momento nadie en CDC cuestiona la figura del presidente, se va abriendo paso la tesis de que su relevo por Neus Munté, vicepresidenta de la Generalitat en funciones, deba acelerarse.

Hablar del relevo de Mas sigue siendo tabú en Convergència. Sin embargo, la situación de bloqueo está haciendo emerger la figura de su vicepresidenta, Neus Munté, a quien Mas decidió dar más protagonismo ya la pasada primavera para facilitar los pactos con Esquerra aprovechando su sensibilidad socialdemócrata.

La duda en Convergència es si el veto de la CUP a Mas puede o no acelerar la sucesión y el ascenso de Munté. La CUP verbalizó ayer que el nombre de la vicepresidenta es uno de los que no descarta apoyar si Convergència acepta retirar a Mas. El diputado Benet Salellas destacó que Munté tiene la ventaja de no pertenecer al “núcleo neoliberal de CDC” y no estar vinculada a la corrupción, lo que “ya es mucho tratándose de Convergència”. Tampoco puso reparos al ser preguntado por Raül Romeva, quien encabezó la lista de Junts pel Sí en las elecciones del 27-S. “Representa muy bien la idea de momento de excepcionalidad actual”, sostuvo, además de alabar su perfil social.

Que la CUP proponga ya nombres alternativos aumenta la presión sobre el president y sobre la cúpula de Convergència. En las próximas semanas, si la CUP mantiene su veto, Mas tendrá que decidir si retira su candidatura a favor de una figura de consenso, si convoca elecciones o si sigue adelante hasta la última votación posible, el 10 de enero.

El principal factor que Mas tiene a su favor es que la CUP no es partidaria de ir a unas nuevas elecciones y que quiere intentar cerrar el acuerdo sobre el futuro presidente o presidenta antes de la campaña de las generales. CDC también tiene serias dudas sobre ir a unas nuevas elecciones por la dificultad de volver a movilizar a los votantes independentistas tras los comicios del 27-s.

 

Pedir “un milagro”

 

La otra palanca que ha activado Convergència, de momento sin éxito, es presionar a la CUP a través de los medios afines y de personas que generan consenso en el independentismo. El último en intentarlo fue, ayer mismo, el presidente del Pacto por el Derecho a Decidir, Joan Rigol, quien en una entrevista en Catalunya Ràdio invocó “un milagro” para que la CUP vote a Mas esta misma semana. Su argumento es que, en caso contrario, el independentismo se debilitará.

Munté, libre de sospechas de corrupción y sin vínculos con la familia Pujol, se ha ido consolidando los últimos meses dentro del partido hasta el punto que muchos la ven como sucesora de Mas. Otra cosa es cuándo ocurrirá. La agenda de los nacionalistas tiene señalada la legislatura que ahora ha comenzando como la última del president.

A las próximas elecciones, que en teoría serían dentro de 18 meses para formalizar el proceso constituyente catalán, Convergència ya acudiría con otra cara. Munté es bien vista en amplios sectores del partido para asumir esta responsabilidad. El coordinador de CDC, Josep Rull, también está bien considerado, pero muchos prefieren que se centre en liderar el partido, con lo que se abriría una época de bicefalia.

Con todo, el discurso público de Convergència sigue siendo que no hay alternativa posible a Mas. Sus dirigentes no solo insisten en que el actual presidente en funciones es el principal y casi único activo de un partido truncado por la corrupción. Añaden que Mas ha conseguido que amplias capas de las clases medias y de todas las generaciones se hayan apuntado al carro del independentismo, un movimiento reservado en otras épocas a sectores jóvenes y radicalizados. Renunciar a Mas supondría renunciar a eso y se reduciría la base social del independentismo.

El president en funciones hará gala en su discurso de hoy de este carácter supuestamente transversal del independentismo y de su aportación a ello. Esto, y una agenda social casi inédita para Convergència, serán los argumentos que ofrecerá para intentar convencer a la CUP.

 

 

 

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