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Un ecologista de izquierdas en la alcaldía de Valencia

Joan Ribó, candidato de Compromís y futuro regidor, rompe moldes: circula en bicicleta, rechaza el coche oficial y anuncia que se rebajará el sueldo

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Joan Ribó, virtual alcalde de Valencia, ante la sede del Ayuntamiento. EFE/kai Försterling

Joan Ribó será alcalde de Valencia cuatro años después de llegar al Ayuntamiento, donde ha sido el gran azote de Rita Barberá en la oposición. La noche del 24 de mayo pulverizó el mito de invencible que lucía Barberá, regidora de la capital desde 1991, al conseguir casi igualarla en número de ediles. Nadie esperaba un ascenso de este calibre.

Nacido en Manresa hace 67 años, Ribó, hombre de izquierdas y ecologista, es un veterano de la política. Militó en el Partido Comunista, fue coordinador de Esquerra Unida del País Valencià (EUPV) y diputado por esta formación en las Cortes Valencianas entre 1995 y 2007. En pleno proceso de escisión de EU y después de 30 años de militancia dejó la política y se volvió a su plaza de profesor de Química en un instituto de secundaria valenciano. Compromís lo recuperó para la política local en 2011, donde encabezó la candidatura de la coalición a la alcaldía de la capital. Las encuestas no le auguraban ningún concejal pero las urnas le dieron tres de una tacada.

Su llegada al Ayuntamiento de la tercera capital de España es toda una revolución. Al igual que el alcalde de Londres, el conservador Boris Johnson, o muchos políticos daneses, Ribó se desplaza habitualmente en bicicleta o transporte público. De hecho, el cambio del modelo de movilidad en la ciudad ha sido uno de los puntos fuertes de su programa electoral. Uno de sus primeros gestos públicos es colocar un aparcamiento de bicicletas donde la alcaldesa dejó durante 23 años estacionado su coche particular, en las cocheras del Consistorio. En sus ratos libres cultiva tomates y, como tantos otros abuelos, lleva a su nieta a la guardería uno o dos días a la semana para echar una mano a una de sus hijas. Ama el deporte, es un viajero infatigable y se define como melómano. 

Ha sido uno de los concejales más políticamente incorrecto del mandato recién acabado, y el primero que obligó a Rita Barberá a retirarle el tiítulo honorífico a Franco al denunciar el caso a un juzgado y ganarlo amparándose en la ley de Memoria Histórica. Fue de los primeros en rechazar el coche oficial y ha anunciado que una de sus primeras medidas si gobierna será rebajarse el sueldo como alcalde.

No le ha temblado la mano a la hora de llevar posibles irregularidades a la fiscalía para que investigue la gestión de la regidora del PP. Poco antes de la campaña electoral abrió una web llamada ‘ritaleaks’, donde se hicieron públicas 466 facturas del gabinete de la alcaldía de Valencia de comidas, viajes y regalos. “Con lo que ha gastado Rita en una noche de hotel podría vivir una familia con apuros económicos”, dijo entonces.

Ha dicho de Barberá que gobierna la ciudad de Valencia como si se tratara de un señor feudal y ha esquivado los dardos envenenados que la alcaldesa le ha lanzado cuando los ha definido como batiburrillo de la izquierda radical –ahí también engloba a Podemos-. Como muñidor de un gobierno tripartito espera cerrar un acuerdo amplio con socialistas y València en Comú, que integran Podemos e independientes. Su último gesto ha sido tender la mano a Ciudadanos, otra de las grandes novedades

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