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Renace el fotolibro

PhotoEspaña confirma el auge que viven las publicaciones con imágenes, con exposiciones y actividades en su programación

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Una de las fotografías de 'Afronauts', fotolibro de la valenciana Cristina de Middel.

El fotolibro no es un concepto nuevo, pero está en auge. Parece que se han descubierto sus múltiples ventajas, por necesidad: el artista no tiene que buscar un espacio expositivo, puede llegar a más personas, las técnicas de impresión digital lo han abaratado y es un campo propicio para la investigación y la experimentación. En este caso, cuando la revolución tecnológica se une a la precariedad económica da resultado.

Dentro de PhotoEspaña (PHE), que empezó el miércoles, varias iniciativas están dedicadas a este formato. En la Biblioteca Nacional se puede ver, desde el 11 de junio al 4 de octubre, la exposición Los mejores libros de fotografía del año. Un centenar de volúmenes elegidos por su concepto, diseño y calidad gráfica, tanto nacionales como internacionales. Durante la semana que entra, del 8 al 14 de junio, se celebran unos 30 eventos relacionados con el fotolibro en la PhotoBook Week, dentro de La Fábrica. Y en la escuela PIC.A, en Alcobendas, tienen lugar varios seminarios relacionados con el mundo de la edición (y la autoedición) de libros de fotografía, dentro de la Semana Descubrimientos PHE.

En el libro 'Moisés',Mariela Sancari retrata a hombres de físico y edad similares a los que tendría su padre hoy. ampliar foto
En el libro 'Moisés',Mariela Sancari retrata a hombres de físico y edad similares a los que tendría su padre hoy.

“El fotolibro no es un concepto nuevo”, dice María García Yelo, directora de PhotoEspaña, “pero se está relanzando. Ahora mismo es uno de los soportes de creación más pujantes”. Y el fotolibro español lleva esa pujanza fuera. El British Journal of Photography, la principal publicación sobre fotografía de Reino Unido, publicó el año pasado un reportaje titulado ¡Viva España! (ocupaba la portada), dedicado a la nueva generación de fotógrafos españoles curtidos en este formato, como Ricardo Cases, Óscar Monzón, Carlos Spottorno, Aleix Plademunt, Julián Barón, Juan Valbuena o Cristina de Middel. La obra Afronauts, de esta última, que especula con una hipotética y excéntrica carrera espacial en Zambia, podría ser un ejemplo paradigmático del éxito del fotolibro: en 2012 se publicó una tirada de 1.000 ejemplares a 50 euros, ahora en Amazon el vomen alcanza los 1.200 euros. “Estamos en un momento histórico muy importante”, dice el fotógrafo Julián Barón, autor de Los últimos días vistos del rey. “Aunque, como suele pasar, nos han abrazado más desde fuera”. Un buen surtido de españoles ha sido seleccionado para optar al premio al mejor libro del año en el Fotobook Festival de Kassel; entre ellos, Laia Abril, Julián Barón, Daniel Mayrit o Juan Valbuena (en la lista, curiosamente, también hay un libro de Kim Kardashian). Se celebra allí, además, una jornada sobre el Iberian Phtotobook. “Esta nueva ola de fotógrafos forma algo así como la Spanish armadaque triunfa en el tenis”, comenta Álvaro Matías, director general de La Fábrica y responsable de su editorial.

Imagen del libro 'Moisés' ,de Mariela Sancari. ampliar foto
Imagen del libro 'Moisés' ,de Mariela Sancari.

“El fotolibro también se ha convertido en una carta de presentación”, dice Emily Adams, directora del máster PhotoEspaña en PIC.A (esta disciplina cada vez tiene una presencia más destacada en escuelas, cursos y másteres de fotografía). “Donde antes estaba el portfolio, para mostrar tus habilidades, ahora la impresión digital permite que los fotógrafos puedan hacer buenísimas ediciones para enseñar. Esto muestra todo un paquete, un concepto, en el que se ponen en juego muchísimas elecciones”. En la edición del fotolibro el fotógrafo, normalmente un lobo solitario, entra en contacto con otras partes de la cadena: el editor, el impresor, el diseñador, según recalca Adams, lo que resulta enriquecedor.

Distingue Matías entre dos tipos de fotolibro: el que es una mera recopilación de fotografías, a modo de catálogo, y el que ahora surge con fuerza, que es más parecido a un libro de artista, menos pragmático, más conceptual: “Un, digamos, ensayo fotográfico, que cuenta una historia y que necesita de un contexto, un formato particular que ayude a llevar adelante el proyecto”.

Frente a la fotografía en exposición, el fotolibro permite buscar otros hilos narrativos y jugar con otras posibilidades. Todo cuenta: el diseño, las características del papel, la utilización de textos; los límites creativos se dilatan. Un ejemplo: el libro The PIGS, de Carlos Spottorno, imita el formato del semanario The Economist y retrata a los países en el vagón de cola de la economía europea, despectivamente llamados pigs (cerdos), acrónimo de Portugal, Italia, Grecia y España. “Se permiten un tipo de propuestas más íntimas, un tipo de reflexión diferente, porque la lectura ocurre en la intimidad”, explica Barón.

Emigrantes llegando a la costa de Lampedusa, Italia. Una de las imágenes de 'The pigs', de Carlos Spottorno. ampliar foto
Emigrantes llegando a la costa de Lampedusa, Italia. Una de las imágenes de 'The pigs', de Carlos Spottorno.

Además de los numerosos libros autoeditados, surgen editoriales que dedican especial atención a este formato, como RM, Phree, Fiesta Ediciones, Riot Books, Fuego Books, Ca L’Isidret, Dalpine, Ediciones Anómalas o Los Cuadernos de la Kursala, de la Universidad de Cádiz. O colectivos como Blank Paper o No Photo. “La escena está cada vez mejor” dice Valbuena, autor del libro Salitre y editor. “Con mejores proyectos, más editoriales, más repercusión y visibilidad. Lo único que me preocupa es que no podamos generar un mercado y no seamos capaces de tener mayor número de puntos de venta y compradores que nos permitan escapar de la endogamia”.

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