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El voto antiBildu hará alcalde a Goia

El PNV recuperará San Sebastián por la suma de las diferentes voces críticas con la izquierda 'abertzale'

Eneko Goia, seguno por la izquierda, junto a Markel Olano, candidato del PNV a la Diputación de Gipuzkoa.
Eneko Goia, seguno por la izquierda, junto a Markel Olano, candidato del PNV a la Diputación de Gipuzkoa.

Sociológicamente, San Sebastián no es Gipuzkoa. Políticamente, en cambio, capital y territorio lo han sido durante esta legislatura. Pero la actual situación de poder tiende a su fin, como bien se teme EH Bildu. La cuerda parece romperse el próximo domingo por la parte más débil: la alcaldía de Juan Karlos Izagirre pasará a manos de Eneko Goia. El PNV recuperará así el poder municipal perdido después del mandato del desaparecido Ramón Labayen. ¿La principal razón? La oposición a la izquierda abertzale se ha conjurado para que así sea.

Los partidos constitucionalistas han allanado el camino del PNV a la alcaldía donostiarra. Durante la campaña ha sido relativamente frecuente escuchar a la candidata del PP, la debutante Miren Albistur, y al cabeza de cartel socialista, Ernesto Gasco, apelar al voto intencionado contra EH Bildu. Hay quien ha entendido esta apelación como "un error estratégico" de ambas formaciones. "Al hacerlo devalúan mucho su propio voto porque la gente entiende que este voto útil contra la izquierda abertzale debe ser el PNV porque es el rival más fuerte", admite un sociólogo universitario en la capital guipuzcoana.

La oposición no quiere que se repita la actual legislatura. "La ciudad se ha parado, no ha habido gestión en apoyo al presente y al futuro de San Sebastián y solo han gobernado para los suyos con métodos impositivos sin tenernos en cuenta", se escucha desde las filas del PSE-EE, donde existen el convencimiento de que "las urnas van a castigar a EH Bildu porque se han dado cuenta de cómo lo han hecho", agrega.

En cambio, desde el actual equipo gobierno se combate con hechos la implantación de "un modelo diferente de hacer política, incluso en tiempos de crisis", como recuerda cada vez que puede Izagirre. "Hemos conseguido introducir al vecino en las decisiones del Ayuntamiento, que esté presente en aquellas iniciativas que le son de su interés y le afectan", añade. Y como ejemplo paradigmático recuerda el proceso para reconducir en Martutene la canalización de las aguas que tantas pérdidas han causado con sus frecuentes riadas. "Han participado como una parte más en la realización del proyecto", enfatiza.

El PNV recuperó su electorado en las autonómicas y confía en mantenerlo 

Pero la oposición lamenta que "nos ha olvidado". En la candidatura socialista recuerdan que "nos ha llamado solo cuando le ha interesado", en alusión al alcalde. En realidad, la distancia ideológica entre Bildu y el resto se ha ido ensanchando conforme avanzaba el mandato. Además, la puesta en escena de algunos gestos políticos como los interminables plenos y la doble vara de medir en algunos debates han enrarecido las relaciones.

"Todo empezó con mucha tensión" en referencia al inicio de la legislatura. Entonces, PSE-EE y PP se sintieron molestos por "la falta de arrojo democrático" del PNV para unir sus votos y descabalgar de la alcaldía a Bildu, vencedora inesperada en unos comicios celebrados en plena efervescencia de su reciente legalización. Los nacionalistas, al igual que en las Juntas Generales, hicieron oídos sordos sobre todo porque habían encajado una severa derrota. La coalición abertzale aventajó en casi cinco puntos al PNV y en casi dos a los socialistas que habían gobernado con Odón Elorza en los veinte años anteriores. Izagirre ha gobernado en solitario con ocho concejales, uno más que el PSE-EE.

Ahora, ya nada se antoja igual. La oposición asegura que "la ciudadanía pide un cambio porque la ciudad no puede seguir paralizada". Posiblemente se ha reactivado el sustrato sociológico de una capital donde las posiciones soberanistas nunca habían sido mayoritarias, aunque coincide con las expectativas electorales más bajas de socialistas y populares.

El PSE-EE, no obstante, siente la liberación política de que Podemos está ausente en San Sebastián y ahí fundamenta sus esperanzas. Además, la inclusión de independientes es entendida por Gasco como "un reflejo" de su apuesta y de la "conexión" del partido con la sociedad donostiarra, que ha permanecido cortocircuitada en las últimas elecciones. Hasta cinco independientes figuran en la candidatura socialista, en la que sobresale como número dos exedil de Alternatiba Duñike Agirrezabalaga. Junto a ellas, el exconcejal de EA Harkaitz Millán, Marisol Garmendia, actual concejal socialista, Begoña Palos, técnica en materia de comercio, y Fernando Román, perteneciente al movimiento vecinal del barrio de Txomin.

Los populares, en cambio, tratan de capear el temporal al que se exponen por los efectos derivados de la acción del Gobierno Rajoy en la situación económica, el bajo conocimiento todavía de su nueva candidata y los puñales internos cruzados durante la elección de su nueva cabeza de lista. Miren Albistur sabe el riesgo que asume y su principal consolación será que Izagirre no continúe como alcalde.

Así las cosas, toda la responsabilidad para el cambio real recae en el PNV. Los nacionalistas manejan desde hace semanas la fundada sensación de que van a ganar en San Sebastián. En su análisis incluyen el lógico desgaste de Bildu en el Ayuntamiento y "el hartazgo de su estilo, de su imposición". Y lo acompañan de la referencia más propicia que suponen las últimas elecciones autonómicas de 2013, donde los nacionalistas fueron el partido más votado en la capital guipuzcoana. La rehabilitación en las urnas fue notable porque aumentaron casi 11 puntos con relación a las locales. En octubre de 2012, EH Bildu se quedó en el 21,99 %. Como gusta recordar a la candidatura de Goia, el PNV fue la opción más votada en la mayoría de los barrios, principalmente en el Centro y el Antiguo, mientras apenas seis votos le separaron de la coalición soberanista en la Parte Vieja, escenario durante décadas del radicalismo.