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Operación pionera en Vall d‘Hebron para alargar el duodeno a un niño

La técnica permite que menores sin intestino puedan alimentarse sin nutrición artificial y ayuda a evitar el trasplante

El Dr. Javier Bueno y la Dra. Susana Redecillas con dos de los pacientes intervenidos.
El Dr. Javier Bueno y la Dra. Susana Redecillas con dos de los pacientes intervenidos.

Médicos del hospital Vall d'Hebron de Barcelona han conseguido poner en práctica una técnica pionera en el mundo de alargamiento de duodeno en niños. El equipo de cirugía digestiva y trasplantes del servicio de cirugía pediátrica ha realizado con éxito la primera intervención para alargar el duodeno a un niño de siete años que padecía el síndrome del intestino corto —una enfermedad que impide la absorción y digestión de los nutrientes necesarios debido a la pérdida de un segmento importante del intestino delgado—. El menor, que pasó toda su vida conectado a una máquina que le administraba alimento por vena, ya puede comer de forma autónoma.

Álex, el niño operado con esta novedosa técnica, ingresó por primera vez en el Vall d'Hebron con una torsión del intestino delgado que le provacaba una necrosis intestinal cuando tenía un mes de vida. Fueron necesarias 18 intevenciones para extirpar todos los segmentos de intestino que le dejaban de funcionar. Sólo le quedó el duodeno y una parte del intestino grueso. "El síndrome del intestino corto es una enfermedad rara. Suele desarrollarse, en un 80% de los casos, en período neonatal y, por catástrofes intestinales, el 20% acaba con una insuficiencia intestinal irreversible", explica el jefe del servicio, Javier Bueno.

Los niños con esta enfermedad viven pegados a una máquina de alimentación artificial a la espera de un alargamiento intestinal o un trasplante. El problema, explica Bueno, es que "la nutrición parenteral es un tratamiento paliativo" y no soluciona la patología de base. De hecho, la alimentación artificial puede generar, además, muchas complicaciones a nivel hepático o infeccioso, que acaban por sumar a la necesidad de un trasplante intestinal, otro hepático o renal.

En el caso de Álex, las soluciones que tenían a mano los facultativos tampoco eran factibles. Por un lado, las técnicas clásicas de alargamiento intestinal exigían, como mínimo, un segmento del intestino delgado que Álex no tenía. Ninguno de los métodos descritos por la comunidad científica contemplaban el uso del duodeno —la única parte del intestino que le quedaba el niño— debido a las complicaciones quirúrgicas que supone abordar este segmento. "Tiene una vascularización compartida con el páncreas y una relación con los conductos biliares que podrían resultar dañados por la intervención y eso sería muy grave", apunta Bueno.

Tampoco la opción del trasplante era viable. Los facultativos relegan el trasplante intestinal a "situaciones en las que haya problemas con la nutrición parenteral", debido al alto riesgo de rechazo que tiene este órgano. "Es una zona colonizada por bacterias y hay más riesgo de rechazo porque el paciente está más inmunodeprimido. La tasa de mortalidad es mayor", explica el jefe del servicio.

Así, los médicos de Vall d'Hebron idearon una variante técnica a los métodos de alargamiento intestinal descritos para que también se pudiese practicar en el duodeno. El niño fue operado en 2013 y, aunque sufre una insuficiencia renal a consecuencia de un fallo multiorgánico que sufrió en los años en que estuvo conectado a una máquina para alimentarse, ya no precisa nutrición artificial ni ningún dispositivo alimenticio extra. 

El equipo médico que ha intervenido a Álex también ha operado con la misma técnica a otros dos niños y prevén que se puedan beneficiar un 40% de los menores que sufren el síndrome de intestino corto. Su operación, pionera en el mundo, será publicada en la revista científica Journal of Pediatric Surgery.