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El 17 de enero se reanuda la búsqueda de los restos del escritor centrada en la cripta de las Trinitarias. Un equipo de 22 especialistas examinará el contenido de 33 nichos en el convento madrileño

Trabajos realizados en abril dentro del convento madrileño para localizar los restos de Miguel de Cervantes.
Trabajos realizados en abril dentro del convento madrileño para localizar los restos de Miguel de Cervantes.

El próximo 17 de enero se reanudan los trabajos para la localización de los restos mortales del escritor Miguel de Cervantes Saavedra en la cripta del convento de las Trinitarias del Barrio de las Letras, donde el genio fuera enterrado tras su fallecimiento, en 1616. Así lo confirman fuentes municipales y técnicas vinculadas a la actuación.

Una vez culminadas las fiestas navideñas que, a petición de las religiosas que habitan en el monasterio, han supuesto una tregua en las investigaciones, tendrán lugar a lo largo de enero las principales tareas de la segunda etapa de este proceso, tras la realización de un detallado examen del subsuelo del templo mediante georradar e infrarrojo. El Ayuntamiento de Madrid financia con 50.000 euros esta segunda fase, que se centrará en la investigación de los enterramientos en los nichos de la cripta del convento, bajo criterios forenses.

El equipo de forenses, anatomopatólogos, osteoarqueólogos, antropólogos, biólogos, expertos en identificación de ADN, así como arquitectos, topógrafos, más un miembro del Instituto de Estudios Científicos en Momias y un conservador del Museo del Traje estará encabezado por Francisco Etxeberría, especialista en medicina forense de la Universidad del País Vasco y presidente de la Sociedad de Ciencias Aranzadi. Luis Avial, técnico experto en georradar y director de la empresa Falcon High Tech, dirigió la primera etapa de la exploración indagatoria, que realizó una radiografía muy completa del subsuelo del templo conventual. Etxeberría y Avial contaron, a su vez, con la asesoría del genealogista Fernando de Prado copromotor, con ambos, de la investigación.

El 17 y 18 de enero, se procederá a la limpieza de la cripta, así como a la retirada de basura acumulada durante décadas y a su ventilación e iluminación.

La ubicación exacta del lugar de la inhumación de Miguel de Cervantes se desconoce, si bien se sabe que sus restos, así como los de su esposa, Catalina de Salazar y Palacios, 18 años menor que él, sepultada en 1626, si bien fueron tal vez trasladados de un lugar interior a otro —presumiblemente el suelo del altar de la Inmaculada del templo monacal— en torno al año 1673, no fueron sacados del actual perímetro conventual, que aloja un monasterio de religiosas de clausura de la orden Trinitaria y un templo abierto al culto.

La cripta tiene una extensión de 10 metros de longitud por 6 de anchura y está situada a 4,80 metros de profundidad bajo la iglesia del monasterio, donde fueron sepultados, en nichos, hasta 33 difuntos, en su mayoría monjas, vinculados a la orden Trinitaria a partir de 1612.

Según fuentes técnicas, los nichos serán examinados con georradar y termografía infrarroja y NBDI. Posteriormente, los restos hallados serán examinados someramente, ya que las peculiares características que se atribuyen a la osamenta de Cervantes —mandíbulas plenamente desdentadas, huesos metacarpianos de la mano izquierda atrofiados e impacto de arcabuz en el esternón— en el caso en que se conserven en tal configuración, permitirán descartar casi a simple vista los que no concuerden con tales rasgos.

En muchos casos, según explicó en su día el forense Francisco Etxeberría, director de esta fase de investigación, no será siquiera necesario abrir propiamente el nicho, ya que se prevé la utilización de microcámaras de visión, artificios muy semejantes a los empleados en las endoscopias clínicas, que tras ser introducidos por ranuras de apenas un centímetro de diámetro exploran visualmente el interior de recintos estancos con resultados óptimos.

De los vestigios óseos y textiles detectados, que serán fotografiados y filmados para su conveniente documentación, interesan más aquellos que se encuentren desordenadamente dispuestos, ya que se considera la hipótesis de un traslado interior de osarios en el mismo monasterio en torno al año 1673.

De no encontrarse evidencias fundadas entre los 33 nichos de la cripta, examinados a partir del 24 de enero, una nueva actuación se encaminará hacia un enclave situado bajo un altar lateral del templo, donde las pesquisas con georradar detectaron una disposición espacial muy relevante.

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