Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Garoña, 45 años después

El autor critica que mientras en el resto del mundo gana la tesis de que la controversia nuclear es esencialmente ética y política, el Gobierno español la considera "técnica"

Quizás la reciente catástrofe nuclear de Fukushima (Japón, 11/3/2011) represente el último aldabonazo para el abandono de la alternativa nuclear en el planeta. Así parece que lo ha entendido la Alemania de Angela Merkel que, recientemente, confirmó la paulatina cancelación de todas sus centrales nucleares (17) para los próximos ocho años después de leer las conclusiones de una Comisión Ética, multidisciplinar, plural, de personas con reconocido prestigio social en Alemania, formada tras la catástrofe japonesa. Todos entendieron que la controversia nuclear es esencialmente ética y política. Pues bien, en el Estado Español Dolores de Cospedal, alto representante del Gobierno y relevante miembro del PP, opinaba sin embargo que la cuestión energética nuclear es “técnica”. Y con esta lectura proponen alargar la vida de centrales nucleares como Garoña, Trillo… hasta los 60 años —Garoña es la central nuclear más vieja de Europa—.

Hay que recordar que la “vida útil” con la que se construyó la central hace 44 años estaba estimada en 25 o 30 años. Pretender pues, alargar su vida 17 años más con un riesgo probabilísticamente cada vez mayor que, en caso de catástrofe, afectará a todas las Comunidades Autónomas de su entorno y a todas las comarcas agrícolas de la cuenca del río Ebro hasta el Mediterráneo, es absolutamente irresponsable, entendible solo desde la insaciable y ciega voracidad del capital (Endesa e Iberdrola). Hoy aún, los 48 reactores que tiene Japón permanecen semicerrados tras la decisión del Primer Ministro japonés Naoto Kan de que “Japón debería alejarse de la energía nuclear y algún día renunciar totalmente a ella”. Ignorar esta reflexión, como ignorar la actitud de Alemania, es suicida. Fiarse y condicionar la decisión a lo que afirme Nuclenor o el cuestionado Consejo de Seguridad Nuclear es una amarga ironía.

El generalísimo Franco quiso sembrar el norte de centrales nucleares”

Las grandes operadoras, poderes fácticos desde el franquismo, parecen seguir haciendo lo que quieren. Alemania, por el contrario, ha tomado ya la firme decisión de ir cerrando sus centrales nucleares. Antes ya Italia, Austria, Suiza…votaron en referéndum el abandono de la energía nuclear, después del accidente catastrófico de Chernobyl (Ukrania, 1986). Son ya 13 los países de la CE que no disponen de centrales nucleares, y muchos más en el resto del planeta. El movimiento antinuclear durante la década del 70 y hasta 1983-1984 —moratoria nuclear en el Estado decretada por el Gobierno de Felipe González— entendió ya entonces, que se trataba de un riesgo inasumible. Fue el Generalísimo Franco el que pretendió sembrar el norte de la península de centrales nucleares con los proyectos de Garoña, Lemoiz, Ea-Ispaster, Deba, Tudela, San Vicente de la Barquera…

Desgraciadamente la lucha antinuclear en Euskadi tuvo víctimas”

Pero aún más grave es el hecho de que la gran mayoría de las fuerzas políticas y sindicales de la época: AP, PC, PSOE, PNV, CC OO, UGT… aceptaran, con la boca grande o pequeña, la alternativa energética nuclear… pues era “el precio que había que pagar por el progreso”… ¡Qué trágica ironía! La lucha antinuclear en Euskadi contribuyó poderosamente a la paralización de otros proyectos en el Estado y en Europa. Y en 1984 el Gobierno de Felipe González decretó finalmente la moratoria nuclear. Desgraciadamente la confrontación tuvo víctimas, consecuencia de expresiones de violencia que nunca debieron instalarse en la racionalización y resolución que insistentemente demandó el movimiento social durante muchos, muchos años. Hoy ya, la alternativa nuclear carece de futuro. Las energías renovables, con sus características socio políticas, territoriales y éticas son, inequívocamente, el rumbo obligado del nuevo modelo energético sostenible.

No son una opción sino una necesidad, por motivos medioambientales. Es en este contexto cuando resulta lacerante el intento de reactivar Garoña. Esa central representa pues, con la decisión de alargar su vida ¡hasta los 60 años!, un riesgo inasumible, un disparate que amenaza a su amplio entorno y al riego agrícola de toda la cuenca del Ebro hasta el Mediterráneo. El Gobierno Español cree, sin embargo, que es asumible y que se trata de un problema “técnico” y no social y, en consecuencia, político.

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