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Votar por el 9-N después del 9-N

La Generalitat deja las urnas abiertas en ocho centros hasta el 25 de noviembre

Decenas de personas hacen cola en Barcelona para votar.
Decenas de personas hacen cola en Barcelona para votar.

El 9-N ha acabado pero el proceso para pronunciarse sobre la independencia de Cataluña seguirá sumando votos hasta el próximo 25 de noviembre. Quienes voten en los próximos 15 días, pues, lo harán conociendo ya los resultados de la consulta.

La primera jornada de este periodo de extensión arrancó este lunes con colas de hasta medio centenar de personas en el céntrico paseo de Gràcia, en Barcelona. Aguardaban para depositar su papeleta en las urnas instaladas en el Palau Robert, uno de los ocho centros repartidos en las cuatro provincias catalanas donde la consulta alternativa del Gobierno de Artur Mas se mantendrá activa dos semanas más.

Entre los rezagados está Jordi Zamorano, un pensionista de 69 años que vive en Argentina desde hace cinco. “He cuadrado la visita a mis hijos con el 9-N. Aunque para mí, esto es poco. Yo quiero una declaración unilateral de independencia”, asegura mientras avanza en la fila arrastrando su maleta. Llegó de Buenos Aires el viernes y está de paso por Barcelona, donde ha hecho tiempo para ir a votar antes de subirse a un tren rumbo a Girona. “Soy un nacionalista muy antiguo, de esos a los que llamaban rojos separatistas”, dice con una sonrisa de complicidad. Afirma estar cansado de explicar a sus amigos argentinos por qué quiere dejar de ser español: “No lo acaban de entender. Si tan bien les parece, que desarmen su república y se hagan súbditos del Rey otra vez. Ellos tuvieron su independencia hace 200 años mientras nosotros perdimos nuestra libertad hace 300”.

El plazo de 15 días estaba pensado en un principio para dos casos especiales. Primero, para quienes, como Zamorano, fueran catalanes residentes en el exterior pero estuvieran de visita en la comunidad. Segundo, para quienes no tuvieran una dirección catalana en su DNI —requisito que se exigía para votar el domingo— pese a estar empadronados en Cataluña. Después de que la consulta fuera invalidada por el Tribunal Constitucional, este periodo de extensión se abrió a todos los que no pudieran ir a las urnas el 9-N.

El Palau Robert tuvo que ampliar de cuatro a siete sus urnas pocas horas después de abrir. Es el único centro de participación en Barcelona y el lunes, la mayoría de los que hacían fila a sus puertas eran habitantes de esta ciudad que no votaron el día anterior por estar fuera o por falta de tiempo. Como Prince Antwi, un ghanés de 43 años que ha vivido en Cataluña los últimos 15 y que tuvo que trabajar el domingo. “La cosa va muy mal desde hace años. Vengo a votar para que cambie”, asegura este cocinero mientras muestra con orgullo su DNI español. Cuenta que tenía una vivienda de la que fue desahuciado en 2008, tres años después de haberla comprado. “Me vi obligado a mandar a mi hijo a mi país. Con la independencia todo irá mejor, incluso para los que somos de fuera porque aquí la gente trabaja más”, opina.

Vestida con una camiseta amarilla de la campaña Ara es l’hora (Ahora es la hora), Montserrat Celma, de 35 años, ha venido a votar desde Igualada, a 67 kilómetros de Barcelona. “Me mudé hace poco desde Barcelona y no me ha dado tiempo de ir al padrón aún”, explica. A su madre, Teresa Descarrega, también le separaba un trayecto de más de una hora en tren de su centro de votación. Pero hizo el esfuerzo de recorrerlo para poder votar el mismo 9-N. “Yo he tenido que vivir el Cara al sol así que imagínate lo que significa para mí esta consulta”, asegura emocionada. “Mi padre estuvo en la cárcel por estar en el otro bando, así que lo he sufrido en mis carnes”, recuerda. A sus 70 años, no cree que llegue a ver “una Cataluña libre”, pero se ilusiona con la idea, aunque le dé uno que otro dolor de cabeza: “Mi marido es del PP y siempre quiere discutir. Yo le digo que callado se ve más guapo”.

A pocos metros, Tamaanant Oualt, una marroquí de 47 años, hace por tercera vez la cola para votar por el sí-sí. No pudo depositar su papeleta en la urna el día anterior porque asistió al colegio equivocado y ya era demasiado tarde para ir al correcto. El lunes, tuvo que volver a casa a por el pasaporte porque en el Palau Robert le dijeron que el NIE no era suficiente. En un escaso castellano cuenta que lleva 12 años en Cataluña y trata de explicar por qué está a favor de la independencia. Dos desconocidas se exasperan y zanjan la conversación con un par de gritos: “¿Qué más da si sabe por qué va a votar? Lo que importa es que lo haga por el sí”.

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