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JEN RAE Y ADAM PRICE | Miembros de la agencia de innovación NESTA

“Lo más importante es controlar las áreas que ayuden a avanzar”

Expertos en innovación en países pequeños, consideran que la independencia es un argumento diferente al de la capacidad de crecer

Jen Rae, miembro de la agencia británica de innovación Nesta.
Jen Rae, miembro de la agencia británica de innovación Nesta. EL PAÍS

“La apuesta por desarrollar la innovación al lado de la cooperación hace al País Vasco único”. Así ve Euskadi Jen Rae, investigadora de la Agencia de Innovación del Reino Unido, Nesta, sin ánimo de lucro, que en su estudio Small is Beautiful(Lo pequeño es hermoso) reivindica la capacidad de innovar de territorios de poca envergadura como Estonia, Finlandia, Singapur, Israel y, también, el País Vasco. “Todos estos países comparten una fuerte misión e identidad nacional que les hace tener un propósito colectivo”.

Euskadi, sin embargo, es el único de los territorios estudiados que no es un Estado. “No hemos estudiado si su posición política supone un factor, pero lo más importante no es ser independiente sino tener el control sobre las áreas legislativas sirvan para empujar un mayor crecimiento”. La independencia, en su opinión, es un “argumento diferente” al de la capacidad de innovar y avanzar.

Lo más importante en los países analizados es que “conocen su dirección y tienen el poder y la habilidad de hacer esos cambios. Eso es lo que se preguntaba Escocia, ¿necesitamos ser independientes para hacerlo?”, explicaba esta escocesa durante unas jornadas organizadas en colaboración con el centro de investigación Agirre Lehendakaria, presidido por el ex lehendakari Juan José Ibarretexe para estudiar y proyectar la transformación de Euskadi.

“El País Vasco ha hecho mucho progreso. En los ochenta se encontraba en un estado económico severo, por culpa de la crisis industrial, y ahora es un modelo internacional”, reconoce su compañero, el galés Adam Price, que también ha estudiado el caso vasco como parte de una nueva red de colaboración entre Gales y Euskadi, apoyada por la UPV, para crear nuevos acuerdos en materia de innovación. “Euskadi se comprometió con un objetivo a largo plazo, pero no se puede relajar. Tiene que seguir promocionando la innovación para hacer avanzar la dañada economía”.

En su estudio, los investigadores destacan, además, el cooperativismo —con ejemplos como la Corporación Mondragón— como una particularidad en el campo de la “innovación social” vasca que no han encontrado en el resto de los casos.

“Ser pequeño se convierte en una cualidad. Todo está conectado y es más fácil acercar a los diferentes agentes. Es más fácil fijar y dar con el objetivo”, explica Rae, que señala a la agencia de innovación Innobasque como un modelo. “Reúne a diversos grupos de expertos para conectarse y llegar a un acuerdo en acciones concretas, incluyendo unos mejores servicios públicos”, apunta el estudio, que destaca la inversión de más de mil millones realizada entre 1997 y 2006.

Ambos coinciden, asimismo, en la importancia de que un Gobierno se vuelque con este tipo de procesos. “Lo importante en realidad no es que sea un Estado mayor o menor, pese a las cualidades observadas de los segundos. Lo importante es que sea un Estado inteligente”, apunta Price, señalando, eso sí, que los pequeños no siempre saben hacer lo adecuado, como se ha visto en las recientes crisis económicas de Irlanda e Islandia. “A veces la soledad de convierte en el problema. Hace falta conectividad”, el networking al que se refieren constantemente.

“Los países más innovadores comparten una misión nacional”

“El Estado siempre va a jugar un rol importante, aunque no sea epicentro. Es el que marca la dirección, crea las condiciones apropiadas y actúa como catalizador. No debe ser únicamente el que aporte el dinero”.

“Uno de los problemas es que los políticos no saben explicar lo que es la innovación, y no saben desarrollar objetivos a largo plazo”. Pese a la importancia en nuestra sociedad de expresiones como innovación, la proliferación de empresas start-ups o de todo lo relacionado con el mundo de la tecnología digital, que ha empujado un mercado económico en EE UU o Finlandia que hace una década era inexistente, Price reconoce que todavía es difícil explicar para qué sirve innovar. “Sigue siendo complicado en una cena decir que trabajas en el mundo de la innovación”, bromea.

Aun así, el coordinador de Nesta, co-fundador también de la empresa de conocimiento Ideoba y antiguo miembro del grupo independentista de Gales, trata de explicarlo: “Aunque no lo parezca en abstracto, al impulsar nuevas ideas nos enfrentamos a problemas reales. La innovación social ha pasado a ser parte fundamental, y es popular aunque no lo sepamos. A largo plazo, crea puestos de trabajo y hace mejorar la economía”.

En Nesta, los dos trabajan para tratar de explicar que la innovación ha ayudado al desarrollo económico del Reino Unido y otros países. Sus informes abarcan todo tipo de campos, desde la transformación de los parques a un estudio sobre lo que aporta la industria del videojuego al país.

“Tenemos un problema de productividad y paro en la UE. La innovación y la modernización de las industria es lo que debe salvarnos”, apunta Price. “Como demuestran los centros Tecnalia o ik4, eso ya está en el ADN de Euskadi, como lo está en el de Finlandia o Dinamarca. El reto es mantenerlo en un tiempo donde las condiciones no son las mejores”.