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EXTRA NOU D'OCTUBRE

Miradas decididas a un paisaje abatido

En plena crisis y con falta de recursos, los valencianos adoptan estrategias para sacar adelante proyectos con los pies en tierra e incluso un optimismo “que no es ingenuo”

La bailarina y profesora Clara Barberá realiza un paso de danza en el paseo interior de la Ciudad de las Ciencias de Valencia. Ampliar foto
La bailarina y profesora Clara Barberá realiza un paso de danza en el paseo interior de la Ciudad de las Ciencias de Valencia.

Maestra de primaria comprometida con su oficio y con los movimientos de Renovación Pedagógica, Inma Coscollà recuerda un alumno que, al pedirles que expresaran los deseos de inicio de curso en 2013 eligió que “se marchara la crisis”. Era un concepto que no entendía muy bien pero sabía que “bueno no era”. Muchos adultos tampoco la entienden, aunque igualmente “quieren que pase” la crisis. ¿Mientras tanto, qué?

Deseo de inicio de curso de un niño: "Quiero que se marche la crisis"

Mientras tanto, muchos valencianos, conscientes de la situación, asumen responsabilidades y despliegan energía para salir adelante en un paisaje abatido pero no exento de posibilidades. He aquí algunos ejemplos. ¿Qué hace una maestra en un escenario de recortes y falta de recursos que afectan a la marcha cotidiana de la escuela; de aplicación de una ley “que no es educativa”, matiza Inma en referencia a la LOMCE, y de una “crispación social” que llega a los centros? “Una de dos, como maestra o te rebotas y dejas de serlo aunque hagas el trabajo de dar clase” o si no, “te haces más consciente de la responsabilidad que tienes en tu oficio de cara a la calidad de vida y de crecimiento de las criaturas que viven contigo, además de vivirlo en relación a las familias”. Con esta segunda opción, esta profesora de Paiporta (Valencia), en estos años duros ha llegado a sentirse “más maestra que nunca”.

Xavier Cantera, vicepresidente de FEAD. ampliar foto
Xavier Cantera, vicepresidente de FEAD.

Mientras tanto, se puede hacer también lo que Clara Barberá: “Cambié de ciudad, de país, de profesión y me hice freelance”. Con 15 años, dejó Valencia y se fue a Londres, donde se estabilizó como bailarina y coreógrafa. Regresó con 30 años, en 2010, cuando la situación comenzaba a descomponerse y mientras otros comenzaban a plantearse emigrar. “La gente me dijo que fuera con cuidado, que las cosas estaban difíciles, pero yo quería tirarme a la piscina, quería experimentar Valencia, mi ciudad, ya como adulta”, explica ante este comportamiento que contrasta con gente de su edad que ha emigrado. Tras estudiar un máster y “trabajar duro”, da clases de movimiento a los músicos en la Berklee College.

Apostar por las nuevas generaciones puede suponer un acierto

Un año después del regreso de esta bailarina, en 2011, Xavier Cantera decidió jubilarse. Aparte de estudiar teatro y cantar en la Coral Polifónica de Alzira, la idea era colaborar puntualmente en algún acto del sector de atención a la discapacidad, donde siempre ha trabajado y ostentado cargos directivos, entre ellos vicepresidente de FEAD (la Federación Empresarial de Entidades Titulares de Centros y Servicios de Atención a Personas con Discapacidad Intelectual), que aún ejerce. Pero sus planes han tenido que cambiar: “Nunca imaginé que trabajaría tanto una vez jubilado”. Cuando Xavier se retiró, tal y como las entidades sociales tenían “organizadas, diseñadas y subvencionadas las cosas” podían llegar a “pensar que 2012 sería un año redondo”. Pero no. Todo se torció ese año. “Comenzamos a tener recortes, falta de financiación...”. Y esa plácida jubilación dio un giro sustancial. Como la de tantos otros.

Fue en 2011-2012 cuando se produjo el salto más significativo en las cifras de emigrantes nacidos en España, según los datos estadísticos del INE. Muchos jóvenes investigadores se fueron. Otros se resistieron. “He tenido la oportunidad de irme, pero he preferido quedarme”, confesaba un doctor alicantino contratado gracias al programa Juan de la Cierva en una reciente jornada de jóvenes investigadores. “Queremos seguir formando parte de grupos potentes de investigación que hay en la Comunidad Valenciana”,destaca como ideal Irene de Higes, presidenta de la asociación Joves Investigadors. “Salir e investigar en el extranjero es bueno, siempre con la idea de retorno”, puntualiza. De Higes, como muchos otros, se quedó en paro tras la beca predoctoral. Ahora, ha conseguido un puesto de profesora asociada en su universidad, la Jaume I de Castellón. “No es lo ideal, pero es una manera de que los investigadores sigamos aquí, si bien hay que compatibilizar este trabajo con otra actividad profesional”.

Inma Coscollà, maestra de primaria. ampliar foto
Inma Coscollà, maestra de primaria.

Los jóvenes investigadores buscan una estabilidad que “no implica ser funcionario”. De Higes recuerda que la inversión en investigación en la Comunidad es casi solo pública y sigue bajo mínimos, por lo que hay camino por recorrer “si la industria valenciana se conciencia para aprovechar el potencial y el conocimiento de los investigadores que se forman aquí para su negocio”.

Parecida es la forma de pensar de la joven diseñadora Pepa Salazar (Valencia, 1990), que incorporó tecnología e innovación valenciana para su última colección Hyperdry, gracias al premio Samsung Innovation Project. Afincada en Madrid, era la segunda vez consecutiva que obtenía este galardón. En plena crisis. “La preparé entre Madrid y Valencia, porque la empresa con que la decidí trabajar está en Alcoi”. Se trata de Aitex, un instituto tecnológico con el que Salazar trabajó para que, por ejemplo, sus vestidos cambiaran de color al caerles agua encima. Como diseñadora novel que descuella en su generación, lamenta lo “complicado que a veces resulta producir, la mayoría de las empresas no suelen mostrar interés”. Sin embargo, está convencida de que “puede suponer un acierto apostar por las nuevas generaciones”. Recuerda que en Valencia “siempre ha habido mucha industria textil, hay medios”; pero “lo importante es generar negocio, tener una industria competente, de calidad, capaz de responder a las necesidades del mercado, y adaptarse a las exigencias tecnológicas actuales”.

Las cosas estaban difíciles pero volví para vivir Valencia como adulta

La coreógrafa y bailarina Clara Barberá considera éste “un momento clave para abrirnos hacia afuera, como un destino cultural en Europa”. Conectada en la Berklee con un mundo global a través de alumnos de 30 países diferentes que “viven la ciudad intensamente” y de sus colegas del Moviment Collective, con sede en Londres, piensa que “hay que adaptar modelos que hayan funcionado fuera, personalizarlos y darle vueltas a la cabeza para con los recursos disponibles generar cosas nuevas”.

Los recursos, una vez más. Su escasez no está reñida con la innovación y el movimiento. La maestra Inma Coscollà, con una larga experiencia en la innovación pedagógica, constata que durante muchos años “se ha puesto el acento en la calidad con los recursos que se iban consiguiendo, tanto en lo laboral como en dotación”. Todo el mundo reconoce que eso favorece el ejercicio del oficio. “Pero en una época en que eso comienza a hacer agua, la calidad de lo que vivimos y lo que pase está no tanto en los recursos, aunque haya que salir a la calle a exigirlos, sino en poner el acento en la construcción de la relación educativa, de lo que se vive dentro del aula”.

Con esta crispación o te rebotas o te haces más maestra que nunca

Inma Coscollà, profesora

Coscollà anota un fenómeno que ha advertido en estos años, aunque no esté relacionado directamente con la crisis en curso. “La sociedad en general ha mejorado en su implicación” en la tarea educativa, subraya, “tanto por parte de las madres, que es lo histórico, como de los padres, que es lo nuevo”. Esta implicación es útil para que la calidad del proceso educativo “dependa más de lo que somos que de lo que tenemos”. Asegura que en estos últimos años difíciles, en que muchos colegas de oficio “han perdido la ilusión por la falta de recursos o por la crispación social”, ha llegado a sentirse “más maestra que nunca”.

Reducción de subvenciones en un 30%, retraso en los cobros de éstas y aplicación del copago a las familias con personas discapacitadas. Son las principales mermas de recursos que cita Xavier Cantera, en un contexto en que, según un estudio del sector asociativo al que pertenece, estas familias tienen un sobrecoste superior a los 19.000 euros anuales, dependiendo del grado de discapacidad.

Irse a investigar al extranjero es bueno, pero con la idea del retorno

Hasta la jubilación, Xavier Cantera ha sido durante 36 años director de Adispac (Asociación Pro-Discapacitados de Alzira y Comarca), que hoy atiende a 60 personas con discapacidad y tiene 130 socios. “La crisis y los recortes nos han obligado a muchos a estar más activos como voluntarios, para ayudar a las entidades a alcanzar un nivel de calidad digno”. Cantera explica que su asociación, no solo los miembros jubilados como él, sino también “padres y madres, tienen que hacer cada vez más cosas para obtener fondos”, hasta el punto de llamar a puertas que “nunca” habían imaginado, como recurrir a préstamos personales de las familias, para funcionar y pagar las nóminas. O recurrir a “algo que creíamos superado, como pedir limosna”. Tener que montar un mercadillo gastronómico un sábado, con productos elaborados por las familias, “para sacar 600 o 700 euros”, a este veterano gestor social diplomado en Sociología Aplicada le recuerda los años sesenta.

Todo, para mantener unos “mínimos”, ya que “nuestro centro no ha renovado las instalaciones en años y tiene solares regalados por el Ayuntamiento para hacer una residencia y un centro de día que están parados”, lamenta Cantera. Con todo, estos años el movimiento asociativo ha desarrollado programas con los que ha conseguido un “mayor nivel de participación” de las personas discapacitadas. Y eso les ha proporcionado “más visibilidad social” tanto por sus actividades, como por las protestas de estas personas, a través del “movimiento Discapacidad en Marcha, que ha llevado a los discapacitados a la calle para exigir sus derechos”. Cantera destaca el “gran potencial de la economía social valenciana” y cree que el movimiento asociativo saldrá de la crisis “reforzado en su carácter reivindicativo y de defensa de los derechos de las personas con discapacidad”.

También en investigación, “la principal fortaleza es la gente en sí misma, que quiere hacer cosas y quiere hacerlas aquí, moviendo los hilos que sea necesario”, asegura Irene de Higes, presidenta de Joves Investigadors. La principal debilidad está en que “la buena valoración social de los científicos que reflejan las encuestas no se traduce en una exigencia de que invierta más y se fomente la investigación”.

Nunca pensé que al jubilarme trabajaría tanto

A Pepa Salazar le “preocupa la opinión pesimista y acomplejada que” los valencianos tienen “sobre su competitividad y profesionalidad”, porque “no ayuda en absoluto a salir de la crisis”.

Desde Londres, la bailarina Clara Barberá veía en su tierra natal “un potencial creativo espectacular”. A su vuelta a casa, detecta un “tejido de gente creativa y moderna que tiene una visión de Valencia hacia afuera y no solo hacia adentro, con ganas de hacer cosas y jugar con lo que ya tenemos”. Esta bailarina y profesora reconoce que “queda mucho por hacer”, pero cree que esto es positivo porque “cuando todo está hecho, ¿cómo innovas?”.

La mirada al futuro de la maestra Inma Coscollà es “optimista sin ser ingenua”, porque hay “más buenos maestros que maestros desgastados por la situación” y hay “más implicación de las familias que antes”. Considera que es su responsabilidad “aportar plenitud en la relación con las familias y con las criaturas”, para no trasladar “esa sensación de despago y ansiedad que puede existir”. Si las actuales condiciones políticas y sociales “parecen cuestionar el oficio de maestra” Coscollà contrapone una frase de su maestro el pedagogo Gonzalo Anaya: “A ver, ¡tanto sistema educativo, tanto sistema educativo! Cuando tú entras por la puerta de un aula y miras a los ojos de una criatura que espera de ti que seas su maestra, esos ojos te hacen maestra, por la confianza que pone en ti y por la autoridad que te regala”.