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Jordi Pujol, el repudiado

Militantes de Convergència afirman estar de “luto” por la confesión del expresidente

“No puedo ni salir de casa”, reconoció hace unos días Jordi Pujol en una llamada a Manuel Cuyàs, el veterano periodista que años atrás le ayudó a publicar sus memorias. Desde que hace 20 días confesó haber tenido durante más de tres décadas una fortuna en el extranjero sin declararla a Hacienda, el expresidente de la Generalitat vive recluido en el Pirineo catalán. Su única compañía es la de su mujer, Marta Ferrusola, y las visitas esporádicas de algunos hijos, que le han abierto las puertas de sus respectivas segundas residencias.

El gran ausente en Prada de Conflent

Clara Gil

La 46ª edición de la Universidad Catalana d’Estiu (UCE) arranca hoy marcada por la ausencia del expresidente de la Generalitat Jordi Pujol, que excusó el 16 julio su asistencia a este simposio académico que se celebra cada año en Prada de Conflent (Francia). Pujol canceló su presencia nueve días antes de emitir —el 25 de julio— el comunicado en el que confesó que tenía una fortuna sin regularizar en el extranjero, y en plena vorágine de cómo gestionar un asunto que ya había trascendido a la prensa.

Fiel a la Universitat Catalana, un foro independentista por el que suelen desfilar todos los veranos numerosos dirigentes políticos catalanes, Pujol tenía previsto en su agenda participar en dos actos. El primero era una conferencia, dentro del ciclo 2014, año cero, titulada De dónde venimos ; el segundo, un acto sobre el papel que la inmigración extracomunitaria juega en el proceso soberanista, coincidiendo con los 50 años de la publicación de Els altres catalans (Los otros catalanes), de Francesc Candel.

Tras la explosión secesionista, la UCE se ha erigido en un foro donde cada verano se pulsa el estado de forma del soberanismo. La edición de este año está marcada por el referéndum que el presidente catalán, Artur Mas, quiere celebrar el 9 de noviembre, y por dos efemérides: los 300 años de la caída de Barcelona en la Guerra de Sucesión y el centenario de la Mancomunitat, la primera institución catalana de autogobierno tras aquella derrota de 1714.

El consejero de Cultura, Ferran Mascarell, inaugura hoy esta tradicional cita académica en la que participarán, entre otros, el número dos de Convergència, Josep Rull; Carme Forcadell, presidenta de la Asamblea Nacional Catalana (la entidad privada que convoca las movilizaciones de la Diada) y diputados de todos los partidos favorables a la consulta, como Dolors Camats (ICV) y David Fernández (CUP).

En Queralbs (Girona), donde se le ha visto los últimos 10 días, no es que no pueda salir de casa. Sale y lo hace cada día, pero choca con miradas turbadas e incómodas de los vecinos de un pueblo de apenas 200 habitantes que siempre se habían enorgullecido de compartir charlas veraniegas con el político catalán más destacado desde el franquismo. Muchos de estos vecinos, como las bases de CiU, “pujolistas de toda la vida”, aún se recuperan del “choque”. “Están tocados, más de lo que se preveía en un principio”, explica Cuyàs quien cree que ni el propio Pujol calculó bien el nivel de ira que generaría su confesión.

El president está hundido, dicen en Queralbs. Tiene cara de asustado. Y su mujer más, si cabe. Ella apenas contiene los nervios en público. El estado de ánimo de los Pujol va acorde con el que presentan las bases del partido, que ven al expresidente como mucho más que el fundador de Convergència Democràtica de Catalunya. “Nunca había hablado tanto de política como estos días”, admite Carles Banús, militante de Convergència desde hace 15 años y hoy alcalde de Tavèrnoles (300 habitantes).

Banús, ingeniero de 41 años, siempre se ha identificado con el ideario de Pujol porque entiende que va mucho más allá del de un político convencional. “Era mi referente, he leído sus memorias, ha hecho mucho por Cataluña y ahora aparece una mancha que, como mínimo, enturbia todo su discurso moral”, afirma. Reconoce que aún no ha evaluado hasta qué punto la confesión del patriarca puede invalidar su herencia política. Solo tiene clara una cosa: “Hablo con muchos convergentes de toda la vida y están de duelo”.

La percepción de este alcalde de pueblo no difiere mucho de la que explica Josep M. Mitjans, militante convergente de Castellví de Rosanes, una población de 1.700 habitantes. Sin embargo, él no tiene dudas de que lo que le ha pasado a Pujol es un asunto “puramente personal” y que no debe afectar a su trayectoria política. “Ahora todo el mundo quiere hacer leña del árbol caído, y no está bien”, dice. Aunque reconoce: “De haberle pasado a alguien de otro partido, probablemente nosotros [los convergentes] estaríamos haciendo lo mismo”.

Mitjans asegura que habla con normalidad del fraude de Pujol con los suyos. Al fin y al cabo en Cataluña se habla mucho de política desde hace dos años a raíz de la eclosión soberanista. Y el escándalo confesado por Pujol no ha hecho más que incrementarlo.

Mitjans se expresa mucho más claro que los dirigentes de Convergència, que hasta ahora se han limitado a valorar el caso Pujol en clave sentimental y han expresado su “dolor” y “consternación” sin admitir un daño real al partido. En opinión de este militante, lo de Pujol “afecta y afectará” al partido, más aún en vistas de unas elecciones municipales, las de 2015, que podrían verse eclipsadas por unas autonómicas en clave plebiscitaria sobre la independencia.

Los dirigentes de CDC  hasta ahora se han limitado a valorar el caso Pujol en clave sentimental sin admitir un daño real al partido

En los niveles intermedios del partido hay más esperanza en que en un futuro los catalanes —y los historiadores— acabarán por separar el Pujol político que “construyó” Cataluña tal y como es hoy del hombre que escondió una fortuna al fisco y que miró hacia otro lado mientras algunos de sus hijos se enriquecían con negocios poco transparentes y, a menudo, a la sombra de la Administración.

“Una vez pase la sorpresa inicial sabremos separar la historia del presidente Pujol, de la que estamos orgullosos, de su parte personal”, asegura Joan Mora, alcalde de Mataró (Barcelona). Mora habla desde la libertad de no optar a la reelección el año que viene y da por hecho que “tanto Pujol como su familia tendrán que responder por lo que hayan hecho”.

Lo que rechazan a toda costa las bases nacionalistas consultadas es que el conjunto de Cataluña o del catalanismo puedan salir manchados de este episodio. “No veo que en España haya un estado depresivo por los episodios de corrupción que han afectado a los dos grandes partidos”, dice Mora. “Pues aquí, igual”, remacha, al tiempo que apela a la “inteligencia” de los ciudadanos para discernir entre los comportamientos personales y los movimientos políticos.

“Una vez pase la sorpresa inicial sabremos separar la historia del presidente Pujol, de la que estamos orgullosos, de su parte personal”, asegura el alcalde de Mataró

La militancia convergente sí teme que la mancha de Pujol y su familia sea demasiado grande para ser borrada a corto plazo. Carme Laura Gil, militante de primera hora, amiga del expresidente catalán y en su día consejera de Educación de la Generalitat, ha hecho una dura reflexión en una reciente carta abierta a Jordi Pujol. “¿Cómo has podido ensuciar tu historia?”, pregunta. “Has roto algo más que tu imagen, has hecho trizas la confianza en la sinceridad de tus principios y has oscurecido el sitio que te había reservado la historia cuando ya no hay tiempo para escribir otra”, dice refiriéndose al expresidente, de 84 años.

La dificultad de Pujol para rehacer su imagen no será solo por un problema de tiempo. El expresidente ha perdido todas las tribunas que tuvo como líder en activo y que mantenía como emérito hasta hace tres semanas. Su despacho de expresidente lleva días desierto, lo mismo que su fundación, a punto del desmantelamiento. De repente, los altavoces del hiperactivo político se han apagado.

“Ya no le van a llamar de ningún sitio para que vaya a dar una charla; tampoco sé cómo iría, porque él no conduce y le han retirado el coche oficial”, señala Manuel Cuyàs. Este periodista, que rechaza el calificativo de biógrafo de Pujol —“Yo me limité a ordenar sus notas”, dice—, reconoce que el repudio del fundador de Convergència por parte de las propias bases le ha cogido por sorpresa: “Esperaba más compasión, la verdad”.

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