La herencia de Tabacalera

Los Ayuntamientos del PP buscan diversos usos para los terrenos estratégicos que ocuparon las fábricas de Altadis en la región

Antigua fábrica de Altadis en Sevilla.
Antigua fábrica de Altadis en Sevilla. julián rojas

Las hojas del tabaco, secadas al sol del siglo XVI en las ventanas arqueadas de Sevilla, ya eran historia y patrimonio de la ciudad. El cuadro Las cigarreras, la ópera Carmen, el majestuoso edificio del actual Rectorado de la Universidad de Sevilla o la última fábrica de tabacos, de ladrillo visto y situada a la ribera del río Guadalquivir, en el barrio de Los Remedios, son otros de los bienes vinculados a la industria del tabaco en Europa y que ha generado durante cientos de años miles de puestos de trabajo en la región. Ya apenas quedan empleos en este sector, pero su herencia es ahora tan grande como su historia.

Los inmensos terrenos en los que se ubicaban estas fábricas de tabaco, estratégicamente situadas en las ciudades, se han ido quedado abandonados por Sevilla, Málaga y Cádiz tras los sucesivos cierres de la empresa Altadis, que gestionaba su fabricación. Ahora, los alcaldes de estas tres localidades, los tres de Partido Popular, buscan salidas relativamente rápidas a estas superficies, testigos de una historia pasada y con valor presente y futuro.

En Málaga se ha optado por darle un uso cultural al espacio. El Gobierno municipal, propietario de todos los terrenos, ya ha llegado a un acuerdo para convertir parte de la fábrica en una sucursal del Museo Estatal Ruso de San Petersburgo; Cádiz deja claro que quiere continuar dando uso industrial a su espacio. Y en Sevilla, 31.000 metros cuadrados de edificabilidad a las orillas del río dependerán de Altadis, que ya ha avanzado que instalaría comercios, hoteles y aparcamientos. Así se acordó en el convenio firmado el pasado marzo entre la compañía y el Ayuntamiento, para el que quedarán 15.000 metros cuadrados destinados a equipamiento público.

Pero la concepción de este convenio, escrito de forma unilateral entre el Ayuntamiento y Altadis, requiere para su ejecución la firma de la Junta, que tomará la última decisión. En 2003, el pleno de Sevilla aprobó una moción para que no hubiese “ninguna operación especulativa” en los suelos y se catalogó el espacio de uso industrial singular. Han pasado más de 10 años desde que se rubricó ese acuerdo y el Consistorio se comprometió al principio de su legislatura a desbloquear el problema. Lo primero que creen que deben hacer es determinar que la mayoría del espacio sea de uso terciario. En principio, la Junta no se opone, pero ha matizado algunos aspectos del convenio. “No debemos esperar más, el tiempo es clave”, consideró el delegado de Urbanismo del Ayuntamiento de Sevilla, Maximiliano Vílchez, en un debate celebrado esta semana en Sevilla para estudiar el futuro de Altadis, en el que participaron políticos de la oposición, sindicatos y expertos de Patrimonio de la ciudad, todos disconformes con el plan municipal.

Los asistentes al debate reclamaron más participación en el proceso de elaboración del proyecto y pidieron una iniciativa de la que se beneficiaran los ciudadanos y se impulsara el empleo cualificado. Vílchez se adelantó a matizar que el documento definitivo se gestará en el plan especial que tendrá que aprobar la Junta para el cambio de catalogación de los terrenos, y tras dos horas de debate, el delegado de Urbanismo se comprometió a estudiar si es posible ampliar los plazos de alegaciones en la tramitación del plan especial de la zona, lo que abre la veda para más participación y cambios del convenio. Fuentes de Altadis se remiten al documento firmado como el único acuerdo alcanzado hasta el momento.

“Hay que promover el sector industrial de la ciudad en cooperación con la Universidad y las empresas de innovación y tecnologías, que las hay”, declaró el arquitecto y profesor Julián Sobrino, presente en el debate. Vílchez repitió durante su intervención que le pondría una alfombra roja a cualquier empresa productiva que se ofreciese a instalarse allí. Sobrino adelantó también que habría que hacer un estudio del patrimonio mueble del edificio. “Hay incluso cuadros de Goya”, destacó. Más herencia de aquellas hojas de tabaco secadas al sol.

Sobre la firma

Es portadista. Ha trabajado en Internacional, ha escrito desde más de 10 países para Planeta Futuro y durante ocho años ha cubierto temas de Sociedad y Cultura en Andalucía. Colaboró tres años con BBC Mundo y realizó la exposición fotográfica ‘La tierra es un solo país’. Másteres de EL PAÍS, y de Antropología de la Universidad de Sevilla.

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