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El turismo frustra el intento de reducción del ruido en Barcelona

El 85% de los vecinos sufren más contaminación acústica de la que aconseja la OMS

Ciutat Vella, Gràcia y Sarrià-Sant Gervasi son los distritos más ruidosos

Un grupo de jóvenes disfruta de la noche barcelonesa en medio de la calle el pasado verano.
Un grupo de jóvenes disfruta de la noche barcelonesa en medio de la calle el pasado verano.

Las personas que han estado expuestas a demasiado ruido conocen la gravedad del asunto. No poder dormir por culpa del murmullo de los coches o por el volumen de la música del bar de la esquina puede generar enormes problemas de salud. Y las molestias por contaminación acústica no solo se producen de noche. Estar expuesto a demasiados ruidos durante el día también puede complicar y mucho la salud de los ciudadanos.

Los vecinos de Ciutat Vella, donde se concentra el turismo de Barcelona y la mayor densidad de población, lo saben perfectamente. Es el único distrito de Barcelona donde ha subido la contaminación acústica de día y también de noche desde 2009, según las conclusiones del último Mapa Estratégico del Ruido presentado ayer en Barcelona.

En la capital catalana, el 85% de los vecinos soportan durante el día más ruido del que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS), que fija el límite en los 55 decibelios. Durante la noche, el porcentaje asciende hasta el 87%. El concejal de Medio Ambiente, Joan Puigdollers, aseguró ayer que “no hay ninguna ciudad en el mundo” que cumpla las recomendaciones de la OMS y se mostró satisfecho por la evolución de la contaminación acústica que tienen que soportar los barceloneses, ya que desde el 2009 hasta el 2013 se ha logrado reducir un 4% el número de vecinos que está expuesto a más de 70 decibelios durante el día. Puigdollers se mostró rotundo para defender las tareas del Ayuntamiento en la reducción del ruido: “No se ha hecho nada mal”, aseguró tajante y avisó que en una ciudad “mediterránea y con tanta actividad” siempre habrá problemas de ruido por resolver.

De entre todos los ciudadanos, los que sufren más la contaminación acústica son los vecinos de Gràcia —por culpa de los locales de ocio—, Sarrià-Sant Gervasi —por el tráfico— y sobre todo los de Ciutat Vella, donde el Ayuntamiento reconoce que “la situación ha empeorado”. Según Puigdollers se debe a la “acumulación de turistas durante el día” y al “ocio nocturno durante la noche”. La cancelación de las principales restricciones hoteleras y de restauración que fijaba el Plan de Usos de Ciutat Vella, gracias a CiU y PP, traerá todavía más turistas a la zona y, consecuentemente, más ruido.

El Ayuntamiento antepone la economía a la reducción del ruido en la ciudad

La Asociación Catalana Contra la Contaminación Acústica (ACCCA) lleva años luchando para reduir el ruido. “Cuando Puigdollers estaban en la oposición reclamaba que se cumplirán las recomendaciones de la OMS”, recordó Lluís Gallardo, responsable jurídico de la ACCCA. Para Gallardo, la “resignación” del Ayuntamiento demuestra que el Gobierno “reconoce su propio fracaso en dar la calidad de vida que merecen sus ciudadanos”.

Desde su punto de vista, el Ayuntamiento tendría que ser más riguroso a la hora de hacer cumplir las ordenanzas y aumentar los controles y las sanciones para evitar el ruido de las motos y de los locales de ocio. El tráfico, el otro gran causante de ruido, no genera quejas.

La exposición al ruido tiene muchas consecuencias negativas en la salud que afectan sobre todo a los nervios.

El concejal de Medio Ambiente dejó claro que si el Gobierno tiene que escoger entre la llegada de más turistas y la reducción del ruido, no tiene ninguna duda: “Nos preocupa que Barcelona tenga la actividad económica que debe tener. A partir de aquí nos adaptamos”. Con esta frase, el concejal de Medio Ambiente respondió a la contradicción que supone intentar reducir el ruido en Ciutat Vella y al mismo tiempo autorizar la apertura de nuevos hoteles o locales de ocio para atraer a más turistas.

 Las consecuencias que el ruido puede provocar en las personas son muy subjetivas. Hay que tener en cuenta la “personalidad de cada uno y la exposición a ese mismo ruido que ha tenido anteriormente”, según explica el experto del Consejo de Investigaciones Científicas (CSIC) Francisco Simón. Pero sí que hay alguna conclusiones que permiten generalizar. Una de ellas es que “el ruido puede provocar neurosis y puede llegar a obsesionar a las personas”, según Simón. Existen casos en los que el ruido cesa, pero la obsesión de la persona que lo sufre es tal que no puede descansar porque está pendiente de que se vuelva a producir. Esta es otra conclusión a la que han llegado los expertos: el principal problema del ruido es la “falta de control” sobre el mismo. Es decir, no saber cuando empieza ni cuando termina.