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Unas sardinas y un acústico

La banda de ‘electrofunk’ con pinceladas flamencas actúa hoy en La Riviera, pero antes se va de bares por el Madrid castizo y disfruta la noche en algunos garitos míticos de la ciudad

Los integrantes de Fuel Fandango en la Cuervo Store. Ampliar foto
Los integrantes de Fuel Fandango en la Cuervo Store.

1. La plaza del Cascorro. Tiene mucho ángel. La preferimos entre semana, que es cuando está más tranquila, cuando es más de barrio. Pero también nos llama los domingos, cuando está hasta arriba de gente y no se puede caminar. Tiene mucha vida.

2. Bar Santurce. Es un clásico de los domingos en la Latina. Están especializados en sardinas y pimientos del padrón, sus dos platos estrella. Lo lleva un matrimonio mayor desde hace más de 30 años y siguen cosechando éxitos. Desde fuera es un bar de toda la vida que no invita demasiado a entrar, pero una vez lo haces siempre vuelves (Plaza General Vara del Rey, 14).

3. Tienda Cuervo Store. Venden ropa, música y accesorios, entre otras cosas. Nos gusta su estilo, la estética con la que han decorado el espacio está logradísimo. La colección de vinilos que tienen a la venta es muy guapa, saben lo que hacen porque tienen su propio sello discográfico. Dentro de esta tienda se siente la música en el aire, no solo por sus discos, también por los conciertos acústicos que celebran allí de vez en cuando (Velarde, 13).

4. Bar Sambat. Vivíamos muy cerca y siempre íbamos a desayunar o a comer de menú. Allí nos hemos comido la mejor tortilla de patata de toda la ciudad y ponen muy buena música: jazz, soul… ¡y a nosotros! Pero cuando vamos nos lo quitan, si no sería una pesadilla (Martín de Vargas, 24).

El flamenco reinventado

Fuel Fandango tiene dos almas: Nita (Córdoba, 1987) y Ale Acosta (Lanzarote, 1980), dos sureños que se conocieron en 2008, conectaron musicalmente. Ahora se despiden de 2013 con una gira de presentación de su último disco, Trece Lunas.

5. Restaurante Pui’s Thai Tapas. Hace unos meses estuvimos en Tailandia disfrutando de los paisajes y de su maravillosa gastronomía. Es difícil encontrar un lugar donde te sirvan lo mismo que allí. Pues este consigue transportarte. Sabe exactamente igual y es asequible, por 15 euros puedes comer. Es impresionante. Recomendamos los langostinos en tempura, el pad thai y cualquier sopa (José Antonio de Armona, 7).

6. Demodé. Nos gusta ir a bailar. Ponen música electrónica, pero de la buena. Fue la primera discoteca que abrió cuando todavía no habían reconvertido el barrio. La decoración no la tocaron mucho, quisieron que se viera que era un antiguo club nocturno (Ballesta, 7).

7. Sala Barco. Nos gusta especialmente los domingos, cuando hacen jam session de soul, jazz y funky. Van muchos buenos músicos que se unen a los que dirigen el sarao, los Cool Wheather. Los amantes de esta música no deberían perdérselo (Barco, 34).

8. Barrio de las Letras. Es precioso, y no solo porque se pueden leer poesías en el suelo. Hay un montón de sitios para ir a comer, a tomar una copa o a escuchar buena música. Es verdad que está lleno de guiris, pero aún así tiene mucho encanto.

9. Wurlitzer Ballroom. Nos encanta su rollito rocanrolero, su música de los sesenta y los setenta, su ambiente oscuro y sus paredes pintadas de negro. Es un bar para ir después de las tres de la mañana, un bar en el que terminar la noche. Eso sí, si vas muy tarde te encuentras con unas colas que dan vértigo (Tres Cruces, 12).

10. El Candela. Es un bar mítico en Lavapiés, punto de encuentro entre flamencos y aficionados. Entre su clientela ilustre se encontraba Camarón o Enrique Morente, dos grandes de nuestro mundo. Tienen una planta baja que funciona de sala de conciertos, pero solo cuando hay duende. Es espontáneo, surge según el día. Por eso no tiene programación (Olmo, 2).

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