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Ciencia con arte (y viceversa)

Una guía ‘online’ promovida por el CSIC rastrea Madrid para señalar las obras y objetos históricos marcados por el saber científico. Hay joyas sorprendentes, tanto en grandes museos como en pequeñas colecciones

La teoría de las proporciones de la figura humana, de Carl Gustav Carus. Ampliar foto
La teoría de las proporciones de la figura humana, de Carl Gustav Carus.

En este ordenado caos de pinturas, estatuas, joyas, espejos, broches, libros viejos, muebles, medallas, monedas antiguas, tapices, estampas, entre otros objetos inopinados, está el reloj monumental misterioso, una figura neoclásica de mujer (la mitológica Penélope) que agarra un péndulo estrellado con su mano en alto. “Se llama así porque la maquinaria no se ve a simple vista. En él se aúna el trabajo artístico, los materiales nobles, pero también el avance tecnológico”, cuenta Cristina Giménez, una de las conservadoras del Museo Cerralbo, que guarda la fascinante colección que Enrique de Aguilera y Gamboa, decimoséptimo marqués de Cerralbo, reunió entre el siglo XIX y XX. En otra sala, en la vetusta biblioteca, la ayudante del departamento de conservación Cecilia Casas nos muestra un pequeño metro de costura, de apariencia trivial. “En este museo”, dice, “valoramos igual nuestra pinacoteca que estos pequeños objetos, ya sea el metro de costura o los relojes misteriosos, los telégrafos, los astrolabios, los teléfonos, etcétera. Para nosotros todo es artístico, histórico, y tiene el mismo valor”.

'El negro pío', de José Padró. ampliar foto
'El negro pío', de José Padró.

¿Qué tienen en común estos dos objetos, el metro de costura y el reloj misterioso? Pues que en ambos se mezcla el conocimiento científico y técnico con el valor artístico. Y ambos forman parte del proyecto 101 obras maestras del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que precisamente trata de poner de relieve cómo dos historias, la del arte y la de la ciencia, que a primera vista parecen no tocarse, están en realidad profundamente entrelazadas. “Queremos hacer llegar el mensaje de que el arte no hubiera evolucionado de la misma manera sin la ciencia, ni la ciencia hubiera podido avanzar y explicarse igual sin el arte”, dice Sandra Sáenz-López, investigadora del CSIC en el Instituto de Historia y coordinadora de este proyecto, patrocinado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (Fecyt), y que se realiza gracias a convenios con el Reina Sofía, el Ministerio de Educación Cultura y Deporte, y la Biblioteca Nacional. Y con la colaboración desinteresada de más de 50 investigadores que han redactado una ficha explicativa para cada una de las obras.

En la página web se sugieren algunos recorridos temáticos por los más de 30 museos y bibliotecas madrileños que participan, desde gigantes como el Reina Sofía o el Prado hasta otros más desconocidos para el gran público como el Museo Cerralbo, el Museo Naval o el Museo de Antropología. Las diferentes temáticas van desde el exotismo hasta la biodiversidad, pasando por el cosmos, el cuerpo humano, los viajes o la ingeniera y la técnica. En ellas se persiguen la variedad cronológica (desde una herramienta paleolítica en el Museo Arqueológico Regional hasta el contemporáneo laboratorio Plat del cineasta José Val del Omar, en el Reina Sofía) y también la variedad de objetos considerados, desde pinturas o estatuas, hasta maquetas, ábacos, modelos anatómicos o material quirúrgico. No están todas las que son, pero sí son todas las que están: “Hemos escogido 101 obras, y no un número redondo, para expresar la idea de que no es una selección cerrada. Queremos que cuando el público visite otros museos e instituciones sepa reconocer en otras obras la estrecha relación entre arte y ciencia”, dice Saenz-López.

'El doctor Simarro en el laboratorio', de Joaquín Sorolla. ampliar foto
'El doctor Simarro en el laboratorio', de Joaquín Sorolla.

“Normalmente la gente asocia el mundo del conocimiento y de la ciencia a la experiencia, a la racionalidad, al testimonio directo, a lo que se puede probar y comprobar y piensa que la imaginación tiene que ver con la poesía, la pintura o las artes. Cuando en realidad la ciencia esta anudada alrededor de cosas que imaginamos, no que son, sino que podrían ser”, explica el historiador de la ciencia del CSIC Juan Pimentel, miembro del comité científico del proyecto. La relación entre ciencia y arte que se hace evidente aquí es bidireccional, por un lado hay obras de arte que representan motivos científicos, como El doctor Simarro en el laboratorio, del Museo Sorolla o Los pequeños naturalistas, de José Jiménez Aranda en el Prado, pero también instrumentos científicos que han sido realizados de manera estética como el Globo celeste, de Vincenzo María Coronelli, en el Museo Naval o la Venus anatómica de Ignacio Lacaba y Vil en el Museo Anatómico de la Complutense. “Tendemos a colocar las cosas en un lugar seguro: los cuadros pertenecen al mundo del arte, pensamos, y los instrumentos al mundo de la ciencia. Lo que nosotros pretendemos es desestabilizar esas fronteras que son más porosas de lo que se suele pensar”, recalca Pimentel.

El jardín de cromosomas del doctor Severo Ochoa, de Lorenzo Goñi, forma parte de la guía. ampliar foto
El jardín de cromosomas del doctor Severo Ochoa, de Lorenzo Goñi, forma parte de la guía.

Otra posible interacción entre arte y ciencia es la utilización de técnicas científicas para la realización de la obra. Es el caso de Díptico de la Anunciación de Jan van Eyck, en el Museo Thyssen-Bornemisza: para su realización el pintor flamenco necesitó conocer la técnica del trampantojo, la óptica y la catóptrica (la ciencia que estudia la reflexión de la luz), lo que le permitió crear una imagen de dos figuras de apariencia tridimensional. El célebre espejo al fondo de Las meninas, de Velázquez, o el “aire” contenido en ese cuadro que emborrona los objetos más distantes, también revelan el conocimiento por parte del pintor de los fundamentos de la ciencia de su época.

Al final, el tema de fondo de todo esto es un viejo conocido: la muchas veces artificial línea roja que desde la educación media entre ciencias y humanidades, y que tenemos bien incrustada dentro de nuestras cabezas. “No se suele percibir la profunda conexión entre ambas áreas, y nosotros queremos invitar a reflexionar sobre ello”, dice Sáenz-López, “aunque es cierto que la especialización es necesaria para avanzar y desarrollar diferentes actividades, fuera de nuestro ámbito laboral, ya seamos de un campo o de otro, deberíamos mostrar un interés sin prejuicios por el de enfrente. Porque, además, la ciencia también es cultura”.

Robots, arquitectura y medicinas

• El próximo lunes comienza la XIII Semana de la Ciencia, organizada por la Fundación Madri+d que, hasta el 17 de noviembre (en realidad son dos semanas), reunirá 900 actividades gratuitas para acercar la ciencia a quien esté interesado. Los objetivos son difundir los resultados de la investigación, mostrar el patrimonio científico-técnico de la Comunidad, incentivar a participar en actividades científicas, renovar los conocimientos del ciudadano y fomentar vocaciones. En ello se afanarán unos 3.000 científicos de 600 entidades diseminadas por toda la región.

• Se podrá ahondar en la historia de los medicamentos en la Universidad Autónoma, conocer la química de la vida cotidiana en la UNED, llevar a los más pequeños a talleres de arquitectura en la Universidad Rey Juan Carlos, trabar amistad con robots en la Universidad Carlos III, descubrir una empresa de telecomunicaciones como Tuenti por dentro, participar en una gincana por un mundo sostenible en el Instituto Madrileño de Estudios Avanzados de Energía, visitar el Parque Nacional de Cabañeros de la mano del CSIC o aprender cómo influye la belleza sobre nuestro cerebro en el Museo del Prado. Toda la información sobre actividades aquí

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