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Panorámicas del desastre

El cineasta Wim Wenders expone en Lleida sus fotografías de la Zona Cero y paisajes de Fukushima

Wenders posa con una de sus fotografías. Ampliar foto
Wenders posa con una de sus fotografías.

Después de los atentados del 11-S en Nueva York no podía dormir. Las imágenes eran una pesadilla y decidió que tenía que ir, entrar y hacer fotos. El cineasta Wim Wenders se coló como ayudante con el fotógrafo oficial que retrató la Zona Cero para la ciudad de Nueva York. Hizo un fotomontaje de una acreditación y el 8 de noviembre de 2001 paseó por el escenario de los trabajos después del desastre acarreando un voluminoso equipo fotográfico. Estuvo medio día disparando sin parar. Cinco de esas gigantescas panorámicas, de más de tres metros de largo por más de uno y medio de alto, forman parte de la exposición Wim Wenders photographs que desde hoy se exhibe en la Fundación Sorigué de Lleida. El detalle y el tamaño de las fotos sobrecogen, los restos de los edificios y las excavadoras parecen tomar vida.

La muestra recoge, además de la serie de la Zona Cero, una selección de ocho fotografías de paisajes desérticos de Australia (de 1988) y del oeste de Estados Unidos. Estas le sirvieron para preparar la película Paris-Texas (1984), uno de los filmes más representativos del director alemán y que le reportó la Palma de Oro del Festival de Cannes. Tres imágenes de paisajes tras el accidente nuclear de Fukushima (2011) completan la exposición. Tal vez son las más inquietantes: reflejan el rastro de la radiactividad en forma de un halo de luz que ha dañado el negativo. Todo un recordatorio. La mayoría de las 16 fotografías, que se podrán apreciar en la Fundación Sorigué hasta el 30 de marzo, del añopróximo,han sido exhibidas en otras galerías de Europa y Estados Unidos, ya que formaban parte de las exposiciones Surface of the Earth and Places y Strange and Quiet.

Es la foto de verdad, la que refleja la realidad. La que no se puede retoca"

Wim Wenders

En España, parte de ellas se exhiben por primera vez y la elección de Lleida se debe a la estrecha relación de amistad entre la directora de la Fundación, Ana Vallès, con la galería Blain Southern de Londres, que representa a Wim Wenders"Vi las fotos de la Zona Cero y no paré hasta convencerles para que montáramos la muestra en Lleida"..

Medio en broma, el director Wenderscomentó ayer en Lleida que cuando se empezó a plantear la exposición tuvo que buscar la ciudad de Lleidaen Wikipedia porque no sabía dónde estaba.

Su faceta como fotógrafo se ha expuesto desde 1986 en galerías de Berlín, Xangai, Roma y en España en Bilbao

Si en cine Wenders se ve obligado a estar en la vanguardia de la tecnología digital —el documental de la coreógrafa Pina Bausch lo hizo en 3D y también lo utiliza en la película que ahora está rodando Everyting will be fine— en fotografía no ha querido pasar de lo analógico. “Es la foto de verdad, la que refleja la realidad. La que no se puede retocar.Tal vez resulte un poco anacrónico, pero es la forma de ser fiel a los lugares”, explica el cineasta. paseando por la exposición.En el cine se hacen trampas con la realidad, con la fotografía digital también, con la analógica, no, subrayó.

Viajero y nómada, el cineasta ha realizado miles de fotografías a lo largo de 20 años por los países que ha visitado. Cuenta que, en realidad, quería ser pintor —se instaló en París y compartió un taller en 1966— y esa fue su iniciación como cineasta.

Wenders es uno de los directores del nuevo cine alemán con inicios marcados por la influencia norteamericana. Su faceta como fotógrafo se ha expuesto desde 1986 en galerías de Berlín, Shanghái, Roma y, en España, en Bilbao. “Escuchar las imágenes que veo, que me digan algo”, describe. Esa observación le lleva a reflejar paisajes desolados en los que hay cierto rastro de la huella humana, con caminos polvorientos que parecen ir a ninguna parte. Es la idea que asalta del fin del mundo. Las fotografías de la exposición de Lleida de los paisajes de Texas —recuerdan los parajes que rodeaban la historia de Travis, el protagonista de la película París-Texas— y Australia, que muestran desiertos y caminos áridos en la más absoluta nada, producen desasosiego y, a la vez, son magnéticas.

La fotografía fue su pasión ya desde niño: a los seis años tuvo su primera cámara fotográfica y a los 10, una de cine de ocho milímetros. “Eran parte de mí, siempre sacaba fotos, es como mi segunda naturaleza”, comentaba.

Durante un tiempo, utilizó solo blanco y negro. Cambió de opinión al ver los parajes de 5.000 tonalidades entre el amarillo y el marrón y el cielo de azul rabioso de Australia y del oeste norteamericano. Dice que la fotografía es como su segunda piel.

Como director de cine está obligado a trabajar con equipos y dependiendo de muchas más variables: “Con la fotografía estoy yo solo. Es un trabajo solitario, para mí, una bendición”. Después de la presentación de la exposición, Wenders explicaba que, en más de una ocasión, ha vuelto a algunos de los paisajes que fotografió y ha visto que han sido destrozados por el efecto del turismo: “Yo prohibiría el paso durante 100 años”. Ahora, añade, hay muchos paisajes que están enfermos, enfermados por el efecto de las personas.

El Wenders, director de culto con películas como Alicia en las ciudades (1974) y El cielo sobre Berlín (1987), ya en su faceta de cineasta explica que todavía le queda un año de trabajo, con rodajes en los meses de invierno, para poner fin a la película en la que trabaja, Everything wibe fine. Cuando se le pregunta sobre la crisis que atraviesa el cine en parte de Europa, ligada a los problemas económicos, contesta sin dudar que en otras épocas de crisis es cuando se hace mejor cine: "los tiempos han cambiado y el sistema que hemos conocido de comprar una entrada para ir a las salas de cine está caducando, el consumo es más individual, a través de internet, y habrá que buscar otras formas de financiación"