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La práctica del yoga se expande

Solo en Barcelona hay 300 centros y la práctica se cuela en gimnasios y ‘casals’

Cerca de 2.000 'yoguis' se reúnen en el Arc de Triomf en Barcelona para practicar esta disciplina. Ampliar foto
Cerca de 2.000 'yoguis' se reúnen en el Arc de Triomf en Barcelona para practicar esta disciplina.

El yoga se ha convertido en un ejercicio de masas y Barcelona ya se postula como uno de los grandes focos de atención. “Esta ciudad es puntera en la práctica del yoga, tanto a nivel de regulación como por las iniciativas”, sentencia el presidente de la Federación Catalana de Yoga, Joan Almirall. A falta de datos oficiales, los profesionales del sector certifican que el número de practicantes y centros de yoga no ha hecho más que aumentar de forma desorbitada en los últimos cinco años. Almirall calcula que puede haber más de 300 centros solo en Barcelona: “No tenemos datos ni de la gente que practica ni del número de centros, pero la página web Yogasferaes una buena referencia para nosotros y en ella están inscritos 283 centros solo en la ciudad, aunque seguramente habrá bastantes más”.

El tipo de yoga que ha copado las grandes ciudades como Madrid o Barcelona proviene de la corriente estadounidense, más moderna que la vertiente tradicional de la India.

“El yoga ha crecido. Ha dejado de ser algo místico. Ahora, hasta lo recomiendan los médicos. Es algo normal que tiene muchísimos adeptos”, apostilla el presidente de la Federación española de practicantes de yoga, Nelic Gironès. Ni la crisis ha frenado el incremento de centros y practicantes. “En EE UU, donde la práctica está muy desarrollada, hay estudios que señalan que el número de adeptos es inversamente proporcional al estado de la Bolsa. Cuando la bolsa baja, aumenta el número de practicantes y viceversa. Tiene sentido porque, en tiempos de crisis e incertidumbre, la gente busca sentirse bien”, añade la profesora Mercedes de la Rosa.

La práctica se ha escapado de los pequeños centros exclusivos para abrirse al público con su presencia en gimnasios y casales de barrio. Además, empieza a imponerse con fuerza el turismo de yoga, con clientes extranjeros que demandan paquetes vacacionales que incluyan sesiones de yoga durante su estancia en la ciudad. Xuan-Lan Trinh oferta talleres para turistas: “Es gente que no quiere dejar de practicar ni en vacaciones y además, aprovechan que están de descanso, relajados, para hacer yoga a primera hora”.

Paralelamente al éxito masivo del yoga, la tarea pendiente de practicantes y centros en Cataluña —y en el resto de España también— sigue siendo la regulación. Aunque Cataluña es la única comunidad que ha comenzado a regular la cualificación de los formadores de yoga con certificados de profesionalidad, los maestros insisten en que la competencia en Barcelona es feroz. Almirall asegura, además, que el auge de maestros de yoga hace que los cursos de formación de profesores sean los que están financiando a muchos de los centros: “En Barcelona es impresionante, están saliendo profesores de debajo de las piedras”.