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Las cajas colocaron preferentes a empresarios a cambio de créditos

El excargo socialista que bancarizó las entidades lo tilda de “éxito abrumador”

José Manuel Campa en la comisión
José Manuel Campa en la comisión EFE

Las cajas gallegas no solo colocaron participaciones preferentes a pequeños ahorradores presionando para ello a sus trabajadores. Las presiones, según denunció ayer la patronal, llegaron también a empresarios necesitados de crédito, que se vieron obligados a contratarlas para lograr préstamos. Así lo aseguró ayer en el Parlamento el presidente de la Confederación de Empresarios de Galicia, Antonio Fontenla. “Hubo cierta presión sobre clientes de las cajas, entre ellos empresarios que necesitaban crédito, a los que se financiaba y al mismo tiempo les recomendaban comprar preferentes y subordinadas”, reveló Fontenla, sorprendido porque se colocasen productos sin liquidez a empresarios que buscaban esa liquidez.

El presidente de la patronal lanzó su denuncia en una comparecencia en la que fue criticado por la oposición por el papel de los empresarios de la construcción en la deriva de las cajas y por el suyo propio, como miembro del colectivo y como consejero de la corporación industrial de Caixa Galicia. La portavoz de AGE, Yolanda Díaz, recordó el “agujero importante de deuda” de su constructora con las cajas y lamentó que con la crisis “los de arriba, entre ellos usted, se hacen más ricos”.

Fontenla nada aclaró de sus negocios personales y contraatacó indicando que estuvo en Caixa Galicia antes de presidir a los empresarios y que estos no formaban parte de los consejos de administración de las cajas pero sí “los sindicatos y los políticos”. También el socialista Abel Losada atribuyó “parte de la responsabilidad” de la expansión inmobiliaria de las cajas a “la libre empresa”, que Fontenla defendió como más “eficiente” que el sector público ya que “cuando los empresarios hacemos negocio y trabajamos, creamos empleo y riqueza”, dijo. Y justificó la burbuja inmobiliaria: “Los disparates los cometemos todos, no habría habido una Seseña [paradigma de la expansión inmobiliaria en Castilla-La Mancha en el que participaron las cajas gallegas] si no hubiese una licencia municipal”.

Fontenla admitió que las remuneraciones de los directivos de las cajas “no son normales en ningún otro sector” y lamentó que con su desaparición los empresarios gallegos perdieron a unas entidades que no solo les aportaban crédito sino que los acompañaban en su trayectoria. Distinta visión del fin de las cajas aportó el secretario de Estado de Economía en el último gobierno de Zapatero, de 2009 a 2011, José Manuel Campa, el primero después de una veintena de comparecientes en la comisión de investigación que elogió el proceso. Campa aseguró que la “reforma histórica” del sector financiero español, con la transformación de las cajas en bancos para facilitar su recapitalización gracias a la normativa que él impulsó con “amplio consenso”, ha sido un “éxito abrumador” que no se debe valorar “en función del fracaso de entidades específicas”. Y justificó que las entidades financieras solo pueden otorgar créditos si ellas mismas son solventes.Campa negó haber actuado en contra de las cajas gallegas, “el 2% del sistema”, y apuntó a la falta de profesionalidad de sus gestores y su expansión excesiva como causa de su mala situación.

Ayer también compareció Víctor Moro, exsubdirector del Banco de España y galleguista destacado desde las filas de UCD, el primero que critica la “autodestrucción” de Galicia con “campañas que siembran diferencias entre Vigo y A Coruña”.

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