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Una criatura que presta su voz a los que siempre callaron

La escritora sevillana Marina Perezagua rescata historias reales y crueles y las viste de poesía en 'Leche', su segundo libro de relatos

Marina Perezagua, este jueves en Sevilla.
Marina Perezagua, este jueves en Sevilla.

Al ver a Marina Perezagua, una criatura de aspecto frágil, dulce, algo tímida, nadie le echaría los 35 años que ya tiene pero, sobre todo, nadie pensaría que de su cabeza pueden salir historias tan duras, cuentos poblados por personajes apocalípticos y desesperanzados a los que la sevillana describe con grandes dosis de contención y poesía. En Leche, la obra que Perezagua presentó este jueves en Sevilla y que está editada por Los Libros del Lince (Barcelona), ha reunido 14 relatos, muchos de ellos protagonizados por los outsider con los que se ha ido encontrando a lo largo de su ajetreada existencia y a los que ella, una criatura-puente entre dos mundos, ha decidido prestarles su voz.

"Aunque todavía soy joven, llevo viviendo sola desde los 14 años y mi edad biológica no se corresponde con mi madurez. Las dificultades por las que he pasado me han servido para madurar más rápido y, por el camino, me he ido encontrando con seres distintos, los que nunca tienen voz. Creo que he desarrollado una especial empatía con esas personas a las que nadie escucha", explicó este jueves en Sevilla la escritora, licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Sevilla, para justificar a los protagonistas de sus cuentos. Por las páginas de Leche transitan, entre otros, un japonés hermafrodita víctima del bombardeo atómico en 1945, un hombre abrasado que solo puede comunicarse a través del olor que desprende su cuerpo, una chica que aspira a permanecer en el fondo del mar en apnea o la última pareja sobre la faz de la tierra a la que sus antecesores han prohibido reproducirse.

La mayoría son personajes que no despiertan empatía en el lector, un efecto buscado por su autora, quien reside en Nueva York -ciudad a la que volvió hace dos años para trabajar en la Universidad Estatal de Nueva York y que le inspiró las historias de su primer libro-, después de pasar por el Instituto Cervantes de Lyon (Francia). "Como la temática de los cuentos es tan dura, mis personajes tienen que ser muy contenidos, si los hago más cercanos caería en el melodrama", reconoce la escritora. "La verdad es que yo siempre me he quejado de la distancia que mantienen los japoneses y he acabado haciendo lo mismo", bromea Perezagua, quien durante siete años mantuvo una relación con un japonés y vivió intermitentemente en el país asiático. De esas vivencias, de las personas que conoció en Utsunomiya -un pueblo cerca de Tokio- se nutren algunos de sus cuentos, que también tienen algo de autobiográficos.

Los cuentos, prologados por Ray Loriga, han cautivado al pintor Walton Ford, quien ha cedido una acuarela para la portada

"Aunque cuesta trabajo creerlo, muchos de los relatos parten de historias reales como Little Boy, con el hermafrodita abrasado por la bomba atómica, o Leche, en el que he querido dar otra visión de los japoneses y en este caso aparecen como verdugos en un suceso que ocurrió en la guerra chino-japonesa en 1937. Es curioso como un acto violento que un hombre sufrió cuando era un bebé pudo, muchos años después, salvarle la vida a su hijo", apunta la escritora sin querer desvelar completamente el misterio de Leche, el cuento que da nombre a su obra.

Aunque escribe desde los 17 años, Marina Perezagua publicó su primer libro, Criaturas abisales, en 2011, ya que nunca dejaba que nadie leyera sus textos. Animada por escritores ya consagrados, especialmente Justo Navarro y Juan Carlos Marset, la sevillana se decidió por fin a mostrar sus obras. "Cuando escribo un cuento soy obsesiva, necesito tenerlo todo controlado, incluso saber el final antes de comenzar", precisa Perezagua quien, como la protagonista de El alga, solo se relaja sumergida en el agua, manteniendo la respiración durante el máximo tiempo posible, con los ojos cerrados porque en ese otro mundo hasta pestañear consume oxígeno.

"Practico la apnea en una piscina y, cuando puedo, en el mar porque es el único modo que tengo de relajarme. Trabajo mucho, en la Universidad y con mi tesis y esa es la única forma que tengo de salir de mi mundo. Aguanto hasta cuatro minutos, quieta, sin moverme", explica la autora que ahora está trabajando en una novela y se siente "algo más liberada" porque es un género que no puede controlar y no sabe hacia dónde la llevará.

La portada de Leche, que está prologado por Ray Loriga, es casi tan inquietante como los cuentos que cierra. Se trata de una acuarela del norteamericano Walton Ford, titulada Chingado, que el artista, cautivado por sus historias, le ha cedido los derechos a Marina Perezagua. Ford, cuyas obras pueden verse en el MoMA de Nueva York o en la portada del álbum de los Rolling Stones GRRR! Además, Walton Ford ha hecho también el dibujo que ilustra el relato Mio Tauro, una historia por la que se sintió especialmente atraído.