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Esquerra frena el pacto con CiU y lo limita a la investidura de Mas

Las concesiones a los republicanos dividen a Unió y Convergència

Convergència i Unió y Esquerra Republicana protagonizaron ayer una maratoniana negociación para cerrar el pacto de investidura de Artur Mas como presidente de la Generalitat sin lograr la firma definitiva. La falta de concreción sobre la consulta —ERC quiere un compromiso explícito con fecha tope— impidió el cierre del acuerdo. “Continuaremos hablando, pero aún quedan puntos por acordar, entre otros el calendario sobre cómo y cuándo haremos la consulta”, dijo el líder de ERC, Oriol Junqueras, tras más de tres horas de reunión con Artur Mas. De momento, los republicanos solo se comprometen a garantizar la investidura de Mas.

Las exigencias de ERC han abierto las discrepancias entre Unió y Convergència, y ayer se visualizó una prueba de fuerza entre el socio minoritario de CiU (Unió Democràtica) y Esquerra Republicana. Mientras que el líder de Unió, Josep Antoni Duran, es contrario a concretar la fecha de la consulta, el de ERC, Oriol Junqueras, pedía un calendario claro. El principio de acuerdo que se había alcanzado a mediados de semana para poner una fecha tope (2014) sin concretar más saltó por los aires ayer tras una reunión entre Artur Mas y Josep Antoni Duran i Lleida. La falta de acuerdo se visualizó, después, en la reunión que mantuvieron Mas y Junqueras. Las negociaciones continuarán hoy. Anoche los dos partidos no daban nada por roto.

Lo que ya está claro es que el acuerdo desembocará en subidas de impuestos y tasas, especialmente sobre las clases medias y medias altas, algo que también preocupa sobremanera a Unió Democrática. Duran había advertido por la mañana de que el recorrido conjunto con ERC “no será coser y cantar”: por la complejidad de la legislatura debido a la crisis económica, porque CiU y ERC tienen “culturas de gobierno diferentes” y por las dificultades para “la celebración de una consulta y la búsqueda de un marco legal que la ampare”.

Finalmente, CiU acabó por aceptar la imposición de las nuevas tasas que ayer adelantó EL PAÍS, y de las que ERC aspira a obtener unos ingresos extra de 1.000 millones. Ello permitiría moderar los recortes por valor de 4.000 millones que CiU preveía hacer el año que viene para cumplir el objetivo de déficit.

Queda claro que la Generalitat volverá a cobrar el impuesto de sucesiones que el tripartito redujo sustancialmente y que CiU eliminó también para los grandes patrimonios. Esta eliminación fue, precisamente, una de las grandes banderas de Artur Mas la pasada legislatura, por lo que restaurarlo duele mucho en las filas nacionalistas y más concretamente en las de Unió.

También se modificará el impuesto sobre el patrimonio, rebajando el mínimo exento a 500.000 euros desde los 700.000 actuales. Además, se estudiará un recargo adicional para los grandes patrimonios.

ERC también ha conseguido que se apliquen, o como mínimo se impulse la creación de nuevas tases ambientales, como una destinada a gravar la emisión de gases contaminantes, y el impacto ambiental asociado a las centrales hidroeléctricas y a la producción de residuos nucleares.

Duran reunió ayer a la cúpula de Unió para analizar un acuerdo que hoy deben votar los consejos nacionales de los tres partidos implicados. Fuentes democristianas admitieron que, si bien Unió apoyará el acuerdo en todo momento, lo hace porque no hay alternativa y sin “ningún entusiasmo”, de manera que el pacto, si se acaba cerrando, arranca con total desconfianza. Unió está decepcionada porque el acuerdo final no incluye ningún aspecto del que hacer bandera ante su militancia. Los democristianos aspiraban a garantizar medidas a favor de la familia, especialmente en el terreno fiscal, y a incluir un plan contra la pobreza.