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OPINIÓN

La risa de Jean Nouvel

Barcelona sucumbe otra vez a las veleidades de una arquitectura sin compromiso con lo local

Se cuenta que Jean Nouvel, cada vez que se acuerda de Barcelona, se parte de risa. Y cuando visita la ciudad, tan a menudo, se le nota que se está aguantando la risa, tal como les sucede a los actores del programa Polònia. Y es que no es para menos: ni en su ciudad de París le han dado tantas oportunidades para desarrollar obras y poder actuar con tanta impunidad.

Nouvel se inauguró aportando lo que se ha convertido en el símbolo de la Barcelona neoliberal, la torre Agbar, una obra de promoción privada convertida en icono que eclipsa las imágenes tradicionales de la ciudad: una gran masa que se camufla en su piel pretendidamente líquida y en su rentable admiración por las torres de la Sagrada Familia de Gaudí. El propio Nouvel interpreta la arquitectura como una acción intencionadamente violenta en el contexto; lo cual explica este objeto aislado, con tan mala relación con su entorno.

El siguiente capítulo, cerca de la torre, fue el nefasto Parc Central del Poblenou. En esta ocasión, Nouvel consiguió realizar un parque contra natura, totalmente cerrado y altamente costoso: 24 millones de euros. Un auténtico “parque de concentración”, por el que cobró tres veces los honorarios, al tener que reformar dos veces el proyecto; por el que cobra royalties por cada una de las costosas e incómodas sillas; que sigue infrautilizado y que tiene un costosísimo mantenimiento; un desaguisado de promoción pública por el que nadie de la administración tuvo que rendir cuentas.

El siguiente paso firme de Jean Nouvel, que impone siempre condiciones draconianas, ha sido la total confianza que la empresa Moritz ha puesto en él para que “resucite" la antigua fábrica Moritz, en la Ronda de Sant Antoni, y le otorgue imagen de marca. Tras siete años de obras y 30 millones de euros invertidos, a este multiespacio de restauración y ocio aún le quedan fases por realizar. Nouvel exigió que todo procediera de industriales franceses, un suelo continuo de gran dificultad de realización y un sistema de iluminación cenital que tiene un coste mensual de electricidad insostenible.

Las hazañas de Nouvel han continuado con el hotel Catalonia en la plaza de Europa de L'Hospitalet de Llobregat, inaugurado este año: aparentemente, una alta torre llena de vegetación y con una única ventana en cada habitación, en forma de flor u hoja de palmera. Nouvel cuenta a sus allegados que le gusta el hotel porque, aunque nadie se de cuenta de la macabra ironía, en realidad es como un edificio lleno de agujeros causados por el impacto de obuses.

La última de Jean Nouvel es el proyecto de la macrodiscoteca Amnesia Barcelona, una inversión millonaria del promotor catalán Martín Ferrer, que tiene el soporte de su amigo Jordi Pujol, planteada para reanimar el moribundo puerto del Fórum. Sin solución de continuidad entre dos administraciones municipales distintas, Nouvel sigue en su escalada hacia el exclusivismo y el despilfarro. Esta macrodiscoteca, junto con restaurantes y otros servicios de ocio y lujo, de 8.000 metros cuadrados, más la mayoría de los locales vacíos del recinto, será otro hito en el nuevo modelo Barcelona para ricos ociosos que, desde el Paseo de Gracia de lujo, pasando por la Marina del Port Vell y por el gran crucero-hotel de cinco estrellas que, próximamente, llegará procedente de Malasia, ofrecerá como broche de oro la fiesta continua en un parque temático inspirado en los enclaves de la juerga ibicenca.

No se puede negar que Nouvel ha tenido suerte con Barcelona, dónde sigue construyendo tanto, a pesar de la crisis y de que la ciudad tiene tan buenos arquitectos, algunos con poco trabajo y en proceso de emigrar. Pero ya sabemos que si franceses y holandeses saben promocionar a sus arquitectos, aquí nos chifla depender del star system, que puede imponer sus obras y sus contratos de condiciones exclusivas, inalcanzables para ningún autor o autora local. Por esto siempre encuentran políticos y promotores totalmente solícitos para cumplirlas. Y es por esto que cuando Jean Nouvel piensa en cómo pone en evidencia lo muy provincianos que somos y cómo nos tragamos la posición neocolonialista de su arquitectura de nulo compromiso con lo local, con toda razón su risa mefistofélica resuena y resuena.

Josep Maria Montaner es arquitecto y catedrático de la ETSAB-UPC