Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Huelga general como discurso político

El apoyo de Bildu a la movilización del miércoles la acerca a un acto preelectoral

Las jornadas perdidas en 2011 cayeron un 53,2% en comparación con las de 2010

Manifestación de los sindicatos nacionalistas de ELA y LAB, contra los recortes sociales.
Manifestación de los sindicatos nacionalistas de ELA y LAB, contra los recortes sociales.

Euskadi es cada día que pasa, un poco más pobre. La sociedad vasca está asistiendo a la decadencia del Estado del Bienestar construido con mucho esfuerzo en los últimos treinta años, y sin embargo, el miedo por el futuro y la división política y sindical está inmovilizando a sus ciudadanos.

Las penurias económicas y las crecientes dudas sobre si una huelga general no unitaria es el mejor instrumento para luchar por los intereses de los trabajadores se están abriendo paso, sobre todo después de repasar la efectividad de las cinco convocatorias de huelga general —la del miércoles será la sexta— realizadas desde mayo de 2009. De todas ellas —cinco han sido convocadas por los sindicatos nacionalistas, la única que logró el objetivo de paralizar Euskadi fue la convocada el 29 de marzo pasado por los cuatro, aunque separados, ELA y LAB por un lado, y CC OO y UGT por otro.

“La única herramienta de influencia que le queda a ELA es la huelga general, es su discurso político”, asegura el responsable de una institución de diálogo social que ha visto cómo el sindicato que dirige Adolfo Txiki Muñoz, ha abandonado todos los foros de representación vascos y se ha replegado progresivamente a sus cuarteles generales perdiendo capacidad de influencia, salvo en lo relacionado a la movilización.

El coste de las jornadas perdidas en 2011 supone 24 millones de euros

Aunque internamente lata en la sociedad la necesidad de protestar de forma explícita por la pérdida de poder adquisitivo y de derechos, derivada de las reformas laborales, y de los recortes sociales que está aplicando el Gobierno popular de Mariano Rajoy, quien más quien menos atisba otro tipo de motivaciones entre las que han movido a las organizaciones convocantes.

ELA, que busca más reforzarse como organización que preservar las estructuras de negociación colectiva sectorial, necesita a LAB para lograr mayor dimensión en el objetivo común de lograr una movilización final de alcance contra el primer Gobierno socialista en Ajuria Enea después de 30 años de Ejecutivos liderados por nacionalistas.

ELA y LAB recibieron al lehendakari Patxi López en mayo de 2009, apenas unos días después de su investidura con una huelga general y ahora se despiden del Gobierno convocando otra en plena precampaña electoral de las autonómicas del 21-O, aunque esta, como la primera, convocada con el objetivo de luchar contra los recortes sociales.

El apoyo de Bildu a la movilización, y también el de las dos instituciones que presiden en Gipuzkoa, la Diputación Foral y el Ayuntamiento, va a ayudar a mejorar la respuesta social en la calle y en las empresas, pero le va a añadir un plus de reivindicación política convirtiendo la movilización en un termómetro sociológico para evaluar la capacidad de arrastre de EH Bildu ante las elecciones autonómicas que se celebrarán apenas un mes después. “Todas las huelgas generales son políticas” media el catedrático de Economía Aplicada de la UPV, Felipe Serrano, para no hacer demasiadas distinciones entre unas y otras. En su opinión, la pregunta que hay que hacerse en cada momento es si representa la medida más efectiva para mejorar la situación de los trabajadores.

Los convocantes libran mañana la batalla de los servicios mínimos

El informe del CES de 2011 que recoge la conflictividad social, aunque describe algunas salvedades, refleja que el empobrecimiento de los trabajadores no ha generado una mayor respuesta en la calle, sino todo lo contrario. El número de huelgas, participantes y jornadas perdidas cayeron en 2011 respecto de 2010 un 19,5%, un 51,1% y un 53,2% respectivamente.

El número de jornadas perdidas en 2011 por las huelgas tuvieron un coste de 24 millones de euros, según una fórmula que relaciona las horas perdidas con el PIB vasco.

En Euskadi, al contrario de lo que sucede con otros nacionalismos periféricos, ni siquiera la constatación de que los trabajadores, muchos autónomos y las micropymes están sufriendo un proceso de empobrecimiento acelerado; ni el hecho de que son más de 160.000 los parados, y 500.000 empleados tienen sus convenios bloqueados, o que 60.000 personas reciben ayudas sociales es suficiente para una acción unitaria y coordinada de todos los sindicatos.

El Comité Nacional de LSB-USO, calificó de “irresponsable” la convocatoria de una huelga general no unitaria. “Está condenada al fracaso y exige a los trabajadores a un esfuerzo que no va redundar en la consecución de objetivo alguno”, sostiene la central. En opinión de este sindicato, no tiene sentido una convocatoria en el ámbito de Euskadi “cuando es más necesario que nunca un frente global que pare las políticas de recortes que afectan a todos los trabajadores del Estado”.

La Confederación Intersindical Gallega sí lo ha entendido de esa manera y ha pospuesto la convocatoria de huelga general, ante la posibilidad de llegar a un acuerdo con UGT y CC OO para defender en la calle los intereses de todos los trabajadores afectados por unos recortes que no discriminan entre nacionalistas y no nacionalistas.

La huelga, que comenzó a calentarse ayer con las primeras movilizaciones de los convocantes, librará mañana otra batalla importante con la publicación del decreto de Servicios Mínimos. En la anterior huelga general, del 29 de marzo, el Ejecutivo ordenó que las empresas vascas de transporte regular de viajeros mantuvieran el 30% de sus servicios ordinarios en días laborables y que los centros hospitalarios contaran con el personal habitual en un festivo.

En las autopistas y túneles de peaje se ordenó garantizar el funcionamiento de la infraestructura con el personal de un festivo, mientras que las gasolineras debían funcionar al 30%.