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Regreso a la tierra cultivada

Las 58 huertas urbanas de Belvís recuperan la agricultura en el centro de Santiago

Un huerto experimental sirve de ejemplo a los vecinos y a otros grupos educativos

Debido a la alta demanda, se estan construyendo 41 más en el barrio de Fontiñas

Una vecina de Santiago regando su huerta urbana Ampliar foto
Una vecina de Santiago regando su huerta urbana

Tañen las campanas del convento dominico de Belvís. Salvo el trino de los pájaros es el único sonido que se puede escuchar, la mayor parte del día, en las huertas urbanas situadas debajo, paralelas a la rúa das Trompas. Es un oasis en mitad de la ciudad con un valor paisajístico y ambiental privilegiado, en el que priman los hábitos saludables, los cultivos ecológicos y el encuentro intergeneracional que asegura la conservación de costumbres y tradiciones.

No parece que estén en el centro de Santiago de Compostela, ni que a pocos metros de distancia haya un aparcamiento público. "No sabemos bien lo que tenemos aquí", se jacta Ramón Penelas, jubilado concesionario de una de las huertas. En una de las laderas del parque de Belvís, el Ayuntamiento habilitó 31 parcelas, con un tamaño medio de unos 70 metros cuadrados, para el uso y disfrute de los ciudadanos y vecinos de Compostela. La ordenanza reguladora establece que todo vecino de Santiago tiene derecho a ser usuario, pero en la adjudicación se dio preferencia los jubilados vecinos del contorno, que se establece en un radio de 500 metros a la redonda. Las parcelas restantes se adjudicaron por sorteo, primero a personas jubiladas de toda la ciudad, después a los vecinos del barrio y por último a los vecinos de cualquier otro barrio de Santiago. Las huertas se entregaron por primera vez en junio de 2008, con una concesión gratuita por dos años, renovable por otros dos.

La iniciativa quiere respetar las bases de la agricultura tradicional

En vista de la alta demanda, un año después se concedieron otras 26 huertas más pequeñas en la zona del parque más cercana a la rúa Virxe da Cerca, y no son raros los casos en los que los beneficiarios comparten el uso con otras personas. A día de hoy, tras el nuevo reparto de las primeras parcelas, solo nueve de las 31 huertas iniciales las trabajan jubilados. "Este año hay muchos más jóvenes, porque no quedan suficientes jubilados", se lamenta Penelas. Además de las huertas, en la parte superior de los terrenos hay habilitadas dos zonas de ocio con mesas bajo los árboles, donde los vecinos, a veces, celebran fiestas al aire libre.

Al mismo tiempo, se abrió un huerto experimental que cultiva la empresa Cespa, adjudicataria de la gestión de los parques y jardines de la ciudad, para que el público pueda acercarse a aprender in situ el fascinante mundo de la agricultura, incluidos los beneficiarios de las huertas. Irene López, la técnico responsable desde 2010 asegura que se usa "para mostrar el trabajo en una huerta" y que está destinado a que puedan visitarlo diferentes grupos educativos. El Ayuntamiento también mantiene, con podas y tratamientos fitosanitarios, los árboles (cerezos, ciruelos, melocotoneros) y los arbustos frutales (arándanos, groselleros o frambuesos) de los que luego se aprovechan los vecinos.

Tomates, pimientos, fresas, calabacines, berzas, plantas aromáticas y un sinfín de otras especies se cultivan en los huertos. Un listado al que tienen acceso los usuarios sugiere lo que se puede plantar en cada época del año y cuales son las asociaciones vegetales más beneficiosas. Salvo por la limitación de no sobrepasar el 25% del total de la huerta con especies arbustivas, López asegura que se puede plantar "casi cualquier cosa", y aunque se recomienda que sean variedades autóctonas, la mayoría de las plantas provienen del mercado o de lo que cada uno trae de su aldea. Otra beneficiaria, Ermitas Lamelas, echa en falta “un poco más de asociación entre los que usamos las huertas” y cree que "la gente realizaría más inversión en lo económico y en lo personal si tuviese la huerta por más tiempo".

Hay tanta demanda que ya se están habilitando otras huertas en Fontiñas

Respecto a los tratamientos contra plagas y enfermedades la ordenanza municipal establece que se "respetaran los principios de la agricultura orgánica y tradicional", pero Penelas y Lamelas coinciden en que "cada uno va un poco por libre". La ordenanza prohíbe la aplicación de ciertos productos químicos, aunque no se detallan cuales.

En un compostero se recogen los restos vegetales que se producen en las huertas y se anima a los usuarios a que aporten sus propios desechos orgánicos desde casa, así como a realizar una agricultura de mínima intervención y con mínimo laboreo, una buena idea si se considera que todo se tiene que hacer con las propias manos.

A día de hoy, es tal la lista de espera, que, según María Castelao, concelleira delegada de Medio Ambiente, se están habilitando otros terrenos en la zona de Fontiñas, añadiendo tierra fértil y construyendo los caminos, en los que, entre septiembre u octubre, se pretenden sortear otras 41 parcelas. Ya se piensa en hacer 124 más en otra zona cerca del parque Eugenio Granel.

El único problema habitual es que hay gente que entra y se lleva cosas o que rompe alguna planta”. López asegura que existe vigilancia, pero que las huertas, al fin y al cabo, “están abiertas y puede entrar cualquiera”.