Los últimos del metro

Movidos por necesidad o por ocio. ¿Quién usa el suburbano a medianoche? “Somos obreros y los recortes llegan por todos lados”, protesta un camarero Los hosteleros alertan de pérdidas, los taxistas dicen que no subirán tarifas

Secundino Corral, camarero, en un vagón de metro en Sol.
Secundino Corral, camarero, en un vagón de metro en Sol.SAMUEL SÁNCHEZ

“¡Loco, loco, el Gobierno está loco!”. Derrumbado sobre el banco del andén, con un hilo de voz, el joven bangladesí apenas tiene fuerzas para balbucear algunas palabras. Es un hombre muy menudo, con cara y maneras de niño a sus 30 años. “No, foto no”, dice. Hace rato que ha pasado la medianoche. En las profundidades de la estación de Sol, eje central de toda la red de Metro, el hombre aguarda a su tren. El luminoso chiva que faltan nueve minutos. Trabaja en un locutorio en la zona de Bilbao. Dice que pasa allí más de 14 horas diarias, de diez de la mañana a 0.30 de la noche. Vive en Lavapiés. Hace cuatro viajes diarios, de casa al trabajo y del trabajo a casa. “La gente trabaja hasta tarde, yo y mis compatriotas salimos siempre de madrugada. ¿El Gobierno está loco o qué? No puedo pagar taxi, no puedo esperar autobús”.

La locura a la que hace referencia es la última propuesta de la Consejería de Transportes de la Comunidad de Madrid. Aún no está muy perfilada, pero todos parecen conocerla bajo tierra. La idea es cerrar antes el metro. En concreto, en días laborables —se baraja de domingo a miércoles o a jueves—, a partir de las 24.00 (la red cierra ahora a las 2.00, los últimos trenes salen de las cabeceras a la 1.30). El consejero Pablo Cavero lo anunció como una posibilidad a finales de mayo. Lo confirmó como opción segura el 20 de junio. Se anunciará “en ciertas semanas”, dijo. Solo un día después, el vicepresidente de la Comunidad, Ignacio González, dio un paso atrás —“aún se está estudiando”— y uno adelante —será “de domingo a miércoles”—. Ni una palabra oficial más. El tema asusta. Es un debate que da miedo a los políticos, que recorre despachos de Metro y de consejerías desde hace décadas, señalan fuentes técnicas. Hasta ahora no ha prosperado.

Silencio institucional

El silencio institucional es tal que Transportes ni siquiera aclara por qué se empezó hablando de 24.000 afectados diarios y González rebajó la cifra a 20.000. Tampoco especifican por qué las cifras de ahorro oscilan entre cuatro y cinco millones anuales de los 150 que Transportes quiere recortar de la aportación de las Administraciones al precio del billete. “No hay nada más que decir”, arguye insistente un portavoz. Ni del futuro ni del pasado. Imposible obtener un perfil con datos oficiales actuales de cómo son los usuarios nocturnos, los últimos del metro. El informe Caracterización del cliente de Metro (un estudio exhaustivo de 2008) da algunas pistas que apuntan a viajeros como el bangladesí cansado. La mayoría de los usuarios (59%) se mueve en metro por trabajo. Tienen entre 25 y 34 años. “A partir de las 20.00 y hasta el final del servicio aumenta el número de extranjeros”, añade el resumen del estudio.

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“Me avergüenzo pero sí, a estas horas veo solo trabajadores”. Un punki con cresta rubia pasa en el tren de enfrente mientas Raquel Jiménez (parada, de 41 años) habla de vergüenza. “Vuelven del curro y yo de tomar unas cañas que pagan mis amigos”.

Transportes baraja un refuerzo de las líneas de autobuses nocturnos por el cierre que no ha especificado. La Federación Profesional del Taxi de Madrid ha aprovechado para decir que no subirá los precios.

“Yo no tengo dinero para taxis”, explica Raquel Jiménez, educadora social en paro. No cobra prestación. Sin fondos para un taxi (“el abono me lo pagan mis padres”), con mala combinación de autobús (“tardaría más del doble que ahora en llegar a Aluche”) y sin ganas de plantearse un paseo: “¡Solo lo hice una vez! El día que me dejo mi novio. Necesitaba andar. Tarde dos horas y media en llegar a casa”.

Secundino Corral (57), que no se separa de la bolsa de plástico blanca de una perfumería, sería uno de los 25.000 empleados del sector de hostelería que se verían afectados, según la asociación de La Viña. Le escribieron una carta al consejero pidiendo “una reflexión” antes de dar el paso y alertaron del impacto económico en su sector: pérdidas de 60 millones de euros, un 3% de la facturación anual.

"Soy una hormiguita, ese es el truco"

Corral, camarero, solo libra los martes. El resto de días vuelve en metro a casa, de Sol a Legazpi. Nunca sale antes de la una de la madrugada. “Somos gente obrera, los recortes nos llegan por todos lados”, se lamenta. Ocho minutos para el próximo tren. Detrás, una pareja se besa y tres chicas hablan en inglés sentadas en el suelo. Si estuvieran en Nueva York, podrían viajar a cualquier hora de la noche. En Barcelona, las 0.00 es la hora tope entre semana. Berlín cierra a las 1.30. París oscila entre 1.15 en laborables y 2.15 los fines de semana.

“Nadie termina de cenar antes de medianoche, nadie”, protesta Javier Mateo, de 30 años. A estas horas coge el metro por motivos de ocio, como la cena de la que regresa con dos amigas. Trabaja y puede permitirse un taxi, pero se queja porque conoce a gente que no.

“Soy muy hormiguita, ese es el truco”. Tanto como para llegar a fin de mes con un sueldo máximo de 300 euros y la pensión de su marido, jubilado antes de tiempo por enfermedad. En la pantalla de Canal Metro aparecen unos gorrillas hablando cerca de unos coches. Junto a la vía, María Ángeles Amago (47) sonríe al infortunio. Cada noche sale de casa en Legazpi poco antes de las 22.00 para ir a la residencia de otros y sacar los cubos de basura de la comunidad. Suele terminar poco antes de la medianoche. Y baja al andén. “Hoy he tardado un poco más porque estaba separando desechos. Hay que conservar el medioambiente”. Lleva el bolso escondido en una bolsa de plástico. Dice que es para que no se lo roben otra vez.

Sobre la firma

La corresponsal de género del diario EL PAÍS está especializada en temas sociales (Igualdad, Violencia de Género, Educación) y ha desarrollado la mayor parte de su carrera en EL PAÍS. Antes trabajó en Efe, Cadena Ser, Onda Cero y el diario La Opinión. Es licenciada en Periodismo por la Universidad de Sevilla y Máster de periodismo de EL PAÍS.

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