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Botella estudia convertir plazas azules en aparcamientos disuasorios

Se permitiría estacionar entre seis y ocho horas a un precio más reducido en los alrededores de las vías de acceso a la ciudad

Parquímetro en la calle Sangenjo. Ampliar foto
Parquímetro en la calle Sangenjo.

El Ayuntamiento de Madrid (Partido Popular) considera “muy avanzadas” las negociaciones para cerrar con el Consorcio Regional de Transportes un nuevo convenio que permita “sacar adelante” cinco aparcamientos disuasorios en los alrededores de la capital, para inducir a los ciudadanos llegados de otros puntos de la región a dejar allí sus vehículos particulares para moverse en transporte público por la urbe. Además, “está manejando otra idea” que consiste en reconvertir plazas del Servicio de Estacionamiento Regulado para estos fines.

El delegado de Medio Ambiente, Movilidad y Seguridad, Antonio de Guindos, ha avanzado sus intenciones esta mañana en el pleno municipal en respuesta a la proposición del concejal Jaime María de Berenguer (Unión Progreso y Democracia) para impulsar la red de aparcamientos disuasorios en la ciudad. La propuesta ha contado con el respaldo del Partido Socialista e Izquierda Unida, pero ha sido rechazada merced a la mayoría absoluta del Partido Popular.

De Guindos ha aludido al convenio firmado en 2006 con el Consorcio Regional de Transportes, que el nuevo acuerdo continuaría, “teniendo en cuenta todo lo avanzado”. En realidad, avanzado, poco, puesto que de los aparcamientos disuasorios propuestos en 2006 apenas se ha construido alguno. Y el nuevo convenio reduce la apuesta a tan solo cinco: Canillejas, Colonia Jardín, Aviación Española, Pitis y Puerta de Arganda.

La “otra idea” que “maneja” el Ayuntamiento pasa por “buscar áreas diferenciadas en el Servicio de Estacionamiento Regulado” en las que se haya “apreciado una baja utilización” y que puedan ser susceptibles, por su localización, de actuar como aparcamientos disuasorios. Sería a costa de plazas azules, “sin apenas utilizar zonas verdes [para residentes]”, y habría que esperar al menos un año, hasta “contar con los medios técnicos” necesarios. Se permitiría a los conductores dejar su coche allí entre “seis y ocho horas”, cuando el límite actual es de dos horas para la zona azul (entre 2,7 y 2,8 euros) y una para las verdes (entre 2 y 2,1 euros) Además, se haría “un ajuste de precios”, es decir, se rebajaría su coste para largas estancias.

El anterior alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón (PP), prometió en 2006 construir 30 aparcamientos de entre 1.000 y 2.000 plazas entre 2007 y 2011, en colaboración con el Gobierno regional (PP), distribuidos por las vías de acceso más atascadas: las seis autovías, la A-42 (Toledo) y la carretera de Colmenar. Sumarían 50.000 nuevas plazas, las que a juicio de las Administraciones faltaban para evitar los atascos y fomentar el transporte público.

Nueve de esos aparcamientos se levantarían en el entorno de la A-2 (Barcelona), el más necesitado de ellos. Otros siete, en la A-5 (Extremadura); tres en la A-1 (Burgos); tres en la A-6 (A Coruña); tres en la M-607 (Colmenar); uno en la A-4 y otro en la A-42 (Toledo). También estaba previsto hacerlo en la estación de AVE de Toledo, en la estación de tren de Pitis y en la de metro de Arganda.

En noviembre de 2009 se inauguró un aparcamiento disuasorio en la Ciudad Universitaria, el más grande de la región con 1.498 plazas en cinco niveles subterráneos a la vera de la A-6. Meses después, apenas funcionaba al 30% de su capacidad por el desconocimiento de los conductores. Esta infraestructura fue diseñada por el Consorcio Regional de Transportes en 1994, cuando se inauguró la estación de metro de Ciudad Universitaria, pero tardó 15 años en construirse. Costó seis millones de euros. El precio: dos euros por ocho horas.

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