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Mueren cuatro personas al incendiarse su barraca en Barcelona

Tres hombres y una mujer fallecen en un incendio en un solar ocupado del 22@

El Consistorio afirma que se trata de un asentamiento de familias rumanas

Los vecinos de Poblenou exigen a Trias que ponga medios para evitar el barraquismo

Mueren cuatro personas en Barcelona al incendiarse su barraca. ATLAS

Un incendio fortuito en un solar abandonado hizo aflorar ayer las contradicciones de Barcelona, donde el barraquismo convive con proyectos punteros como el 22@, el distrito tecnológico de la ciudad. Cuatro personas de origen rumano —tres hombres y una mujer— fallecieron ayer por inhalación de humo, después de que el fuego arrasara una parcela de terreno que habían habilitado como vivienda. El incendio se produjo, por causas que se investigan, en una rampa de acceso a la chabola, en la que se acumulaban multitud de maderas y colchones, un espectáculo que se puede contemplar desde algunos de los edificios singulares de Poblenou, como el hotel del lujo Me, a dos pasos del solar.

La identidad de las víctimas mortales aún no está clara. Sin familiares y sin documentación, la tarea se complica, según fuentes policiales. Los vecinos del barrio de Poblenou y el Ayuntamiento coinciden al señalar que el solar, de titularidad privada, permanecía ocupado desde hacía 10 años por un matrimonio de nacionalidad rumana. Antes de la crisis, el hombre “se dedicaba a hacer chapuzas, sobre todo a pintar, de casa en casa”, explica Joan Maria Soler, de la asociación de vecinos. “Ahora, se dedica a recoger chatarra por el barrio y venderla”, añade Soler, que vive en un bloque de pisos frente a la barraca y ha tratado personalmente a la pareja. “En Navidad les llevamos un lote”, añade preocupado por la suerte de sus vecinos.

La rampa bajo la cual estaba la chabola en la que vivían cuatro personas que han muerto en un incendio en Barcelona.
La rampa bajo la cual estaba la chabola en la que vivían cuatro personas que han muerto en un incendio en Barcelona.

Junto a la pareja, de mediana edad, convivían en el solar, ocasionalmente, sus dos hijos adolescentes. Estos pasaban parte del año en Rumanía. Según el primer teniente de alcalde de Barcelona, Joaquim Forn, la familia se marchó a finales del año pasado a aquel país. Hace un mes, los servicios sociales del Consistorio se pusieron en contacto con las siete personas que entonces ocupaban la parcela. El Ayuntamiento les ofreció distintas opciones —facilitarles el retorno a su país, promover su inserción social y laboral y ayudarles a encontrar una vivienda— pero las rechazaron, según Forn. Pese a que en un primer momento, el propio Forn apuntó que el matrimonio había abandonado el solar, vecinos de la zona insistían en que les habían visto hace dos semanas: “Les vi aquí antes de Semana Santa”, explicó Soler. Este extremo, sin embargo, no podrá confirmarse hasta que se practiquen las autopsias y se determine la identidad de las víctimas, que fueron halladas por los bomberos tras extinguir un fuego que había comenzado a las 3.30 horas.

Los vecinos de la zona explicaban que el matrimonio se cuidaba mucho de que alguien más entrara a la que consideraban su casa. “Habían puesto un candado en la puerta para que no entrase nadie y, si alguien lo intentaba, se enfrentaban a él”, añadió María Teresa Payà. La convivencia con esa familia, según varios vecinos, era buena.

Una familia con hijos dedicada a la chatarra malvive en el solar desde hace 10 años

Hubo una época en la que sí hubo problemas en ese espacio, que llegó a ser desalojado en 2010 por los Mossos d’Esquadra para “poner fin a episodios de delincuencia de baja intensidad”, según el concejal. La pareja y sus dos hijos, que no habían generado ningún problema, siguieron viviendo allí.

El solar en cuestión está vacío desde hace 15 años, desde que cerró la empresa Burberry. Posteriormente esa parcela se integró en el plan especial de Can Ricart, la reconversión de una colonia fabril de finales del siglo XIX propiedad del marqués de Santa Isabel en empresas de servicios. El solar ha sido reparcelado y, según fuentes municipales, son varios los propietarios. En teoría, ahí se alzarán dos torres de gran altura. Pese a la ocupación del terreno, los propietarios no habían interpuesto ninguna denuncia. Ayer podían verse varias bombonas de butano, dos bicicletas, un pequeño cobertizo para guarecerse del frío y utensilios domésticos. Al final de la tarde se podía leer un mensaje en la valla: “Descansad en paz”. Firmado, los vecinos.

Más de un millar de personas malviven en barracas, naves y pisos ‘patera’

Unos vecinos que consideran que lo ocurrido en la madrugada del lunes es inadmisible. “Hay más de un centenar de asentamientos con cientos de personas que viven en una situación miserable y sin alternativas de ningún tipo. El Ayuntamiento de Barcelona tiene que pasar de las palabras a la acción”, sostenía Joan Maria Soler, de la asociación de vecinos de Poblenou.

El solar donde ocurrió la tragedia formó parte del Manchester catalán, el motor industrial hasta mediados del siglo pasado, que ahora concentra el sector de las nuevas tecnologías, servicios y hoteles de lujo.

Y barraquismo. En esos terrenos, justo detrás del parque central del Poblenou del arquitecto Jean Nouvel, el mismo de la vecina Torre Agbar; estaba prevista la construcción de dos torres de altura de oficinas. La crisis ha parado ese plan, como tantos otros. La misma crisis que ha dejado en la estacada a cientos de personas, muchos de ellos inmigrantes. Y cada vez más autóctonos, aseguran los vecinos de esos barrios.

Los vecinos de Poblenou exigen a Trias que ponga medios para evitar el barraquismo

Buena parte del Poblenou se ha convertido en refugio de cerca de un millar de personas en naves abandonadas, solares vallados y viviendas sobreocupadas que se intercalan con edificios singulares de arquitectos de prestigio. Un paseo por entre las grandes manzanas del 22@ es todo un muestrario del atrevimiento arquitectónico junto a la pobreza que apenas pueden tapar las vallas que rodean los solares vacíos. A veces son grandes naves ya en desuso que se han convertido en una suerte de almacenes y viviendas de los cientos de chatarreros que recorren la ciudad a diario. Es el nuevo barraquismo en una ciudad con amplia memoria histórica en el fenómeno —desde las playas del Somorrostro, pasando por Montjuïc o la Verneda— que precisamente se ha enquistado en una zona en expansión donde los contrastes son cada vez mayores.

Según el Ayuntamiento, hay una treintena de asentamientos donde malviven unos 400 portugueses, 200 rumanos y 400 senegaleses. Los vecinos de los barrios del Poblenou elevan los asentamientos a un centenar y critican al consistorio por no actuar socialmente.

Frente a las críticas vecinales, el consistorio argumenta que ya está manos a la obra y que desde hace un mes —cuando se aprobó un plan para erradicar el barraquismo— se está haciendo un estudio de todos los asentamientos para buscar soluciones. “Que no sean como el plan de formación profesional para la repatriación de los senegaleses a los que no se apuntó prácticamente ninguno”, señala Soler.

Para la Síndica de la Ciudad el problema social es de tal calibre que recientemente recomendó al Consistoro a que ubicara a las personas que viven en chabolas en módulos prefabricados.

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