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El arte se muda al Golfo Pérsico

Con grandes museos, ferias de primer nivel y una fuerte inversión, la región se ha convertido, pese a la ausencia de libertades, en parada obligatoria de artistas y comisarios. Entre ellos, cada vez más españoles

Obra de Asunción Molinos Gordo parte de la exposición 'The Peasant, the Scholar and the Engineer', en el Jameel Arts Centre de Dubái. Daniella Baptista

En poco más de una década, el Golfo Pérsico (o Arábigo, como lo denomina la mayoría árabe en la región) ha pasado de ser una periferia exótica del circuito artístico a convertirse en uno de sus polos más dinámicos. La isla de Saadiyat, en Abu Dabi, concentra instituciones llamadas a redefinir el mapa cultural de la región. En Arabia Saudí, el desarrollo patrimonial y artístico del valle de Al Ula —donde abrirán varios museos, uno de los cuales dedicado al arte contemporáneo y en colaboración con el Centro Pompidou— articula una estrategia de diplomacia cultural sin precedentes. Lo mismo pasa con las ferias: Art Basel ha celebrado este mes su primera cita en Qatar, y Frieze tendrá lugar en Abu Dabi a finales de año, mientras que Art Dubai ha consolidado una plataforma de mercado mundial que ya no puede ignorarse.

En ese contexto, la presencia de artistas, galerías e instituciones españoles ha crecido de forma visible, aunque no siempre coordinada. ¿Estamos ante un desembarco inevitable? Para la artista Asunción Molinos Gordo, que acaba de protagonizar una gran muestra en Art Jameel (Dubái), la respuesta es prudente: “España no tiene un plan estructurado, a diferencia de Francia o Inglaterra”. Su propia trayectoria —­tras vivir en Egipto y Omán cuando “lo usual era ir a París, Londres, Berlín o Nueva York”— ilustra cómo muchas conexiones han surgido por decisiones individuales más que por políticas culturales. “La movilidad me permitió abrir nuevas posibilidades”, explica, subrayando los lazos históricos y culturales entre España y el mundo árabe. El artista Robert Ferrer, que ha participado en Art Dubai y Abu Dhabi Art, cree que el Golfo no es ya una periferia, sino un entorno con personalidad propia y creciente peso geopolítico. Destaca “un gran movimiento institucional con museos y espacios que impulsan la cultura” y la presencia de “megagalerías con infraestructuras enormes”. Aunque percibe, eso sí, diferencias entre ambas citas: “En Abu Dabi son más reacios a lo contemporáneo, mientras que Dubái es más ecléctico y abierto”. Lo señalan todos los consultados: no es lo mismo Emiratos que Arabia Saudí, Qatar u Omán; cada país tiene su grado de apertura y su apuesta por la cultura.

En el ámbito galerístico, la relación con la región se construye con paciencia. Jal Hamad, de la galería madrileña Sabrina Amrani, recuerda que las primeras ferias que apostaron por su programa fueron las de los Emiratos. “Llevamos 15 años trabajando en la región”, señala. Más que hablar de desembarco, prefiere referirse a un proceso de acompañamiento y participación en “la evolución cultural” de la zona, que hoy vive una fuerte activación regional y una clara voluntad de diversificar la economía (dependiente de los hidrocarburos) a través de la cultura. El galerista gerundense Pepe Baena Diví, que se prepara para abrir una galería en Abu Dabi, señala que su decisión responde a factores estratégicos: Emiratos se ha constituido en un nodo global, cruce entre Asia Central, África y el sudeste asiático. “Se ha convertido en una capital de cultura”, señala, destacando “la hospitalidad y el respeto profesional” que ha encontrado en la región.

Desde la perspectiva del comisariado, Pablo del Val —director creativo de Art Dubai y figura clave en el desembarco del arte español por la zona— describe Dubái como “uno de los lugares más complejos que existen”: una ciudad de microsociedades segmentadas por comunidades étnicas donde “no hay aristocracia, burguesía o clase media como en Europa”. Entender quién compra y por qué requiere tiempo y experiencia, señala. “Es un mercado fantástico si sabes manejarlo, pero hay que crearlo. No es llegar y vender”, advierte.

“Se han convertido en una capital de cultura”, señala el galerista Pepe Baena Diví, a punto de abrir una nueva sala en Abu Dabi

Para Del Val, el desplazamiento del foco artístico es evidente: “China ya no es lo que era, Hong Kong ha perdido fuerza, Seúl tiene barreras, Tokio necesitará diez años para desarrollarse del todo…”. En ese escenario, Oriente Medio emerge como el eje inevitable. Allí el coleccionismo, explica, es un mercado “sin corsés”, donde se compra desde la emoción más que por el currículum: “Compran aquello que les toca, que conecta con su maleta emocional, porque es una ciudad de desplazados”. El ecosistema institucional también se consolida: Emiratos presenta, según los profesionales consultados, la estructura más desarrollada de la región, aunque otros países avanzan con rapidez. En este contexto, la reciente designación de Elvira Dyangani Ose como nueva comisaria de la Bienal de Abu Dabi refuerza la presencia española en posiciones de responsabilidad.

Los países árabes han vivido una apertura en los últimos años, pero siguen existiendo muchas diferencias con Occidente: son monarquías absolutistas y existen limitaciones a la libertad de expresión que también afectan a la expresión artística: hay tabúes que no pueden formar parte de ella. Con todo, los consultados señalan que no hay que meter a todos los países en el mismo saco: varios sostienen que no tienen problemas en trabajar en Dubái o Abu Dabi, pero admiten que les generaría más dudas en hacerlo, por ejemplo, en Arabia Saudí. Baena relativiza: “Vivimos en un mundo tan contradictorio que no hay un país donde no haya tensión ética”. En su experiencia, afirma haberse sentido “más arropado” en Emiratos que en otros lugares. Sin obviar las diferencias, la mayoría coincide en que el diálogo cultural puede funcionar como espacio de apertura y transformación, y subrayan que la región ha experimentado avances en los últimos años, especialmente en los Emiratos, donde la modernización institucional y social es visible.

La piedra de toque de todo este proceso es, probablemente, el futuro Guggenheim Abu Dhabi. Gestado desde 2011, durante años ha ido adquiriendo fondo de armario y su inauguración, prevista antes de que acabe el año, genera una enorme expectación internacional. Si finalmente abre sus puertas este año, confirmará que el Golfo ya no es solo una promesa, sino un actor central en la geopolítica del arte contemporáneo. Para el ecosistema español, el reto no será únicamente estar presente, sino hacerlo con estrategia, continuidad y visión a largo plazo en un territorio donde nada se improvisa y todo se construye con paciencia.

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