‘Lo que son mujeres’: ¡Pero que poco valen los hombres!
Laila Ripoll, nueva directora de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, le hace un hueco al teatro independiente con una farsa de Rojas Zorrilla, metateatral y pirandelliana, con la que Morboria celebra su 40 cumpleaños


Los autores pensionados de Felipe IV se lo pasaban de miedo. Como al monarca le fascinaban las comedias de repente, Calderón, Vélez de Guevara, Moreto y Rojas Zorrilla le improvisaron al alimón farsas interpretadas por ellos mismos. Por ejemplo, en La creación del mundo, esta pandilla de pluma y tintero encarnó respectivamente los papeles de Adán, El Dios Padre, Abel y Eva, con su hojita de parra, rimando versos según se les ocurrían. Se conservan algunas estrofas divertidas, anotadas por un testigo. Rojas tenía vocación por los papeles femeninos. En sus obras, las chicas llevan la iniciativa, como puede apreciarse en Lo que son mujeres, una rareza estrenada el jueves por la compañía Morboria, en el Teatro de la Comedia, de Madrid.
Serafina, su protagonista, se enfrenta a un dilema. Querría seguir siendo una soltera feliz, pero para cobrar la herencia de su difunto padre debe casarse, así, por las buenas. O por las malas, porque los hombres le parecen adefesios. Para ella, “no hay ninguno que no sea sujeto de carcajada”. Es la primogénita guapa de dos hermanas. De Matea, la menor, de 15 años, dice ella que es “feíta” y que no hay hombre que no le plazca. Son, pues, agua y aceite, rivales por una herencia que no se puede repartir. También en Entre bobos anda el juego, de Rojas, su protagonista es aficionada al género masculino, mientras que su amiga Andrea se declara soltera irredenta.
La obra es una mezcla alquímica de comedia urbana, entremés de juez y comedia de figurón. O de figurones, más bien, pues aparecen cuatro galanes bufos
Lo que son mujeres es una mezcla alquímica de comedia urbana, entremés de juez y comedia de figurón. O de figurones, más bien, pues aparecen cuatro galanes bufos. Aunque tal personaje ya rondaba el imaginario colectivo, el don Lucas de Entre bobos… pasa por ser el primer figurón en toda la regla, es decir, el enamorado narcisista y ridículo por excelencia. En la primera jornada de la función de Morboria (es hermosa esta concepción de cada una de las partes de las comedias auriseculares como días completos, mejor que como actos), Gibaja, un casamentero, se presenta en casa de las hermanas, para mostrarle a Serafina una baraja de pretendientes. Está al cabo de cuanto soltero o soltera se mueve en la Villa. Los ojea a la salida del teatro y de la Iglesia, en el Paseo del Prado… Anota las características de cada uno, como hacen hoy los psicólogos dedicados a la selección de personal, y se los ofrece como maridos a viudas y solteras. En sustancia, su trabajo no difiere del de los productores de ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, Casados a primera vista y otros programas televisivos de citas.
Este es tan solo el primero de una sucesión de episodios paródicos, controversias chuscas, cantables radioactivos y bataolas de una guerra incruenta entre pretendientes y pretendientas, sin final feliz. El último acto es metateatro puro, un pirandello tres siglos antes del nacimiento del autor italiano. Eva del Palacio, directora de Morboria, extrema la farsa y acentúa lo grotesco, obteniendo la cosecha mejor en esa jornada última, donde Gibaja, interpretado briosamente por Fernando Aguado, se revela como el propio Rojas, que está escribiendo la comedia en vivo. Lo grotesco, seña identitaria de la compañía, en esta ocasión sí viene al pelo. Dentro del trabajo colectivo, entregado y eficaz, sobresale también la agilidad versátil de la Serafina de Virginia Sánchez, papel que la dirección podría haber trazado con mayor arco dramático. El cálido aplauso del público fue también un reconocimiento al 40º cumpleaños de esta compañía proletaria, familiar y de la legua.
Lo que son mujeres
Texto: Rojas Zorrilla. Adaptación y dirección: Eva del Palacio
Teatro de la Comedia, Madrid. Hasta el 15 de marzo.
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