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CRÍTICA LITERARIA
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

‘Vietnamitas contra Franco’, combates de tinta

El ensayo de Jesús A. Martínez, con profusión de imágenes y documentación, revela cómo el reparto de octavillas era propaganda e información, pero también un acto en sí mismo profundamente transgresor

Útiles de trabajo y documentos falsificados por Domingo Malagón de dirigentes del PCE: Santiago Carrillo, Dolores Ibárruri e Ignacio Gallego. Imagen incluida en el libro 'Vietnamitas contra Franco', de Jesús A. Martínez.
Útiles de trabajo y documentos falsificados por Domingo Malagón de dirigentes del PCE: Santiago Carrillo, Dolores Ibárruri e Ignacio Gallego. Imagen incluida en el libro 'Vietnamitas contra Franco', de Jesús A. Martínez.AHPCE / EDITORIAL CÁTEDRA

La guerra de Vietnam estuvo muy presente en los imaginarios y en la acción política de las oposiciones antifranquistas en la España de la segunda mitad de la dictadura. A ello debemos atribuir el bautizo coloquial de las rudimentarias maquinitas de imprimir —en muchas ocasiones, artesanales y de fabricación casera—, simples pero efectivas, utilizadas para elaborar en secreto miles de octavillas y otras producciones, como vietnamitas. Antes, en la década de los cincuenta, ya habían recibido otro nombre vinculado a la lucha anticolonial: indochinas. Vietnamitas y octavillas constituyen los símbolos más potentes de la cultura escrita clandestina durante el franquismo. A las octavillas y a las vietnamitas, pero, asimismo, a la prensa, los carteles, los libros de contrabando, las pancartas, los murales, las cartas de las prisiones o las imprentas clandestinas, dedica Jesús A. Martínez el volumen Vietnamitas contra Franco. Producciones impresas y manuscritas coexistieron; eran escritas, a la par que proscritas.

Esta historia de la cultura escrita clandestina en tiempos de la dictadura puede considerarse una continuación —muy ampliada y enriquecida por nuevas informaciones y materiales— del catálogo de la exposición Letras clandestinas, 1939-1976 (2016). El libro que ahora ve la luz no es solamente destacable por el texto, sino también por las numerosas ilustraciones, más de cuatro centenares, que contiene. Se trata de un producto de cuidada edición. Martínez prosigue en esta obra su larga carrera de dedicación a la cultura escrita en la España contemporánea, en la que destacan trabajos sobre libreros, editoriales y editores, lectura y lectores o, en Vivir de la pluma (2009), sobre la profesionalización de los escritores entre la revolución liberal y la Segunda República.

Lanzamiento de octavillas en un concierto de Raimon en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Complutense, 18 mayo de 1968.
Lanzamiento de octavillas en un concierto de Raimon en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Complutense, 18 mayo de 1968. AHUCM / EDITORIAL CÁTEDRA

El minucioso trabajo del autor empieza por el estudio de la clandestinidad, la censura, la represión y las estrategias de ocultamiento, desde las maletas de doble fondo hasta las cartas transmitidas a trozos, sin olvidar la falsificación de documentos, un arte en el que sobresalió el mítico Domingo Malagón. Libros y folletos con cubiertas falsas intentaron sortear las prohibiciones, aunque, en este terreno, lo más frecuente fueron las ediciones en el extranjero —Era o Ruedo Ibérico, por ejemplo—, introducidas en España y vendidas, a veces, en la trastienda de algunas librerías. La prensa periódica constituye la forma más habitual de cultura impresa clandestina a la que recurrieron todas las organizaciones. La continuidad de las cabeceras no resultaba sencilla. Mientras que en los años cuarenta, en especial en la guerrilla, no faltaron publicaciones escritas a mano, a partir de finales de los sesenta empezaron a proliferar las fotografías. Los boletines manuscritos circularon en las cárceles, en donde la escritura se convertía en forma de comunicación y resistencia.

La prensa periódica constituye la forma más habitual de cultura impresa clandestina a la que recurrieron todas las organizaciones. La continuidad de las cabeceras no resultaba sencilla

En el franquismo existió en España, sostiene Jesús A. Martínez, una enraizada cultura de la octavilla. Aunque existieran otros tamaños, con este nombre se denominaba a las hojas sueltas y volantes, naturalmente efímeras y producto de las vietnamitas, que se repartían, distribuían y, por esencia y casi por definición, se tiraban. La tirada y la lluvia consiguiente eran un arte. Se trataba de propaganda e información, pero también de un acto en sí mismo profundamente transgresor. Las octavillas, en sus múltiples modalidades y facturas, representaron un fenómeno transversal de la clandestinidad. No olvida el autor dedicar ilustradoras páginas, en esta interesante obra, a las pegatinas —muchas simples; notables las del PNV—, los carteles, las pancartas, las pintadas en muros y paredes —sobre todo las universitarias— o bien los murales. Con todo ello se planteó un reiterado combate de tinta frente al pretendido monopolio estatal sobre lo escrito. El offset acabó desplazando a la vietnamita en la Transición democrática. Llegaban otros tiempos.

Portada de ‘Vietnamitas contra Franco’ de Jesús A. Martínez.

Vietnamitas contra Franco

Jesús A. Martínez
Cátedra, 2023
344 páginas, 28,95 euros

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