Bernardí Roig: “La actitud positiva y la creatividad están sobrevaloradas”

En paralelo a su regreso al circuito de galerías madrileño, el artista exhibe un proyecto triple en Málaga en conmemoración del 50º aniversario de la muerte de Picasso

El artista mallorquín Bernardí Roig (Palma, 1965) sigue recogiendo los frutos de un año redondo. En paralelo a su regreso al circuito de galerías madrileño (con una muestra en Max Estrella), exhibe un proyecto triple en Málaga en conmemoración del 50º aniversario de la muerte de Picasso.

¿Cuándo supo que sería artista? En mi casa familiar no había libros pero sí dos enciclopedias: la Enciclopedia de la Vida Sexual y la Biblioteca Salvat de Grandes Temas. En el tomo ‘Arte Abstracto y Arte Figurativo’ vi por primera vez la imagen de un cuadro de Pollock. Mi cabeza estalló.

¿En qué se parecen y en qué se diferencian los trabajos que exhibe en Málaga y en Madrid? Tratan de lo mismo con excusas diferentes: son imágenes que intentan mostrar aquello que no son capaces de representar. Ambas son una amalgama de mondaduras que mi cabeza ha expulsado. En Málaga la excusa es Picasso, en Madrid la excusa soy yo.

¿Con qué tres adjetivos definiría su práctica? Obsesiva, excesiva y contradictoria.

Echando la vista atrás a su trabajo, ¿cuáles han sido sus obsesiones recurrentes? Creo que las obsesiones garantizan que nuestra presencia en el mundo se cumpla: miedo, incomunicación y soledad.

Qué diría que va primero, ¿el fondo o la forma? En mi caso la forma siempre llega después, y muchas veces con retraso. Una imagen es una idea a la espera de su carnalidad, luego se convierte en la presencia de una ausencia.

¿Qué es lo más bonito que le han dicho de su obra? ¿Bonito?

¿Y lo más extravagante? Que era extravagante, lo cual me pareció ridículo.

¿Qué obra de arte ajena le hubiera gustado crear? Cualquier Corridor de Bruce Nauman, la forma más fascinante de asfixiar el espacio.

¿Qué artista poco conocido/a recomendaría? A Jean Rustin. Extraño pintor figurativo francés de soledades insistidas.

¿En qué museo se quedaría a vivir? En el Museo Gypsotheca Canoviana, en Possagno, sobre todo en la ampliación que hizo Carlo Scarpa. Allí se atrapó la luz. Todavía me alimento de la última visita.

¿Qué libro tiene abierto en la mesilla de noche? Cerrando La forma inicial. Conversaciones en Princeton, de Ricardo Piglia, y a punto de abrir y caer en la inmensidad de El viaje pendular, de Cristóbal Serra.

¿Uno que no pudo terminar? Contraluz, de Thomas Pynchon, me atasqué en su desmesura. Aunque volveré a intentarlo. Quizás en otra pandemia.

¿Cuál es la película que más veces ha visto? Otto e mezzo, de Fellini.

¿Su diálogo favorito en una película? Pontano (Mastroiani): “La vida sería soportable si no hubiera placeres”. Lidia (Jean Moreau): “¿Esta frase es tuya?”. Pontano: “No. Yo ya no tengo ideas, solo memoria”. La Notte, de Antonioni.

¿La última serie que vio del tirón? No veo series, pero la ultima telenovela que vi, y no fue de un tirón porque no existían todavía los tirones, fue Yo soy Betty, la fea.

¿Qué canción usaría como autorretrato? En este momento, el Preludio de Tristán e Isolda.

¿Cuál es el suceso histórico que más admira? La aparición de la imprenta de Gutenberg.

¿Qué está socialmente sobrevalorado? Dos equívocos: tener una actitud positiva y ser creativo.

De no haber sido artista sería… Agrimensor, el que mide los lugares.

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