Bulos, mentiras y redes sociales

El asalto de las tecnológicas a la dominación del mundo y a nuestros bolsillos. Dos libros reflexionan sobre la libertad de expresión y la privacidad, temas cruciales para el futuro de las democracias

Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, ante el Senado, en Washington el 10 de abril de 2018.
Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, ante el Senado, en Washington el 10 de abril de 2018.AARON P. BERNSTEIN (REUTERS)

En abril de 2020 el jefe de Estado Mayor de la Guardia Civil, José Manuel Santiago, aseguró públicamente que los servicios del instituto armado tenían orden de detectar bulos y fake news que provocaran desafección hacia el Gobierno. Se atribuyó la declaración a un lapsus linguae del general, pero todavía un año después la directora del cuerpo tuvo que aclarar que el monitoreo trataba solo de detectar bulos que pudieran generar un gran nivel de estrés y alarma social en relación con la salud. En realidad no sabemos nada, o muy poco, de cuál es el tratamiento que los gobiernos dan a los datos de los ciudadanos que circulan por el ciberespacio y hasta qué punto se vulneran los derechos que las Constituciones democráticas protegen. Pero no solo el poder político y sus instituciones policiales amenazan el ejercicio de esos derechos, so pretexto de protegerlos. Las cinco grandes tecnológicas norteamericanas hacen frente hoy a serias denuncias sobre la manipulación a la que someten a sus clientes, no pocas veces con la ignorante colaboración de estos.

Manipulados es un libro sobre “la batalla de Facebook por la dominación mundial”, investigación llevada a cabo por Sheera Frenkel y Cecilia Kang, especialistas en ciberseguridad y regulación tecnológica que escriben en The New York Times. Publicado antes de las revelaciones que la antigua empleada de la compañía Frances Haugen ha hecho sobre la contribución de los algoritmos de Facebook a las políticas de odio, este extenso reportaje ilustra sobre previas divisiones y disputas internas entre los integrantes de la firma acerca de sus métodos y objetivos, que justifican un debate mundial sobre el comportamiento ético de sus dirigentes. Es también un relato de las relaciones entre los dos líderes de Facebook, su creador, Mark Zuckerberg, y su directora de Operaciones, Sheryl Sandberg, artífice principal de su éxito económico. La compañía ganó 85.500 millones de dólares el año pasado y su valor en Bolsa supera ya el billón.

Este debate afecta a la neutralidad de las redes y pone el foco en la ausencia de responsabilidad jurídica y social de sus propietarios respecto a lo que por ellas circula

El método para generar tanta riqueza parece algo simple y lo describe muy bien Andrew Bosworth (Boz), un graduado de Harvard que creó la división de noticias de la firma y es el actual vicepresidente de realidad virtual y aumentada, clave para su nuevo proyecto de metaverso. Tras un escándalo por la publicación en la red social de bulos y mentiras sobre Hillary Clinton, Boz colgó un informe en los grupos de empresa, en los que se debatía la responsabilidad de la misma ante sus usuarios, que resume su filosofía: “Ponemos en contacto a la gente. Punto”. Para añadir: “Puede ser algo malo si la gente se pone en contacto con fines perjudiciales. Tal vez a alguno le cueste la vida al quedar a merced de unos matones. Tal vez alguno muera en un ataque terrorista coordinado por nuestras herramientas. Aun así ponemos a la gente en contacto. La cruda y fea realidad es que… todo lo que nos permita hacerlo con más gente y más a menudo es de facto algo bueno”. Este es el motor fundamental que mueve el empeño del fundador, al parecer menos sensible que su colaboradora Sandberg al hecho de que cuanta más gente ponen en contacto, más aumenta su negocio.

El rótulo del memorando de Boz era Lo desagradable y la cruda realidad que mencionaba derivó en el título en inglés del libro: Una fea verdad. Tan fea que la red social se ha utilizado para influir en las relaciones humanas hasta extremos insospechados. La controvertida campaña electoral de Trump, el caso de Cambridge Analytica, el genocidio de los rohinyá en Myanmar, la intervención de Rusia en los procesos electorales, o la preparación del asalto al Congreso americano en enero, figuran entre las consecuencias de poner a la gente en contacto sin saber para qué. Mentiras, bulos, injurias y calumnias se amparan en la defensa de la libertad de expresión, que Zuckerberg enarbola frente a toda censura, aunque acabó imponiéndola a Trump, expulsado también de Twitter. Este debate afecta a la neutralidad de las redes y pone el foco en la ausencia de responsabilidad jurídica y social de sus propietarios respecto a lo que por ellas circula. Facebook cuenta con 2.800 millones de usuarios, el 40% de la población mundial, y continúa creciendo a pesar de esos escándalos. O quizás gracias a ellos.

Otro gran debate, que nos devuelve a las declaraciones del general Santiago, es sobre el uso que se hace de nuestros datos personales, cuyo destino final nadie conoce. En 2015, el jefe de ciberseguridad de Yahoo dimitió después de que la consejera delegada, Marissa Mayer, permitiera al Gobierno americano monitorizar en secreto el contenido de los correos de sus usuarios. La vulneración de la privacidad, sin conocimiento de estos, se lleva a cabo de maneras diferentes tanto por gobiernos como por las compañías privadas. Los primeros, en defensa del poder; las segundas, en reclamo del dinero. Carissa Véliz, profesora de Filosofía en Oxford, analiza la cuestión en su libro Privacidad es poder, donde denuncia la violación de aquella por los “buitres” a los que entregamos nuestros datos de manera voluntaria, aunque “también nos los roban cuando tratamos de resistirnos”. Este latrocinio de nuestra propiedad más íntima no nos crea la misma sensación de ser violados como cuando nos quitan la cartera, pero el expolio es infinitamente mayor. “Quien eres y qué haces”, dice Véliz, “no es asunto de nadie. No eres un producto que haya que transformar en datos con los que alimentar a los depredadores por un precio”.

Frente a los excesos del poder y la avaricia de los oligopolios, es preciso que las leyes regulen y defiendan la libertad de expresión y el derecho a la privacidad, cuestiones cruciales para el futuro de las democracias. He aquí dos obras que nos invitan a esa reflexión.

portada 'Manipulados. La batalla de Facebook por la dominación mundial', SHEERA FRENKEL y CECILIA KANG. EDITORIAL DEBATE (PENGUIN RAMDON HOUSE)

Manipulados 

Autores: Sheera Frenkel y Cecilia Kang.


Traducción: Juan Rabasseda Gascón.


Editorial: Debate, 2021.


Formato: tapa blanda (368 páginas, 23,90 euros) y e-book (11,39 euros).


portada 'Privacidad es poder. Datos, vigilancia y libertad en la era digital'. CARISSA VÉLIZ. EDITORIAL DEBATE (PENGUIN RAMDON HOUSE)

Privacidad es poder

Autora: Carissa Véliz .


Editorial: Debate, 2021.


Formato: tapa blanda (304 páginas, 19,90 euros) y e-book (9,49 euros).


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