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La hamburguesa envasada no es una hamburguesa

Y otras trampas que podemos detectar entendiendo las etiquetas de los alimentos… Por cierto, esa salsa que tanto le gusta tiene un montón de azúcar

Saber qué ingredientes llevan los alimentos con los que llenamos la cesta de la compra es un asunto que preocupa cada vez más a consumidores y productores. Puede que en alguno de sus paseos por el supermercado se haya topado con una pantalla de ordenador que invita a escanear el código de barras del producto que lleva en la mano para ver desglosado su valor en grasas, proteínas o hidratos. Los hay incluso que calculan el ejercicio que deberíamos hacer tras ingerirlo para compensar su aporte calórico.

¿Sabría descifrar todos esos valores que aparecen en la pantalla? Lo más fácil es perderse en una terminología excesivamente técnica, asustarse por términos que suenan fatal (pero no son para tanto) y pasar por alto otros que sí debemos controlar si queremos llevar una alimentación saludable.

“Hay cosas invisibles, que no se perciben, pero que el alimento las lleva”, nos explicaba en un Facebook Live sobre el tema, Marta Miguel, doctora e investigadora del CSIC en el Instituto de Investigación en Ciencias de Alimentación. En algunos de esos ingredientes o valores que pueden pasar desapercibidos en el carro de la compra, es precisamente en los que queremos fijarnos, para lo cual analizamos estas etiquetas reales.

El aceite de oliva no es garantía de ‘saludable’

Los aceites recomendados desde un punto de vista nutricional serían los que llevan el apellido virgen o virgen extra. Tal y como explica Miguel, “son aquellos que se han producido a través de procedimientos mecánicos. Es decir, simplemente se ha exprimido la aceituna hasta conseguir ese zumo natural que sería el aceite”.

Si en la etiqueta solo se indica aceite de oliva “sin ningún otro apellido, significa que después de exprimirse la aceituna se ha seguido otro procedimiento y existiría algún tipo de refinamiento con otros productos”.

Otro aspecto a tener en cuenta en la etiqueta de los aceites sería su valor en grasas. “Las saturadas son muy pocas”, señala Miguel. Y las saturadas serían, precisamente, las que es mejor evitar (sobre todo en productos procesados) o consumir en pequeñas cantidades.

El chocolate tiene más azúcar que manteca de cacao

“Lo primero que debemos saber al enfrentarnos a una etiqueta”, recuerda la investigadora, “es que los ingredientes del producto aparecen en el orden en que lo lleva. Cuanto antes aparezca, más cantidad de él habrá”.

En esta etiqueta de chocolate, por ejemplo, aparece en segundo lugar y está por delante de un ingrediente esencial: la manteca de cacao. “Es la única grasa de origen vegetal que es sólida a temperatura ambiente, pero tiene la capacidad de que se funde a temperatura corporal”, explica Miguel. “Es un componente muy caro que se obtiene del cacao y hay muchos chocolates que no la incluyen o lo hacen en muy poquita proporción”. Si queremos un chocolate de calidad, por tanto, hemos de fijarnos en que la manteca de cacao esté bien presente.

Otro azúcar con el que no contaba: el de las salsas

“La gente no suele ser consciente, pero una cucharada sopera de kétchup suele tener unos 4 gramos de azúcar”, señala Miguel. “Y consumimos mucho más que eso”. Pero este algo contenido en azúcar no solo es aplicable al kétchup, sino también a otras salsas que consumimos habitualmente.

Es importante tener en cuenta que en la etiqueta siempre aparece el valor total en hidratos de carbono y de ahí se desglosan los que son azúcares (en el concepto “de los cuales”). En general, cuando se usa el término "azúcar" se refiere a una molécula simple, particularmente perjudicial porque sube muy rápidamente en sangre. Por eso suele ser mejor reducirlo en favor de los hidratos de carbono.

“Los hidratos”, recuerda Miguel, “son azúcares que los nutricionistas llamamos de absorción lenta, pero los azúcares (presentes por ejemplo en los pasteles) son de absorción rápida porque hacen que aumente nuestro nivel de glucosa de manera muy rápida. Por eso son tan dañinos para nuestro organismo”.

Batido: es casi imposible que tome solo 100 ml

"En esta etiqueta vemos que todos los hidratos de carbono que lleva el producto son azúcares". Y no solo eso, explica Miguel. "Es muy importante controlar las cantidades". Al igual que ocurre con las salsas, las cantidades del valor nutricional son engañosas para el consumidor. “Viene especificado por 100 gramos de producto o 100 ml en caso de ser un alimento en estado líquido”. El problema es que no somos conscientes de que lo normal es tomar el doble o triple de eso. "Para que nos hagamos una idea, los brik pequeñitos que les damos a los niños para ir al colegio a media mañana, son 200 ml”, señala la experta.

Lo que saca de ese paquete de plástico no es una hamburguesa

Cuando uno se fija en la etiqueta de una bandeja de hamburguesas verá que se refieren a ellas como "preparado de carne picada" o burger meat. "Una hamburguesa fresca es aquella elaborada con carne picada y sin ningún tipo de conservantes y procesamiento", recuerda Miguel. "Por eso, la que compramos envasada no puede llevar el nombre de hamburguesa". La fresca, por tanto, debe estar hecha solamente con carne picada y un porcentaje muy bajo de sal. Como no lleva conservantes su periodo de caducidad es muy corto: habría que comerla el mismo día o los días posteriores a su compra. Pero en caso de recurrir de vez en cuando a las envasadas "hay que fijarse en que no lleve muchos azúcares, en que sus conservantes sean lo más naturales posible, que no lleven potenciadores del sabor...", relata Miguel.

Otro elemento a destacar de este tipo de productos son las famosas E seguidas de algún número. Se trata de los aditivos que, según la terminación numérica, puede indicar que estamos ante un colorante (la serie del 100), un conservante (los 200), antioxidante (si aparece un 300) o un espesante si aparece la serie del 400. No todos son perjudiciales. "Los SULFITOS que vemos en esta etiqueta, por ejemplo, son conservantes alimentarios que se utilizan para reducir el incremento de actividad antimicrobiana en los productos, pero existen otros conservantes que son más naturales, y la idea es que su presencia se vaya reduciendo poco a poco en la industria alimentaria". Según Miguel "sería mucho más sencillo si en lugar de las E se indicarán los nombres. Que la gente viese, por ejemplo, benzoato y lo pudiese identificar mejor que un número y una letra que no sabemos o no nos acordamos de a qué equivale".

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