Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Desengáñese: usted también perdonaría unos cuernos (y hace bien)

Aunque la mera idea de una infidelidad nos llene de ira y rechazo hacia la pareja, la experiencia dice que casi siempre optamos por el olvido

perdonar cuernos

Son muchas las infidelidades que han acumulado titulares. Algunas tan conocidas como la de Bill Clinton con Monica Lewinsky o la de la actriz Kristen Stewart con el director Rupert Sanders. Sin embargo, si bien Hillary Clinton supo perdonar y seguir adelante con la relación, en el caso de Robert Pattinson fue imposible volver a confiar en la que había sido su pareja durante cuatro años.

Aunque socialmente sigue pareciendo que una infidelidad supone que la relación quede herida de muerte, lo cierto es que en la vida real no todo es blanco o negro. Una infidelidad no tiene por qué suponer el fin de la pareja. “Cuando preguntas a las parejas si la perdonarían, la inmensa mayoría te dicen que no, que romperían la relación en el mismo momento en que se enteraran; sin embargo, en la práctica son muchas las que tratan de arreglar las cosas tras el terremoto de un engaño”, informa el sexólogo José Bustamante, autor de En qué piensan los hombres.

¿Por qué parece que hay infidelidades que resultan más fáciles de superar que otras? La primera idea es que, lógicamente, depende mucho de la persona o de la situación que esté atravesando la pareja. Pero también hay factores externos que influyen. En este sentido, es importante ser sinceros con nosotros mismos y con el otro, ya que, como añade el experto, “dependiendo de la atribución que hagamos de por qué se ha producido la infidelidad, tendremos que enfrentarnos a uno u otro reto. No es lo mismo, por ejemplo, pensar que tu pareja te ha sido infiel por un calentón, que pensar que no le importas nada y que por eso se ha permitido llevarlo a cabo”, aclara el sexólogo. ¿Pero qué otros factores habría que tener en cuenta a la hora de perdonar o no perdonar?

1) Si se ha hecho público: Según Bustamente, uno de los aspectos que suele influir es si la infidelidad se ha quedado entre las cuatro paredes de nuestra casa o, por el contrario, se ha hecho pública en nuestro círculo social, cuestión que preocupa sobre todo a los hombres. "En consulta se observa que, en la mayoría de los casos, le resulta más sencillo perdonar a una mujer que a un hombre”, explica. La razón es más social que genética: “Tiene que ver sobre todo con el criterio de masculinidad, que se ve más ofendida, sobre todo si la infidelidad trasciende al entorno social”, añade. Es decir, que el motivo no es tanto la falta de confianza, sino el estigma que conlleva la idea tradicional del cornudo. De hecho, según Bustamante, “cuando la infidelidad ha quedado en el terreno de la pareja, entonces sí hay más hombres que deciden perdonar, aunque siga siendo en menor número que las mujeres”. Es decir, que si la sangre no ha llegado al río, parece que tanto hombres como mujeres apuestan en no pocas ocasiones por las segundas oportunidades.

"En consulta se observa que, en la mayoría de los casos, le resulta más sencillo perdonar a una mujer que a un hombre”. (José Bustamante, sexólogo)

2) Nuestro concepto de “infidelidad”: Lo que es o no infidelidad es asunto hasta de campañas publicitarias de entidades financieras. Mientras para unos un simple tonteo merece una expeditiva llamada a los abogados, para otros que su pareja practique sexo esporádico con otras personas no es tan dramático. ¿A qué atenerse? Como puntualiza la también sexóloga Emma Placer, “no existe una definición global de lo que es o significa la infidelidad. En consulta se presentan diferentes perfiles, personas que se sienten traicionadas y engañadas por el hecho de que sus parejas tengan una relación cibernética de carácter afectivo-sexual, aunque nunca hayan tenido contacto físico, y para otros la traición viene por la ejecución sexual propiamente dicha”. Antes de montar en cólera, piense en lo relativo del concepto.

3) Cómo haya afectado a nuestra autoestima y confianza: Uno de los principales problemas a la hora de plantearse perdonar un desliz “suele ser la pérdida de la autoestima de la persona que se siente engañada o traicionada, sean cuales sean los parámetros en que su moralidad o su construcción del contrato amoroso”, revela Placer. Por su parte, Bustamante aporta que “es cierto que para muchas personas la infidelidad aparece como una de las peores cosas que podría hacerte la pareja, incluso por encima de las faltas de respeto, aunque por debajo de las agresiones". El motivo es que una infidelidad no impacta solo en la autoestima, sino que también “influye en la dinámica de la relación, ya que desde ese momento, la confianza queda muy menoscabada y no es en absoluto sencillo recomponerla”, por lo que será importante hacer una reflexión sincera al respecto.

4) Si le han pillado con las manos en la masa: Por otra parte, también depende de cómo se haya conocido esa infidelidad. "En los casos en que se pilla in fraganti es muy complicado desbloquear esas imágenes en nuestro cerebro, hay que hacer un trabajo intenso en esa recuperación”, dice Emma Placer. En la actualidad, y según lo que la sexóloga observa en consulta, “casi el 90% de las infidelidades se descubren por las redes sociales o la mensajería instantánea, que es una traición a dos bandas: quien descubre el engaño también invade la intimidad de su pareja al espiar en su teléfono o su ordenador”. Ante la evidencia de las pruebas, en vez de tirar por el famoso “no es lo que parece”, parece que las cosas pueden ir mejor si se racionaliza la situación todo lo posible y se tiene una conversación al respecto.

Una vez hemos decidido que, pese a todo, queremos seguir con la relación, en muchas ocasiones se hace necesario acudir a terapia de pareja. Suele ayudar a buscar la mejor manera de cerrar las heridas, porque además la pareja que acude a terapia ya va predispuesta a querer arreglar las cosas. Para ello, lo habitual es hacer un trabajo tanto individual como conjunto. En la persona que ha sido engañada “habrá que trabajar para recuperar la autoestima, la seguridad y acompañar el duelo que significa el sentirse traicionado/a”, informa Bustamante. En la persona infiel, “habrá que trabajar sus motivaciones. Si ser infiel está en contra de sus valores, plantearse qué ha pasado para que se lo permitiera y trabajar esos impulsos. Si entiende que no es para tanto el tener algún desliz, ayudarle a tomar conciencia, hablando con la pareja sobre su concepción de la relación y las nuevas reglas que se establezcan desde entonces”.

Se dice que una pareja que ha pasado por un trance de este tipo ya nunca será igual. Pero no siempre tiene por qué ser así. Generalmente la infidelidad es la excusa para plantearnos resolver todos aquellos problemas que guardábamos en el armario. Por ello, “es fundamental que ambos entiendan qué ha pasado y por qué, y paralelamente que la pareja construya una nueva relación. No tratando de volver a donde estaban antes de la infidelidad, sino a construir una nueva manera de relacionarse, recogiendo lo que les sirvió en el pasado pero cuestionando lo que no les hacía felices”, relata Bustamante. Lo ideal sería llegar a esa conclusión sin pasar por el dolor mutuo de un engaño, aunque si la situación se ha dado así es un buen momento para salir reforzados. De hecho, según el experto, el 75% de las parejas que acuden a terapia tras una infidelidad lo superan. “Es curioso, pero son muchas las parejas que tras el dolor, si hacen bien las cosas, reconocen ser mucho mejores de lo que eran antes del tsunami emocional de la infidelidad”.

Puedes seguir Buenavida en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Más información