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Por qué los sabios viven más

Picasso o la Nobel Levi-Montalcini son famosos longevos que crearon hasta el final. Una clave es la genética, pero ser optimista (y otras actitudes) influye más de lo que suponemos

Pablo Picasso (1881-1973).
Pablo Picasso (1881-1973).

¿Qué tienen en común Miguel Ángel, Verdi o Picasso? No solo les une la genialidad. Los tres vivieron muchos años y estuvieron creando hasta el final de sus vidas. Miguel Ángel, en su novena década, proyectó la cúpula de San Pedro. Verdi, con 80 años, compuso Falstaff, una de sus mejores óperas. Picasso siguió trabajando de modo incansable prácticamente hasta el día de su muerte. Hay muchos más referentes de famosos longevos que dieron guerra hasta el final. Como el francés Stéphane Hessel, que con 93 años escribió ¡Indignaos! (Destino, 2011), que tanta repercusión tuvo en la sociedad, especialmente entre los jóvenes, y cuyo prólogo escribe el abanderado del movimiento 15-M, José Luis Sampedro, escritor y economista que murió a los 96 años; o la superviviente más longeva de los campos de exterminio nazi, Alice Herz-Sommer, que vivió 110 años y nunca dejó de tocar el piano. El arquitecto brasileño Oscar Niemeyer siguió en activo siendo centenario; la bailarina Martha Graham realizó, con 90 años, la coreografía de La Consagración de la Primavera, de Stravinski; la científica italiana Rita Levi-Montalcini, Premio Nobel de Medicina, siguió investigando con 100 años; o el portugués Manoel de Oliveira, director y productor de cine, que murió el año pasado a los 106 años, rodó un año antes su última película. Increíble, ¿no?

Un caso poco común

Cuando el psiquiatra Jesús Fraiz visitó al menorquín Joan Riudavets, que con 114 años ostentaba entonces el récord de ser la persona más longeva del planeta, esperaba encontrárselo postrado en la cama. Sin embargo, estaba sentado frente a una mesa camilla leyendo el periódico y pidió ponerse la chaqueta para la foto (no quería salir en bata). Le contó que a los 90 años los médicos dudaron si ponerle un marcapasos, al final se lo implantaron. Diez años después tuvieron que cambiarle la pila, y una vez más a los 110. Es cierto que tenía una salud poco común: pudo montar en bicicleta hasta su muerte, a la edad de 114 años (a consecuencia de un resfriado).

Según la filóloga y coach Gloria Méndez, no hace falta poseer cualidades especiales para tener una vida plena: “Es totalmente democrático, no hay excepciones. Todo el mundo puede hacer que su vida tenga más vida dentro de ella. Estar 100% vivo depende únicamente de uno mismo”. El psiquiatra Jesús Fraiz ha recopilado a lo largo de más de 20 años de estudio una base de datos documental de aproximadamente 6.000 famosos centenarios.

A la pregunta de cuál es el secreto de vivir una larga vida, Fraiz responde que, aunque influyen los hábitos de vida saludable, la genética y la medicina, lo más común en todos ellos es la resiliencia (capacidad de sobreponerse), mantenerse activo el máximo tiempo posible, el optimismo y un fuerte sentido del propósito en sus vidas. “Hay gente que a los 70 años comienza a pintar, escribir, hacer fotografía, pasear por el campo… Tiene que ver con las inquietudes. Muchos se mueren porque no saben disfrutar. Y después hay casos de gente a la que le toca vivir situaciones tremendas y, sin embargo, logra salir adelante como los centenarios que he investigado y que estuvieron en campos de concentración. La sola esperanza de salir de allí era un acicate para ellos. Como si se dijeran ‘hoy no me rindo, quizás mañana o pasado, pero hoy no”.

La vida siempre sigue

Independientemente de lo larga o corta que sea la vida de cada uno, la filósofa y asesora Mónica Cavallé apunta que quienes viven la vida en toda su amplitud son aquellos que están movidos por el amor, no por el miedo; los movidos por el afán de crecer, de aventurarse y de descubrir; quienes asumen que las ganancias y las pérdidas son indisociables del hecho de estar vivo y han experimentado el poder transformador de las pérdidas; quienes persiguen su felicidad personal, pero que también se entregan a valores y causas más grandes que ellos mismos. Y quienes son espiritualmente ricos y no temen el paso del tiempo, y dejan ir con elegancia todo aquello que los años se llevan consigo.

Cómo vivir más intensamente

1. Encuentre el sentido: sepa que todo lo que le ocurre tiene un sentido. Usted está en todas las cosas que le ocurren porque tienen algo que ver con usted. Pregúntese: ¿Qué sentido le voy a dar?

2. ¿Para qué a mí?: pregúnteselo en vez de “por qué a mí”. El por qué se presta al drama, el para qué conecta con la utilidad que tiene eso que le ocurre con su vida.

3. Deje de procrastinar: no posponga nada y empiece ya porque igual mañana no llega nunca. Haga lo que tenga que hacer, en pequeñas dosis, pero actúe. No espere.

4. Tenga sueños: sea ambicioso, no se conforme con proyectos pequeñitos porque estos no alimentan. Su deseo de llegar a algo grande es lo que realmente le dará el combustible para vivir intensamente.

5. Conecte con la gratitud: siempre hay algo por lo que estar agradecido. La gratitud le conecta con lo que le gusta de su vida. Piense “qué bien que…he podido hacer algo…, que haya recibido una llamada...” La suma de varios “qué bien” produce la ‘hormona de la satisfacción’.

 

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