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Nueva York dedica 100 veces más al cambio climático que Adís Abeba

Las megaciudades pobres apenas invierten en planes de adaptación climática

Vista parcial de Ciudad de México, la mayor urbe de América Latina.

Las grandes ciudades son muy vulnerables a los efectos del cambio climático. Ya sea por su densidad de población, sus infraestructuras o porque en ellas se acumula el poder económico y político, el impacto de los eventos climáticos allí puede ser devastador. Ahora, un estudio con 10 megaciudades muestra que la inversión en planes de adaptación climática es muy baja. También revela que las urbes ricas están dedicando hasta 100 veces más dinero que las pobres en protegerse de las consecuencias del calentamiento global.

En 1950 sólo había dos ciudades con más de 10 millones de habitantes, Tokio y Nueva York. Un siglo después serán más de 40, según la ONU y dos de cada tres personas vivirá en una ciudad. Las urbes son responsables de buena parte de las emisiones de gases de efecto invernadero, entre el 30% y el 80%, según dónde se ponga el foco. También serán de las primeras en sufrir sus consecuencias. La escasez de agua, el aumento de la polución atmosférica o el efecto isla de calor serán efectos directos del cambio climático. Las megalópolis costeras, como Nueva York (EE UU), Lagos (Nigeria) o Bombay (India) tendrán que lidiar, además, con el aumento del nivel del mar.

Por eso, los últimos informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) recuerdan la necesidad de ir diseñando y aplicando planes  de adaptación climática con los que encajar mejor las consecuencias de vivir a dos o más grados de temperatura. Entre los actores clave en el diseño y aplicación de esos planes están las ciudades y, en particular las megaciudades.

Un grupo de investigadores británicos ha analizado la inversión que están haciendo 10 de esas megalópolis en adaptación climática. En la lista han incluido tres grandes capitales desarrolladas, París, Londres y Nueva York, cinco urbes de países emergentes, Pekín, Ciudad de México, São Paulo, Yakarta (Indonesia) y Bombay y otras dos de naciones en vías de desarrollo, Lagos y Adís Abeba (Etiopía). Como era de esperar, las ciudades de los países ricos gastan más en pensar en el futuro que las de los pobres.

Ciudad de México y Sao Paulo están en mitad de la tabla, con 780 millones de euros en 2014

"Nos ha sorprendido la amplitud de la diferencia de gasto entre las ciudades", dice el investigador del departamento de geografía del University College London (Reino Unido) y principal autor de esta investigación, Lucien Georgeson. "Podíamos esperar diferencias entre Nueva York y Adís Abeba, pero no necesariamente márgenes tan significativos en el gasto como porcentaje del producto interior bruto de la ciudad (PIBc) o las grandes diferencias en inversión per cápita", añade.

En efecto, el estudio que acaban de publicar en Nature Climate Change muestra una distancia entre unas ciudades y otras que va más allá de sus diferentes niveles de desarrollo. Así, Nueva York dedica unos 2.000 millones de euros anuales a la adaptación climática. Ese dinero incluye desde diques de contención del mar, hasta mejoras en el sistema de alcantarillado, pasando por mecanismos de alerta de huracanes. En el extremo contrario se encuentran Lagos, que invierte 66 millones, o Adís Abeba, con apenas 19 millones de euros. En una posición media alta se hallan Ciudad de México y São Paulo, las dos con unos 780 millones de euros.

Pero las cifras absolutas pueden enmascarar la importancia relativa de la inversión. Por ejemplo, las dos ciudades latinoamericanas  invierten lo mismo en adaptación climática. Pero, mientras la brasileña tiene unos 11 millones de habitantes, Ciudad de México y su zona metropolitana superan los 20 millones. Por eso, los investigadores también expresaron el gasto en porcentaje del PIBc. Aún así, las ciudades desarrolladas superan ampliamente tanto a las emergentes como a las menos desarrolladas. Mientras París, Londres y Nueva York tienen dedican una media del 0,22% de su PIBc en adaptarse al cambio climático, el resto ronda el 0,15%.

"Creemos que estas disparidades van más allá de las diferencias de capacidad económica entre las ciudades", comenta Georgeson. Y esa creencia la confirman analizando a qué se dedica el dinero. En sectores estratégicos con gran impacto en la calidad de vida de las personas, como es el agua o la energía, las ciudades ricas dedican hasta un 50% más de su presupuesto que las pobres. Mientras, en las pobres, los planes relacionados con la agricultura y los servicios forestales se llevan un tercio de los fondos.

"El gasto busca proteger más el capital que a las personas"

Lucien Georgeson, geógrafo University College London

Uno de los sectores más críticos es el que llaman preparación para el desastre y está vinculado con la defensa ante eventos climáticos extremos. Incluye desde actividades de financiación hasta modelado de riesgos, pasando por sistemas de drenaje o defensas costeras. Aquí, todas las ciudades gastan lo mismo, en torno al 2% de su PIBc. Pero, en valores relativos eso significa que mientras Nueva York dedicó 27 millones de euros a este apartado en el ejercicio 2014/15, la capital etíope apenas puso 256.000 euros.

Tanto el gasto total como su reparto por sectores hacen pensar a los investigadores que "el gasto busca proteger más el capital que a las personas", en palabras del geógrafo británico. Además, el crecimiento demográfico previsto por la ONU vendrá de las grandes ciudades de China, India, Indonesia y Nigeria. "En este contexto, es preocupante el menor gasto en estas ciudades. Tenemos que plantearnos si tienen suficientes recursos para proteger a sus actuales y futuras poblaciones", recuerda Georgeson.

Para la investigadora del BC3 Basque Centre for Climate Change, Marta Olazábal, la gran diferencia de inversión entre ciudades ricas y pobres muestra que los países en vías de desarrollo tienen otras prioridades, les preocupa más el presente que el futuro. "No tienen cuantificados los posibles daños y no tienen planes para afrontarlos", sostiene. Sin embargo cree que podrían planificar en paralelo a sus necesidades actuales.

"Nueva York y Londres son ciudades pioneras en planes de adaptación al cambio climático", recuerda la investigadora vasca, que no ha participado en el estudio actual. Nueva York tiene cuantificados los daños por tormentas, huracanes, nevadas o inundaciones costeras y han dirigido la inversión hacia esos sectores. "Por eso están tan bien posicionados en preparación para el desastre". Y en cuanto a Londres, su plan de adaptación es de los primeros y más completos del mundo.

¿Y en España? Olazábal lleva años estudiando la preparación de las ciudades españolas para el cambio climático. Madrid ya tiene su estudio sobre vulnerabilidad al cambio climático, pero aún no tiene plan para adaptarse. Barcelona tendrá su plan de adaptación el año que viene. "Todavía queda para que estén todos los planes y bastante más para que empiecen a implementarse", comenta Olazábal.

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