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Cómo quitarse 5 años de encima (sin gastarse un euro en cremas)

13 hábitos antiedad que avalan los especialistas. Qué comer, qué beber y cuándo descansar

No podemos detener el paso del tiempo, pero sí mejorar nuestro aspecto para quitarnos algunos años de encima. ¿Cómo? ¿Con cirugía estética? ¿Bótox? ¿Comprando cremas y más cremas? ¿Deslomándonos en el gimnasio? No, por supuesto que no. El secreto radica en modificar ciertos hábitos cotidianos y transformarlos en medidas antienvejecimiento. No es fácil, tampoco difícil: únicamente hay que echarle ganas. "El verano es una buena época para irse entrenando", dicen los especialistas. Las medidas más eficaces, según los expertos, son las siguientes.

Dormir más. La Sociedad Española de Neurología (SEN) asegura que cuatro millones de españoles sufren insomnio. Y el resto, aunque se nos cierren los ojos, nos quedamos viendo la tele hasta las tantas a pesar de tener que madrugar. Es evidente que nos faltan horas de sueño (entre 7 y 8 son necesarias, según Javier Puertas, jefe del Servicio de Neurofisiología y la Unidad de Sueño en el Hospital Universitario La Ribera, Alzira). Y esta carencia acaba envejeciendo nuestro rostro. Así lo ha demostrado un ensayo científico de Estée Lauder, realizado en 2013, en hospitales de la Universidad Case Medical Center (Ohio, EE UU). Según sus hallazgos, la piel de las personas insomnes presenta una menor capacidad para recuperarse de la exposición diaria al sol que la piel de las personas que duermen las horas que precisan. Como consecuencia, las primeras presentan más signos de envejecimiento prematuro que las segundas. A esto se suma que, como afirma Kevin Pinski, dermatólogo con clínica propia en Chicago, la falta de sueño disminuye la producción de estrógenos y progesterona, hormonas que activan los mecanismos naturales de reparación de la piel. Para evitar estos estragos debemos intentar acostarnos antes y echar una cabezadita siempre que nuestro horario laboral lo permita.

Caminar erguidos. A medida que vamos cumpliendo años tendemos a caminar echados hacia adelante, lo que nos hace parecer mayores. En su obra Una breve guía para una larga vida (Simon & Schuster), el médico estadounidense David Agus insiste en que caminar derechos, manteniendo los hombros ligeramente echados hacia atrás, ayuda a generar bienestar personal y optimismo, dos sensaciones que rejuvenecen de cara a uno mismo y a los demás.

Seguir la dieta mediterránea. La alimentación es otro factor que influye en nuestro aspecto: la falta de vitaminas resta luminosidad, el exceso de grasas nos hace ganar kilos y aparentar más años. Un estudio de la Universidad de Harvard, publicado en diciembre de 2014 en la revista British Medical Journal, llevó a cabo una investigación que consistió en controlar la salud de 4.676 enfermeras durante 10 años y evaluar la influencia de su dieta en los telómeros (son los extremos de los cromosomas, que protegen los códigos genéticos). El resultado no dejó lugar a dudas: las sanitarias que seguían una dieta mediterránea tenían unos telómeros más largos y sanos; es decir, se mantenían genéticamente más jóvenes. ¿Conclusión? Para que los años no nos ganen la partida (ningún alimento rejuvenece: se trata de evitar que el envejecimiento se acelere), debemos aumentar nuestro consumo de fruta, verdura, legumbres y aceite de oliva y disminuir los fritos, bollos y carne roja. “Otro beneficio de consumir más alimentos verdes es que su fibra dificulta la adhesión de la placa a los dientes, por lo que los mantiene más blancos, otro detalle que nos hace parecer más jóvenes”, explica Rosario Mateo Vic, farmacéutica y directora del Centro de Salud y Belleza Espacio Simpatía, de Madrid. “Pero tenemos que procurar comer con poca sal. Esta no es necesaria, porque la que contienen los alimentos de por sí ya es suficiente para que nuestro organismo funcione bien, y su abuso favorece la retención de líquidos y la formación de bolsas debajo de los ojos, lo que avejenta nuestro aspecto”, argumenta la especialista.

Beber mucha agua. Hasta tres litros diarios recomendaba la periodista Sarah Smith en el Daily Mail, en 2013, después de realizar un curioso experimento. Estuvo un mes bebiendo los tres litros de agua diarios que aconsejan los expertos y los resultados que obtuvo fueron espectaculares: comparando dos fotografías suyas, una de antes del experimento y otra de después, observó claramente que la diferencia entre una y otra era nada más y nada menos que de 10 años. En la segunda aparecía sin ojeras, bolsas ni manchas en la cara, tenía menos marcado el surco nasogeniano y su cutis estaba mucho más luminoso. ¿No es más fácil beber agua que hacerse un lifting?

Controlar el consumo de alcohol. “El abuso de bebidas alcohólicas produce deshidratación cutánea, causa la aparición de pequeños capilares y aumenta la producción de radicales libres [moléculas que producen oxidación], que aceleran el envejecimiento. Además, por el daño tóxico que causa en el hígado y en los vasos sanguíneos, hace que la piel se ponga flácida, se afine y pierda luminosidad. Y todo ello conlleva que la persona bebedora presente aspecto de cansada y aparente muchos más años de los que realmente tiene”, asegura Mateo Vic.

Practicar ejercicio moderado de forma habitual. Lo ideal para restar años a nuestro aspecto y sumarlos a nuestra vida no consiste en matarnos en el gimnasio durante tres horas seguidas una vez a la semana, sino en hacer ejercicio moderado a diario. Así lo aconsejan investigadores de la Universidad McMaster (Ontario, Canadá), tras observar los resultados de uno de sus ensayos, publicado en el University Herald en 2014: estos estudiosos tomaron biopsias de la piel de un grupo de personas sedentarias mayores de 65 años y comprobaron que, dada su edad, tenían el estrato córneo, la capa externa de la piel, gruesa, mientras que su dermis, la capa interna, estaba muy fina. Este adelgazamiento es el que hace que la piel se vuelva frágil y origine las arrugas. Una vez tomadas las biopsias, invitaron a estas personas a seguir un programa de entrenamiento dos veces a la semana. Transcurrido el periodo de prueba, volvieron a repetirles las biopsias y… sorpresa: la piel mostraba signos de envejecimiento inverso; es decir, la capa externa se afinaba y la interna aumentaba su grosor, algo que disimulaba notablemente las arrugas y la flacidez no solo de la cara, sino también de los muslos, los brazos, el abdomen…

No fumar. Otra excelente medida para mantenernos jóvenes. El tabaco disminuye la circulación sanguínea en los tejidos, por lo que resta elasticidad y luminosidad a la piel, debilita el pelo y las uñas y pone los dientes amarillos. Tanto es así que un informe de la Sociedad Española de Medicina Estética (SEME) ratifica que por cada 10 años que una persona fuma, envejece dos y medio más que si se mantuviese lejos del tabaco. Al dejar de fumar no solo se gana salud; también se prolonga la juventud.

Protegernos del sol. Según el Instituto Gerontológico de Madrid, el principal agente externo del envejecimiento prematuro es la exposición a los rayos del sol, que destruyen el colágeno y la elastina de la piel y, por consiguiente, merman el soporte estructural de la misma. Para prevenir estos efectos, la solución es aplicarnos crema protectora a diario, incluso los días nublados, en todas las zonas que llevemos descubiertas: cara, cuello, manos, brazos...

Tener relaciones sexuales tres veces por semana. Nada de una vez al mes, como asegura la web AshleyMadison que lo hacen el 37% de las mujeres casadas. Hay que practicar el sexo tres veces a la semana como poco. Así lo aconseja el neuropsicólogo David Weeks, del Hospital Real de Edimburgo (Escocia). Gracias a sus investigaciones ha descubierto que al hacer el amor se libera la hormona del crecimiento, que ayuda a mantener la piel más elástica, y se activa la circulación sanguínea, lo que aumenta la luminosidad cutánea. “Además, al practicar sexo ejercitamos el suelo pélvico, lo que nos ayuda a prevenir las pérdidas de orina al toser o al subir escaleras, que se hacen más frecuentes con el paso de los años”, añade la farmacéutica Mateo Vic. “Efectivamente, la actividad sexual puede equipararse a una práctica deportiva más, que favorece la conservación de la masa muscular que el ser humano va perdiendo con los años. Y también sube el ánimo y mejora la autoestima, por lo que ayuda a afrontar el paso del tiempo con un espíritu más joven”, apostilla el psicólogo clínico y sexólogo Vicente Briet García, fundador de Sexólogos Alicante.

Reducir el estrés. Un trabajo de la Universidad de Harvard, de 2012, publicado en Plos One, explica que los telómeros se van acortando de manera natural con el paso del tiempo, pero hay circunstancias que aceleran este proceso, como el estrés que nos empuja a envejecer de forma prematura. ¿Cómo hacerle frente? Seguir un estilo de vida saludable, salir con amigos, tener aficiones, escribir lo que sentimos, hacer ejercicios de respiración y plantearnos los retos con alegría, no con angustia, son sistemas muy efectivos para controlarlo. “Y no olvidemos que llevar una vida sexual activa es otro modo muy agradable de combatir la ansiedad”, nos recuerda Briet.

Restringir el uso de la tableta y el móvil. Es una recomendación del doctor Christopher Rowland Payne, de la Clínica de Londres, pues según las conclusiones de un estudio suyo reciente, realizado con pacientes de entre 18 y 39 años que consultaban sus terminales una media de 150 veces al día, mantener el cuello torcido para ver la pantalla crea arrugas en la barbilla y el cuello. ¿Las claves contra estos estragos? No abusar de estos aparatos y consultarlos manteniéndolos siempre a la altura de los ojos.

Mimar el cabello y las uñas. “Una buena alimentación acompañada de cuidados adecuados, y pocos castigos, mantendrán nuestro cabello más joven”, afirma Rosario Mateo Vic. “Hay que evitar el uso del secador siempre que nos sea posible y cuando lo utilicemos, mantenerlo a una distancia mínima de 20 centímetros, además de no excedernos con los tintes y moldeados. En cuanto a las uñas, protegerlas con esmaltes específicos es la medida ideal para prevenir que se vayan poniendo frágiles con el paso de los años”, concluye la farmacéutica.

Reírnos mucho. Un estudio realizado por el Instituto Max Planck de Berlín, en 2011, asegura que las personas con semblante risueño parecen más jóvenes. Además, la risa disminuye el nivel de cortisol, que es la hormona del estrés. Lo afirman las psicólogas científicas Tara Kraft y Sarah Pressman, en una investigación de 2012, en la descubrieron que la sonrisa, aunque sea forzada, nos hace más resistentes al estrés tanto psicológico como físico. Esta es la razón por la que a la vuelta de vacaciones todos nos sentimos rejuvenecidos. “La sonrisa hace la cara más simpática, más jovial, incluso aunque nos forme arrugas”, explica la doctora Elia Roó, directora de la Clínica Clider, de Madrid, y coordinadora del Grupo Español de Dermatología Estética y Terapéutica de la AEDV. “Al reírnos se produce una contracción muscular alrededor de los ojos y las mejillas y a medida que pasan los años, esta contracción hace que la arruga también se marque en reposo", cuenta la experta. Vale, las carcajadas ajan la piel, pero dado que el resultado es vivaracho (signo de alegría), el mensaje que nos aporta es, paradójucamente, de juventud. "A diferencia de las arrugas del entrecejo, que sí envejecen, porque evocan enfado o tristeza", concluye la dermatóloga. Por si faltaran razones para preocuparse menos y sonreír más.