Una ‘marea marrón’ de 40 millones de toneladas de sargazo: la UNAM vigila el Caribe con satélites y drones
El monitoreo del avance de las algas en las costas del sureste mexicano permite anticipar su impacto ecológico, económico y sanitario

El avance del sargazo en el Caribe mexicano ya no se mide solo en montículos de algas sobre la arena, sino también en gigabytes de datos que llegan desde el espacio. La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha desplegado una vigilancia minuciosa sobre esta franja de aguas turbias que amenaza ecosistemas, turismo y salud, en un año en el que se esperan hasta 40 millones de toneladas métricas de biomasa de sargazo en el Atlántico.
Desde el Laboratorio Nacional de Observación de la Tierra (LANOT), con sede en el Instituto de Geografía, los investigadores llevan seis años siguiendo el rastro del sargazo que se forma en el Atlántico y recorre el Caribe antes de tocar las costas mexicanas. El objetivo inicial fue detectar y monitorear las manchas flotantes para evitar que alcancen arrecifes y playas, donde el impacto ecológico y económico es inmediato. El año pasado, solo en Quintana Roo se recolectaron aproximadamente 96.000 toneladas de sargazo, una cifra que, según sus estimaciones, puede incrementarse esta temporada.
El problema no se limita al paisaje. Cuando el sargazo se acumula y se descompone sobre la costa, genera una franja de agua turbia conocida como marea marrón que daña los arrecifes y los pastos marinos, claves para la biodiversidad del Caribe. A la par, el mal olor y el aspecto de las playas ahuyentan a los turistas y representan un contratiempo importante para una de las industrias que sostienen la economía de la región. La salud también se ve comprometida: las algas pueden concentrar metales pesados como arsénico, mercurio y cadmio, por lo que no podría usarse como alimento para animales y su depósito en zonas no autorizadas supone un riesgo de contaminación para los acuíferos.

Tecnología espacial contra el sargazo
La respuesta de la UNAM combina tecnología satelital, modelización numérica y trabajo de campo. El equipo de Jorge Prado Molina, coordinador del LANOT, recurre a imágenes del satélite Sentinel‑2, que cubre la región cada cinco días y permite localizar las grandes balsas de sargazo en el mar. La zona de estudio abarca no solo la costa de Quintana Roo, sino también Belice, Guatemala y parte de Honduras, porque las corrientes llevan primero la biomasa a esos países antes de que alcance México.
En los intervalos entre imágenes satelitales, los investigadores rellenan los huecos de información con modelos de corrientes marinas, viento y oleaje, para anticipar cuándo y en qué puntos del Caribe mexicano encallarán las grandes acumulaciones de sargazo. En tierra, colaboran con especialistas del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología para comprobar que lo que se ve desde el espacio coincide con lo que ocurre en la costa. Para ello usan GPS flotantes que siguen el movimiento de las manchas, espectroradiómetros que identifican la “huella” de luz característica del sargazo y vuelos de drones que permiten evaluar directamente su impacto sobre el arrecife.
Las autoridades locales han instalado barreras de contención a lo largo de unos 90 kilómetros de litoral, pero la magnitud del fenómeno las desborda. Cuando la biomasa se hunde o pasa por debajo de las estructuras, termina alimentando la marea marrón que se extiende mar adentro. Para gestionar mejor esta presión, el LANOT ha desarrollado un visualizador web que integra imágenes satelitales y resultados de modelos dinámicos, y que permite estimar la distancia de las manchas, la cantidad de sargazo que llegará, cuándo lo hará y los puntos probables de encallamiento.
El sargazo, recuerda Prado Molina, es también un ecosistema flotante donde encuentran refugio peces, crustáceos y tortugas. Su proliferación se vincula a factores como el calentamiento global y los cambios en las corrientes oceánicas. La rapidez con la que puede duplicar su volumen —en apenas 18 días— obliga a pensar en soluciones que vayan más allá de la limpieza de playas. Entre las propuestas que se estudian figura la captura del alga mar adentro para triturarla y evitar que siga flotando hasta llegar a la costa. Con un archivo de 4.700 imágenes de la región, la UNAM se ha convertido en uno de los observatorios clave para comprender un fenómeno que ya redefine la vida costera y marina en el Caribe.
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