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domingo, 29 de enero de 2012
Comer solo no tiene por qué ser aburrido. Basta tener un poco de previsión a la hora de hacer la compra y echarle un poco de imaginación para reinventar los clásicos platos sin complicaciones.

Mientras las familias transitan por el bufé de desayuno del hotel con platos cargados de comida (en casa seguramente desayunan un café y una manzana) y se hacen señas desde sus mesas pidiendo al pariente en tránsito que les traiga un panecillo u otro vaso de zumo de naranja, en la mesa de la esquina un hombre solo juguetea con su iPhone y mira de reojo ese plato de desayuno inglés que ha vuelto a cometer el error de servirse. Hace frío y el ruido es excesivo para ser tan pronto por la mañana. Se coloca los auriculares de su dispositivo móvil y toca la pantalla. Los niños le golpean cuando pasan a su espalda y las felices parejas le observan con una mezcla de empatía y condescendencia. Alguno se plantearía la adopción si no fuera por esa barba. "Cuando viajo solo, el momento de comer es algo que muchas veces esperas que llegue para poder avanzar el trabajo, desconectar o incluso darte un pequeño festín. En la mayoría de viajes de trabajo, las dietas están incluidas, pero raramente sucede lo que piensas", apunta Pancho Tolchinsky, fotógrafo y empleado en un laboratorio de investigación que posee Yahoo! en Barcelona. "La idea de un desayuno inglés, algo que no comerías jamás en casa, es atractiva hasta que ves esas salchichas y, bueno, como que no. Al final, la experiencia solo funciona si te organizas un ritual de distracción. Yo me conecto a Ted.com, una web que contiene conferencias de gente como Isabel Allende o Bill Gates". Uno de los principales avances propiciados por los terminales móviles con conexión a Internet ha sido salvar las comidas de los que acuden a los restaurantes solos y se han olvidado la lectura.

Otro hotel. En alguna ciudad de Estados Unidos que hasta los vecinos tendrían problemas para deletrear. Ahí se encuentra Jared Blank, un hombre que acumula más millas aéreas que el personaje de George Clooney en Up in the air. Blank es editor de Online travel review, un sitio con pistas y descuentos para el viajero. No se sabe si como recurso de supervivencia, por costumbre o por verdadero placer, el estadounidense ha aprendido a disfrutar esos momentos de soledad que otorgan los viajes de negocios. "Algunos proponen reunirse en el desayuno. Nada de eso. Es mi momento de tranquilidad. Se desayuna con la familia, pues solo a alguien a quien quieres mucho puedes verlo de cerca comiendo cereales. En los restaurantes disfruto mucho pidiéndome una marranada y viendo vídeos de gatos en mi móvil".

Comer solo, ya sea en un restaurante de menú cerca de la oficina, en un hotel lejos de casa o apoyado en la encimera de la cocina arrancando pedazos de pollo con las manos y lanzándolos directamente a la basura convenientemente situada entre los pies, es una experiencia que cada uno vive a su manera. "De alguna forma, la dieta que llevamos cuando estamos solos nos puede servir para saber cuál es nuestra relación con la soledad", apunta Juana María González, directora técnica de Alimmenta, una compañía dedicada a fomentar hábitos saludables de vida. Según Deborah Madison, escritora gastronómica que en 2009 editó un libro (What we eat when we're alone) en el que cien personas narraban su forma de vivir en soledad el momento de la comida, "para los que acostumbran a cocinar para otros o a comer siempre en compañía, comer solo puede ser ese momento de liberación en el que se come lo que a la pareja no le gusta y a la hora que a uno le apetece. En cambio, los que regularmente comen solos, con el tiempo encuentran una forma de ser eficientes, de alimentarse decentemente. Para ellos, su momento de liberación llega cuando están en compañía y reciben la motivación para cocinar algo más elaborado".

Recuerda Madison que durante la confección del libro, lo que más le sorprendió fue la cantidad de gente que, a pesar de estar solos, eran capaces de organizarse un ritual. "Muchos ponen la mesa, se sientan y se sirven una copa de vino. Se cuidan como si cuidaran a otra persona. La clave es ser capaz de disfrutar de la compañía de uno mismo tanto como de la de otras personas". Así lo vive Toshiko Taura, una japonesa que lleva más de 15 años afincada en Barcelona y que hace tiempo renunció a la comida local y los bares de menú. "Me sienta mal. Tuve problemas con mi estómago. Tanto frito, ¡ay!", comenta esta chef japonesa que vive sola y se dedica al catering, cocinando sus comandas desde la cocina de su piso. "Antes igual sí podía comer cualquier cosa, ahora voy cada día al mercado y veo qué hay que me gusta. Lo compro y me lo cocino", apunta. Incluso en soledad no renuncia a la ceremonia del té de arroz tantas veces como sea necesario. Para ella, estar en compañía en la mesa significa hacer concesiones en forma de tempura o algún que otro plato local, como la esqueixada.

"Es que comer en compañía también puede tener sus riesgos", apunta González. "Cuando nos sentamos a la mesa o cocinamos junto a otras personas, tendemos a actuar por imitación. Si todos piden vino, seguro que terminamos bebiéndolo, aunque no nos apetezca. Para bien o para mal, comer regularmente en compañía influye en nuestros hábitos tanto como hacerlo solos".

Sonia Layola se quedó sin piso. Por circunstancias de la vida, esta asistente de producción audiovisual se vio abocada a convertirse en nómada. Un día dormía en casa de una amiga; otro, en casa de otra. La hora de comer la dedicaba a ingerir algo rápido y marcar anuncios de pisos en alquiler. "Llegó un momento en que tenía llaves de cuatro casas de amigas. Para mí, que siempre he sido mucho de cocinar, de ir al mercado, de tener siempre la nevera llena, fue bastante caótico". Durante ese periodo se acostumbró a llevar siempre una pieza de fruta en el bolso y a la comida para llevar. "Cuando aparecía en casa de mis amistades, siempre hacía alguna compra. A veces volvía tras una semana y lo que yo había comprado había desaparecido o había que hacerlo desaparecer. También pasaba que, al ir siempre a deshoras, terminaba comprando en tiendas de las que abren hasta más tarde. Solo encontraba pizzas congeladas y carísimas".

"Los principales problemas de cocinar para uno siguen siendo los de la organización de la nevera", interviene González. "Mucha gente no sabe que puede guardar platos cocinados hasta siete días en la nevera. Así, acaba comiendo lo mismo durante tres días, lo que provoca cierto hastío. Y es que el que vive solo necesita organizarse más". Sonia acaba de encontrar piso. Desde su terraza puede ver el barcelonés mercado de Sant Antoni.

Torta de aceite con cítricos, granada y yogur

Ingredientes: 1 torta de aceite, 1 naranja, 1 pomelo, ? granada, 1 yogur y 2 cucharaditas de miel. Si tiene compañía, solo hay que doblar la cantidad de materia prima.Preparación. Obtener los granos de la granada golpeándola por el lado de la piel con una cuchara o pala de madera. Pelar la mitad de la naranja y del pomelo a lo vivo para sacar los gajos limpios. Exprimir el resto y mezclar el zumo con el yogur y la miel. Disponer gajos encima de la torta de aceite, poner un par de cucharadas de crema de yogur por encima y terminar con unos granos de granada.

'Hummus' de Judías blancas

Ingredientes: 100 gramos de judías blancas cocidas, 1 cebolla tierna pequeña con su parte verde, 1 lima, 1 cucharadita rasa de tahina, ? cucharadita de comino, ? cucharadita de zaatar o sésamo y tomillo mezclado, perejil, aceite de oliva virgen extra, sal y pimienta negra. Pan de pita para acompañar.Preparación. Separar la parte blanca del tallo de la cebolla tierna. Picar la mitad y reservar el resto para otros platos. Ponerla en un bol, mojarla con el zumo de la lima y dejar que pierda fuerza durante 15 minutos como mínimo. Desechar las capas exteriores del tallo, cortar en rodajitas finas y reservar. Triturar las judías blancas. Añadir la cebolla con limón, la tahina, el comino, el zaatar, dos cucharadas de aceite, sal y pimienta negra. Mezclar bien e incorporar agua hasta conseguir una textura espesa pero cremosa. Decorar con un chorrito de aceite, más zaatar, la parte verde de la cebolleta y perejil. Tomar untado con pan de pita tostado.

Ensalada de endibias, remolacha y frutos secos caramelizados

Ingredientes: 1 endibia, 1 remolacha cocida, 1 cucharada de frutos secos variados, 25 gramos de queso manchego semicurado, ? limón, 1 cucharadita de mostaza, 1 cucharadita de vinagre de jerez, aceite de oliva virgen extra, azúcar y sal.Preparación. Poner en un cazo al fuego los frutos secos, una cucharadita de azúcar y unas gotas de zumo de limón y de agua. Calentar hasta que el azúcar se disuelva y mover el cazo para que los frutos secos se impregnen. Extender sobre una superficie antiadherente y dejar enfriar (también se pueden comprar hechos en una pastelería). Cortar la base de la endibia para obtener las hojas. Lavarlas y secarlas. Cortar la remolacha en trozos irregulares de unos 5 centímetros. Cortar el queso en láminas finas con un pelador o rallador. Preparar el aliño mezclando la mostaza, el vinagre, tres cucharadas de aceite y sal. Disponer en un plato los ingredientes, mojar con el aliño y decorar con los frutos secos troceados.

Pechuga rellena de espinacas con albaricoques

Ingredientes: 1 pechuga de pollo pequeña, 50 gramos de espinacas frescas, 2 o 3 albaricoques secos, 1 diente de ajo, 100 mililitros de coñá, aceite de oliva, sal y pimienta negra.Preparación. Picar los orejones. Precalentar el horno a 180º. Picar el ajo fino y dorarlo en una sartén a fuego suave con un poco de aceite. Añadir las espinacas y los albaricoques picados. Salpimentar, remover y tapar. Cuando las espinacas estén tiernas, destapar, subir el fuego hasta que pierdan todo el líquido y reservar. Hacer un corte horizontal en la pechuga sin llegar al final para rellenarla. Meter las espinacas, apretar y cerrar con tres o cuatro palillos. Untar la pechuga con aceite y dorarla en una sartén a fuego fuerte para marcarla. Pasarla a una fuente de horno. Desglasar la sartén con el coñá y mojar la pechuga. Terminar en el horno 15 minutos. Servir con ensalada verde.

Espaguetis con huevas de pescado en salazón

Ingredientes: 100 gramos de espaguetis, 25 gramos de huevas de mújol en salazón, 2 dientes de ajo, aceite de oliva extra virgen, sal y pimienta negra recién molida.Preparación. Cocer la pasta en agua abundante con sal según las instrucciones del fabricante. Rallar las huevas. Cortar los dientes de ajo por la mitad y frotar con ellos a conciencia el plato donde se vaya a tomar la pasta. Escurrir la pasta dejando un poquito de su líquido de cocción. Mezclar en la misma cazuela con la mitad de las huevas, un buen chorro de aceite de oliva, sal y pimienta negra, removiendo bien. Servir en el plato, remover de nuevo y terminar decorando con el resto de las huevas por encima de los espaguetis.

Desde el pasado mes de mayo, Marta López (26 años) vive sola. Antes compartía piso con una amiga y hacían la compra a medias. A mediodía se lleva una tartera a la oficina o se calienta algún precongelado y se zampa una fruta. Echa de menos el pescado que cocina su madre. / LEILA MÉNDEZ

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