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viernes, 2 de septiembre de 2011
Reportaje:

La gran novela europea de un escritor en catalán

Jaume Cabré emprende su aventura más ambiciosa con 'Yo confieso', una historia sobre el mal en Occidente

Un niño con pantalón corto y un jersey de canalé granate sobre una camisa blanca; peinado con raya a un lado, se alza de puntillas para coger un libro de un estante casi inalcanzable de la biblioteca paterna. Son los años cincuenta del siglo pasado. El niño se llama Adrià Ardèvol y es el ávido y curioso protagonista de Yo confieso (Proa en catalán, Destino en castellano), la última obra de Jaume Cabré, "una gran novela europea", una obra monumental de más de 1.000 páginas que rastrea el mal en los últimos 600 años de la historia de Occidente.

La presentación ayer de lo que ya se perfila como una obra que marcará un antes y un después en la literatura catalana, se correspondió con la expectación que había despertado la reaparición de Cabré desde el gran éxito internacional de Las voces del Pamano (Proa/Destino), de la que se han vendido hasta la fecha más de 450.000 copias sólo de la versión en alemán. La sala Pompeu Fabra del Ateneo barcelonés, espacio proustiano donde los haya, estaba llena hasta los topes.

Solo en Alemania, el novelista vendió 450.000 copias de su anterior libro

'Yo confieso' será editada muy pronto en italiano, francés y holandés

Cabré es el autor de una larga obra entre la que destacan también las novelas Fray Junoy o la agonía de los sonidos, Señoría y La sombra del eunuco, todas traducidas al castellano. Además, ha escrito cuentos, obras de teatro, ensayos y guiones televisivos y cinematográficos. En 2010 recibió el Premio de Honor de las Letras Catalanas, al máximo galardón que puede recibir un escritor en lengua catalana.

Josep Lluch, el editor de Proa, que ayer se encargó de presentar el libro que hasta ahora pocos han tenido el privilegio de leer, lo definió como "una novela de novelas, que no se encadenan sino que avanzan juntas como una sola historia". Cabré, añadió Lluch, "es un autor europeo de primer orden" y se sitúa en el mismo registro que Dostoievski o Proust. Lo cierto es que algunos críticos ya la consideran "la gran novela central" de la literatura catalana, comparándola con lo que supuso La montaña mágica de Thomas Mann para la literatura germánica. El editor de Proa recurrió a la conocida división que hace Isaiah Berlín -que aparece en la novela- entre la zorra y el erizo. "La zorra sabe muchas cosas y el erizo solo una pero es la que importa; Cabré es un erizo", dijo.

Yo confieso -que hasta cierto punto, reconoció Cabré, remite al Yo acuso, de Zola- es la confesión del hijo único, superdotado y falto de amor, de una familia de la alta burguesía catalana, nacido a finales de los años cuarenta del siglo XX, que oculta un pasado turbio e intenta explicarse el mal. Es una historia fáustica, sobre la presencia permanente del mal, más allá de quien lo encarna: desde un inquisidor catalán del siglo XV a un médico del campo de concentración de Auschwitz. Y es muchas cosas más, porque la narración, de forma magistral, recorre la historia de Occidente y crece a través de innumerables protagonistas, lo que ha forzado al autor a incluir un índice -un dramatis personae- para que el lector pueda resituarse si se pierde. Es también la historia de un violín -Cabré es un melómano impenitente-, un Storioni de Cremona, y del músico Bernat Plensa, el amigo del alma de Adrià Ardèvol. También es el retrato del alma de un coleccionista obsesivo, pero, básicamente Yo confieso es una novela sobre el mal.

Cabré empezó a escribirla hace casi ocho años, cuando puso punto final a Las voces de Pamano, sin una idea fija, como acostumbra a hacer, dejando que fuera la historia la que tomara cuerpo. Escribir, reconoció ayer, es su mayor placer. "No puedo dejar de hacerlo".

Premio de Honor de las Letras Catalanas en 2010, Cabré se ha convertido en el escritor de referencia de la literatura catalana actual y representa la punta de lanza de su proyección internacional. El punto de inflexión, señalaba ayer el autor, se produjo en la en la Feria de Fráncfort de 2007, cuando Cataluña fue la invitada especial. "Hemos entrado en el mercado", aseguraba ayer Cabré. "Aunque no tener Estado es un obstáculo muy importante por lo que supone de falta de apoyo; no hay más que mirar a literaturas más pequeñas como las nórdicas y su proyección".

De la versión original de Yo confieso en catalán, Proa lanzará una primera edición de 18.000 ejemplares y Destino saldrá en castellano con 25.000. Dentro de dos meses se publicará en Alemania y a continuación en italiano, holandés y francés.

El escritor Jaume Cabré, ayer en el Ateneo de Barcelona. / SONIA GONZÁLEZ

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