Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crítica:TEATRO

Las variaciones Stoppard

"Lo que diferencia la vida del teatro es que en la vida se necesita tiempo para pensar las réplicas", dice Tom Stoppard en La realidad, comedia sobre la pulsión sexual, la necesidad de serle fiel al amor, la importancia de la expresión bien escogida y de la palabra dada, pero también sobre como realidad y ficción se imitan mutuamente. En esta obra, un mismo hecho es narrado por un personaje, escrito por otro, representado a su manera por terceros y vivido de distinto modo por sus protagonistas. A Stoppard le encanta jugar con el teatro dentro del teatro, soltar una frase y escuchar luego sus ecos.

The Real Thing puede traducirse como Realidad, pero también como Algo auténtico, ese algo que Henry, su protagonista, portavoz apenas disimulado de las ideas del autor, anda persiguiendo en el amor y en la escritura. Él y Annie, actriz en búsqueda también de plenitud afectiva y profesional, son rey y reina en un gran tablero de ajedrez donde Stoppard hace un ingenioso despliegue incesante de maniobras de distracción.

LA REALIDAD

Autor: Tom Stoppard. Versión: Juan V. Martínez Luciano. Escenografía: Alfonso Barajas. Dirección: Natalia Menéndez. Teatro María Guerrero, Madrid. Hasta el 7 de marzo.

La comedia sorprende desde su primera escena, desmentida por la segunda (y así sucesivamente), extraña en su avance azaroso en apariencia pero lleno de carambolas muy estudiadas, y se sigue con gusto, a pesar de que tiene 30 años encima en los que hemos visto muchas de otros autores devotos de la complejidad estructural: fluye estupendamente. Es teatro comercial de nivel: tampoco vayan buscando otra cosa.

Javier Cámara y María Pujalte están más que convincentes en la pareja protagonista, aunque su carácter sea poco británico. La entonación de Cámara, su fraseo, tienen algo del de José María Pou joven. Juan Codina tiene una primera escena brillante y una continuidad más difícil: le falta papel. En el ensayo general con público, la función corrió sola y fue reída generosamente. En el estreno, se atoró y no acabó de encontrarse con un sector amplio del respetable, que esperaba más: algo auténtico. Natalia Menéndez, la directora, le ha metido ritmo y ganas a su montaje, que integra perfectamente escenografía y proyecciones, pero quizá no ha acabado de dar con su exacto encuadre.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Sábado, 30 de enero de 2010