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DESAPARECE EL ICONO INTELECTUAL DE LA ESPAÑA DEMOCRÁTICA

Se rompe el corazón de Vázquez Montalbán

Un infarto masivo acaba en Tailandia a los 64 años con la apasionada vida del escritor

El corazón y la memoria de la izquierda española se rompieron el viernes en Bangkok. En el aeropuerto de esa ciudad tailandesa falleció, a los 64 años, Manuel Vázquez Montalbán, un intelectual valiente, hiperactivo y fecundo que dibujó la crónica sentimental y política del país. Con su curiosidad inagotable, que le llevó a ocuparse del franquismo y la copla, el Barça y la novela negra, la poesía y el marxismo, la gastronomía y el humor inteligente, Montalbán fue un faro ético y una referencia muy sólida para miles de lectores. Deja casi un centenar de libros de todos los géneros y miles de artículos, de Triunfo a EL PAÍS, muestra de su talento inagotable, su ironía y su infalible capacidad de análisis y escritura.

Manuel Vázquez Montalbán murió en el aeropuerto de Bangkok a las doce de la noche del viernes (media tarde, hora española). Acababa de llegar de Sydney después de una gira de conferencias por Nueva Zelanda y Australia, y estaba a la espera de tomar un vuelo para Madrid. "No sabemos exactamente si estaba ya en la cola para pasar el equipaje de mano por el arco voltaico o se dirigía a ella", explicó ayer el embajador de España en Tailandia, José Eugenio Saladich.

Se sintió repentinamente mal y pidió ayuda al personal de la aerolínea tailandesa Thai Airways, pero no hubo nada que hacer. Murió de forma fulminante. La autopsia se realizó ayer y, aunque el embajador no tenía aún el resultado, todo hace presumir que "falleció a consecuencia de un infarto masivo", según afirmó Saladich. Se prevé que la repatriación del cadáver se realizará mañana.

Anna Sallés, su esposa, y su hijo Daniel se enteraron de la noticia hacia las cinco de la madrugada. La familia está destrozada.

¿Hubiera imaginado alguna vez Manolo que moriría en el exótico Bangkok, adonde envió un día a su Teresa de Los pájaros de Bangkok? Probablemente, no, pero no le hubiera molestado demasiado. Vivió con tanta intensidad su 64 años que seguro que los multiplicó.

Tímido y serio en aparencia, Manolo podía ser muy divertido, era muy divertido. Era el hombre más cumplidor del mundo, nunca se negó a escribir un artículo ni a presentar un libro. Agudo, certero, inteligente, acuñó sentencias que dieron la vuelta a España, como cuando dijo que "contra Franco vivíamos mejor".

Cuando nació, el 27 de julio de 1939, en el barrio chino de Barcelona, su padre estaba en el exilio. Regresó para conocerle y le metieron en la cárcel. Le conoció en la cárcel cuando tenía tres años. También Manolo estuvo en la cárcel. En 1962 le condenaron en consejo de guerra a tres años. Cumplió uno y medio. Su padre era rojo y él también. Vinculado al PSUC, luego a Iniciativa-Verds, jamás abdicó de sus ideas.

Estudió Filosofía y Letras, pero le tentó el periodismo. Cuando salió de la cárcel, sus primeros trabajos fueron colaboraciones casi anónimas para enciclopedias, aunque enseguida empezó a publicar.

Su primer libro, Informe sobre la información, apareció en 1963 y marcó ya lo que iba a ser el escritor. Crónica sentimental de España, en 1971, convenció. Pero la popularidad le llegó con Carvalho, su detective, el mejor cronista de Barcelona. Se cree a menudo que el primero fue Tatuaje, pero el detective gastrónomo nació en Yo maté a Kennedy (1972), una novela que él mismo calificó de experimental. Carvalho es como un alter ego de Vázquez Montalbán. Abominó de la Barcelona Olímpica, quizá porque la Torre Foster interfería en el teléfono o en la televisión de su casa de Vallvidrera, y lo reflejó en dos carvalhos salvajes: El laberinto griego y Sabotaje. Tan enfadado estaba Manolo, que Carvalho incluso se fue de Barcelona (El premio y Quinteto de Buenos Aires). Y con Carvalho se reconcilió con la Barcelona posolímpica: el detective se iba a bañar en la Barceloneta en El hombre de mi vida.

Se solía bromear con la factoría Manolo. Era fácil imaginarlo encerrado en un estudio con seis ordenadores y escribiendo en cada uno de ellos un libro diferente. "Pero si éste es mi trabajo, no hago más que escribir", replicaba. De esa factoría salieron títulos como El pianista, Los alegres muchachos de Atzavara, Galíndez, Autobiografía del general Franco y tantos otros. El ensayo, la poesía, la narrativa, la gastronomía, el periodismo -fue columnista de EL PAÍS desde 1980-... ¿Había algo que no interesara a Manolo?

A finales de agosto de 1994 estuvo a punto de rompérsele el corazón. El 7 de septiembre le hicieron cuatro by-pass. Aflojó un poco el ritmo, pero no demasiado. Ese mismo año se publicó una de sus mejores novelas, El estrangulador.

Deja el escritor dos inéditos con fecha de publicación: en noviembre aparecerá La aznaridad. Por el imperio hacia Dios o por Dios hacia el imperio (Mondadori), que se prevé una crónica vitriólica del reinado de Aznar. Y la esperada Milenio, de Carvalho, una novela de 1.000 páginas que publicará Planeta en dos volúmenes: el primero aparecerá en enero de 2004 y el segundo, en marzo. Además, aparece estos días Geometrías de la memoria. Conversaciones con Manuel Vázquez Montalbán (Zoela), de Georges Tyras.

Manolo siempre dejó en la ambigüedad si Milenio, novela en la que el detective y Biscuter dan la vuelta al mundo, iba a ser o no la última de la serie. Ahora ya sabemos que definitivamente es la última.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 19 de octubre de 2003